Memorias Colectivas… arquetipos.

Hemos visto en las últimas dos entradas, como funciona la memoria individual dentro del trauma y también cómo funcionan las memorias traumáticas familiares vinculadas al clan. Lo que sería para Jung el trauma intergeneracional, que se basa en la memoria proyectiva familiar somatizada, convirtiéndose en lo que en clínica somática se denomina el transgeneracional. Este transgeneracional no deja de ser la proyección traumática del inconsciente familiar que se encarga de transmitir y mantener activas las memorias traumáticas a través de conexiones neuronales tempranas y las transmite a través del genoma y del supuesto ADN “basura” con el fin de que el clan familiar pueda sobrevivir. Prácticamente este conjunto de sinapsis intergeneracionales se activa en el presente, produciendo conductas aprendidas por generaciones del pasado y que siguen siendo útiles o no, en función de que la memoria traumática familiar se duplique, se repare o se somatice a nivel patológico en el “aquí y ahora” de los descendientes del clan.

Podríamos inclusive decir que es este inconsciente familiar el encargado de brindar dichas conexiones a través de conceptos y símbolos que van mucho más allá de lo familiar y que son las memorias colectivas de la humanidad (también llamadas arquetipos). Estos arquetipos son los que para Jung conforman el inconsciente colectivo que cargamos con nosotros, y que hablan de nuestras experiencias; las de nuestros ancestros y las de la humanidad.

Cuando hablamos específicamente de nuestras memorias y de nuestras experiencias traumáticas, consideramos que estas proyecciones inconscientes distorsionan nuestras conductas en el presente, reviviendo sentimientos individuales de nuestras propias memorias traumáticas a través de nuestros flashbacks o memorias procedimentales desestructuradas a nivel espacio temporal, o a través de nuestras memorias procedimentales familiares que se encargan de duplicar o reparar aquellos traumas  que pertenecieron a nuestra familia de origen en el momento del trauma de nuestros ancestros. Sin embargo, los arquetipos colectivos no solo transmiten las experiencias traumáticas de generaciones pasadas, también transmiten los aprendizajes y las experiencias de la humanidad a lo largo de la historia que nos sirven para sobrevivir al trauma y poder transcender al mismo, iniciando nuestra evolución para sanarnos y para transformarnos a través de nuestros aprendizajes. Es lo que se denomina según Campbell (1970), “el Viaje del Héroe”.

Es así como el inconsciente colectivo pone a nuestra disposición herramientas para volvernos resilientes al trauma (y no solo acostumbrarnos a él). Dado que la psique humana es sabia, el humano busca alternativas en lo arquetípico y en lo intuitivo para guiar al alma a volver a vivir con un nuevo enfoque o una nueva cosmovisión. La ensoñación, lo místico, el anhelo de lo indómito, la creatividad, los verdaderos amores, son las experiencias y las enseñanzas fugaces que reproducen la belleza de la naturaleza; las cuales infunden en nosotros la confianza en el camino de la vida, en el conocimiento cada vez más profundo de nosotros mismos, en el “Yo” intuitivo e innato.

Para lograrlo es indispensable iniciar con un estilo de reprogramación del cerebro a través del cambio de la narrativa del trauma mismo. Es decir, alterar el autoconcepto de víctima colectiva a resiliente colectivo como único método de supervivencia. Esto cambiará, en consecuencia, las sensaciones asociadas con esos eventos traumáticos, lo cual regenerará las conexiones neuronales (proyecciones). Esto a su vez modificará el cerebro y cambiará su estado de modo supervivencia a modo de curiosidad; permitiéndole al inconsciente empezar el proceso de autocuración y resiliencia. Comenzando de esta manera, el “viaje del héroe”.

Como dice Bruce Perry (2017), psiquiatra especialista en trauma crónico:  Los cambios cerebrales responden a experiencias repetitivas y con patrones: mientras más repitas algo, más cuajada será la experiencia. Esto significa que toma tiempo acumular repeticiones, y por tanto la rehabilitación misma. Se requiere de paciencia para que estas repeticiones continúen. Entre más largo el período del trauma, o entre más extremo el trauma, se requerirá mayor número de repeticiones para recuperar el balance. Lo único que necesitan las personas que han sufrido un trauma es sentirse seguros y amados, aunque es difícil si proyectan su herida narcisista.

También las estructuras arquetípicas inconscientes son repetitivas y transformativas. Una de las obras más conocidas a nivel de arquetipos energéticos inconscientes es “el héroe interior, arquetipos de transformación” de Carol Pearson. Es Pearson la que matizó las ideas de Jung, comentando que los arquetipos son impersonales y atemporales, por tanto, su conocimiento inconsciente esta siempre en plena vigencia. Existen de base seis arquetipos principales que son los que aquí trataremos, aunque también existen subtipos arquetípicos lo que hace que este tema sea bastante profundo y extenso en su estudio y conocimiento. También importante leer a Joseph Campbell con sus obras “el viaje del héroe” y “el héroe de las mil caras”. Todas estas obras no dejan de ser extensiones de la prolífica y extensa obra de Carl Jung respecto a los arquetipos psicológicos del inconsciente colectivo. Ver. https://memoriaytrauma.com/star-wars-no-ciencia-ficcion-inconsciente-colectivo-mitos-arquetipos/

A parte de los arquetipos naturales familiares como padre, madre, hijo, hija, existen seis arquetipos básicos en la memoria colectiva que utilizamos constantemente para paliar nuestros traumas o encuentros difíciles con la vida. Estos son El inocente, el huérfano, el vagabundo, el mártir, el guerrero y el mago. Luego también existen otros seis subtipos, de los que por ahora no hablaremos.

Según Jover, (2014). Todos ellos están presentes en nuestra vida, aunque según la evolución de nuestra historia narrativa y experiencia, predominan más unos que otros. El término “arquetipo” procede del griego y puede comprenderse su significado al ver que “arje” significa fuente, origen o principio de algo y “tipo” significa modelo o impresión. Por tanto, la etimología de “arquetipo” significa: modelo primordial o más bien “molde” a partir del cual se van creando copias. La primera persona que se sabe hablo de los “arquetipos” fue Platón (427-347 a.d. C) quien introdujo los arquetipos cuando exponía su distinción entre el mundo de las ideas que procedían de una realidad inteligible y de la cual se obtenían sus copias en el mundo sensible, (el mundo de las cosas perecederas). San Agustín de Hipona (354-430) también hablo de los “arquetipos” como origen de las ideas, en lo que se suponía la mente de Dios. Posteriormente San Agustín realiza la primera gran síntesis entre el cristianismo y la filosofía platónica donde afirmaba que “Dios es el lugar de las ideas y de los modelos, de todas las cosas mutables”. Más tarde Carl Gustav Jung (1875-1961) psiquiatra, psicólogo y alquimista, rescató esta concepción y la introdujo en el mundo académico a través de la psicología analítica.

Según Campbell (1970). Para Jung las imágenes arquetípicas corresponden a las experiencias típicas y fundamentales de los humanos desde tiempos primordiales. Imágenes que aparecen en todas la mitologías y tradiciones religiosas de cualquier parte del mundo. A parte de los ritos tribales de paso y culturales de transformación. Según el psicólogo jungiano Eugène Pascal (1998), son los arquetipos los que nos viven a nosotros y no nosotros a ellos. Por tanto, si no nos hacemos conscientes de que existen, permaneceremos siempre en un estado de identidad con ellos. Los arquetipos se refieren a dinámicas fundamentales de la mente consciente, escondidas en las profundidades psíquicas. Son puntos nodales de energía que nos empujan a acciones y comportamientos.

Los arquetipos se pueden conceptualizar según el físico cuántico John Hagelin como energías del campo unificado de consciencia informacional de la humanidad a la que se puede acceder a través de la meditación https://www.mum.edu/wp-content/uploads/2014/07/hagelin.pdf

Para Rupert Sheldrake del que hemos hablado en la entrada anterior de memorias del clan familiar, los arquetipos están circunscritos en el campo de resonancia morfogenética, campo de información por resonancia mórfica; lo que anteriormente Ervin Laszlo denominaba universo informado o registro de memorias akáshicas vinculadas a posibles reencarnaciones etc.

Los arquetipos no dejan de ser patrones comunes de comportamiento los cuales nos pueden servir como guías o herramientas de autoconocimiento los cuales podemos utilizar como espejos en cualquiera de las vicisitudes de la vida. Lo que si tenemos que considerar es que todo arquetipo tiene una doble cara: luz /sombra, virtudes/defectos, positivo/negativo. También hay que decir que ninguno es mejor que otro, simplemente son. Y los utilizamos en nuestra vida en función de nuestros procesos evolutivos, hay también que considerar que los arquetipos son como hemos dicho atemporales. Y los podemos aplicar inconscientemente en momentos diversos y volverlos a rescatar a nivel evolutivo, aunque parezca que lo que realizamos son retrocesos; de hecho, la vida siempre funciona así. Nuestros procesos evolutivos incluso los conscientes no tienen una estructura lineal en el tiempo, sino que a veces podemos retroceder a nivel evolutivo y volverlos a retomar etc.

Arquetipos básicos:

El inocente:

Todos tenemos claro lo que supone la inocencia en un niño. Los niños en la temprana infancia son inocentes, es decir no son conscientes de los obstáculos o riesgos que pueden encontrarse al interactuar con el entorno. El típico caso de cuando un niño intenta meter los dedos en un enchufe. Los niños pequeños son ciegos a los riesgos y a los problemas en que se pueden meter y esto les pasa por falta de previsión y de aprendizaje. Ya que casi no tienen mundo experiencial. Por tanto, es normal que actúen sin discernimiento y solamente se sometan a estímulos y necesidades internas. El estado natural de la temprana infancia es la inocencia. Lo que pasa que esta inocencia si se prolonga al mundo adulto, ya sea por trauma o por cualquier detención en el desarrollo evolutivo, se convierte en negación del mundo exterior y narcisismo interno.

El adulto en este arquetipo se vuelve caprichoso, piensa que el mundo esta para servirle, lo mismo que el infante. Y confía al ser inocente en cualquier fuente de autoridad. Tanto el niño de forma natural; como el adulto que se adhiere a este arquetipo tienen lo que se denomina “locus de control externo” es decir, no se responsabilizan de sus actos, ya que se sienten seguros en su “zona de confort” y no quieren salir de ella. Típico acto en el adolescente su “locus de control externo” proyectar su responsabilidad en otro. Por ejemplo, en el caso de que suspendan un examen. Echan la culpa al profesor que les “tiene manía” y no se paran a pensar que a lo mejor no han estudiado lo suficiente. El adulto en este arquetipo hace lo mismo. No asume responsabilidades es inconstante, es un adulto infantil, ingenuo, crédulo, naif; no se cuestiona la realidad, carece de experiencia ya que su vida se basa en que les cuiden y se siente seguro a pesar de que el peligro este frente a ellos.

Como se traduce el arquetipo “inocente” en nuestras vidas. Por ejemplo, cuando tenemos un problema y no lo queremos ver, ya sea a nivel de trabajo, familiar, de pareja, incluso a nivel existencial o vital. Es como cuando el niño se tapa los ojos porque hay algo que no quiere ver en una determinada escena y piensa que, a volver a destaparse los ojos, la situación habrá desparecido. El adulto realiza conductas parecidas, piensa que no se tiene que esforzar en la vida y que todos sus problemas se arreglarán por “gracia divina” es decir espera inocentemente que la situación desaparezca, lo mismo que el niño se tapa los ojos.

Otro rasgo del adulto en el arquetipo “inocente” es la carencia de espíritu crítico. Cosa que hace que acepten a pies juntillas, lo que otros dicen. Este arquetipo a nivel social es capaz de no ver el lado oscuro de la autoridad que lo lleva a confiar en ella ciegamente. Son muchos los casos de pacientes que confían ciegamente en sus médicos, creando de esta manera una relación de dependencia que los puede llevar incluso a la muerte. Al final es la misma proyección de la necesidad del niño por los favores y el cuidado de sus padres. Desde el inocente esperamos de los demás y vemos en ellos, solo lo que queremos ver, por tanto, podemos ser fácilmente engañados por las apariencias o promesas que posteriormente se incumplen. También el inocente tiende a tomar decisiones que conllevan riesgos y consecuencias incapaces de prever, de las que no es consciente.

A nivel social, es muy fácil ver como grupos de masas adquieren el arquetipo “inocente” ya que creen que viven en democracias y que el pueblo tiene realmente el poder de elegir a sus gobernantes y por eso es necesario ir a votar. Esto es una de las incapacidades de visión social de la inocencia, inocencia fruto de la incapacidad de ver el lado oscuro del sistema a nivel del control social.

El inocente es el que todavía sigue dormido, el que funciona según los criterios normas y patrones familiares socialmente adquiridos y sin cuestionarlos. El inocente está dormido sobre su verdadera condición, niega todo el aspecto de la realidad que no quiere ver, no se cuestiona. A veces tienen un optimismo irracional, teme perder su confianza. Espera que otros le sirvan y se ocupen de él. Se autoengaña y no quiere asumir responsabilidades. Pero también tiene virtudes: es fuente de ideas y de creatividad, suele carecer de miedo para explorar nuevas posibilidades, inicia cualquier proyecto o empresa con optimismo, energía y entusiasmo, es resistente y perseverante en sus sueños e ideales.

El Huérfano:

Con la caída el inocente sufre un revés. Cuanto mayor sea la altura desde la que cae, mayor será la herida y el trauma causado. Puede ser una pérdida, una separación, una enfermedad, una crisis, un accidente, una traición, un disgusto o cualquier situación dolorosa. Hacer notar que este arquetipo puede ser tremendamente literal en el caso de que exista una situación de vida real de trauma infantil como un abuso físico, psicológico o sexual.

La experiencia de la caída en el adulto asumiendo el arquetipo “inocente” es la de “darse cuenta”. Expresiones como “yo creía que…” “yo pensaba que…” “no me imaginaba que…” son indicadores de que la realidad no es como creíamos en cualquier de sus facetas. Un despertar que nos sacude del ensueño, desubicándonos de la realidad habitual y abriéndonos los ojos a algo nuevo que puede resultar cuanto menos desagradable. La caída supone la pérdida de una condición segura y confortable y la entrada en otra condición insegura, incierta y aparentemente amenazadora.

Como dice Nichols (1980)

                “… psicológicamente hablando, muchos de nosotros vivimos, allá en lo alto… prisioneros en torres ideológicas de nuestra propia construcción, pues la torre puede simbolizar cualquier construcción mental, sea política, filosófica, ideológica o psicológica, que hayamos construido…”

La caída deja una herida y es la que convierte al “inocente” en “huérfano” haciéndole salir del paraíso. Es posible que en ese momento de la caída el huérfano perciba el mundo como un lugar peligroso donde existen obstáculos y villanos y donde no puede ser ya tan confiado. Confirmando posiblemente que la “vida es traicionera…”, “la vida es un espectáculo…” “la vida es un teatro…”, “no te fíes ni de tu propia sombra” …

A partir de ese momento la vida del huérfano girará alrededor de su propia herida, el huérfano vive con una sensación de impotencia, se siente incapaz, sin poder de voluntad… sin fuerza para valerse por si mismo. Se vuelve dependiente, absorbente y demandante. Llama la atención para que todo el mundo vea que ha caído, que esta herido y que necesita cuidados y actuará utilizando cualquier medio para conseguirlos. En el caso de un niño cuando cae al suelo y se hace una herida llora para atraer la atención de su madre y busca su rescate inmediato. El huérfano adulto experimenta un deseo muy fuerte de elementos infantiles para que sus necesidades le sean satisfechas por una figura materna o paterna de sustitución, es decir un “salvador”. Esta necesidad de salvación le lleva a buscar un apego de protección renunciando incluso a su propia autonomía. Estaríamos entrando en la catarsis de la herida narcisista, la falta de amor, en términos generales.

La meta básica de todo huérfano es la supervivencia, el estar a salvo de obstáculos o villanos, su necesidad principal es la de ser rescatado y cuidado. Y su miedo es el ser abandonado, y desprotegido. Los huérfanos son vampiros energéticos por que tienen un vacío existencial que nunca conseguirán llenar, es por esto, por lo que tratar con un huérfano puede ser agotador si no se ponen limites con firmeza.

Quiero dejar notar que en la vida real existen caídas reales de inocente a huérfano. Y esto sucede cuando el “inocente” no es un adulto, si no un niño que en verdad a sufrido abusos y por tanto a sufrido una traición y una herida en su psique y en su cuerpo, por tanto, se convierte en “huérfano” realmente. Es decir, se convierte no en una proyección arquetípica, sino en el “molde” en sí mismo. Y funciona como tal en la adultez. Utiliza el escapismo para aliviar el dolor a través de una falsa sensación de seguridad. Y busca el salvador. Estos roles en la edad adulta de la victima traumatizada es la proyección total del “huérfano” versus la proyección total del “salvador” que es el psicólogo. Realmente casi todos los que somos psicólogos vocacionales optamos a esta profesión para tratar de reparar nuestros propios traumas en terceros. La profesión de psicólogo es reparadora con arquetipo de “salvador” o “mártir benefactor” o a veces “mago” en la cual una proyección “huérfana” manipuladora y narcisista se ve muy cómoda con su “alter ego”.

Realmente tratar para un psicólogo cualquier trastorno de personalidad evitativo, dependiente, narcisista, limite o antisocial, es totalmente agotador. Ya que todas estas patologías tienen el arquetipo de “huérfano” que se complementa perfectamente al arquetipo de “salvador, rescatador o mártir” del psicólogo. Y esto es siempre bueno tenerlo en cuenta.

Las emociones predominantes en el huérfano son el miedo y el dolor emocional. El huérfano está carente de poder interior, de voluntad y capacidad para avanzar hacia lo desconocido. Al huérfano su cuerpo, le pesa, le molesta, se niega a sí mismo. El huérfano siempre busca un elemento “salvador” por tanto tiene una necesidad imperiosa e infantil de figuras parentales de dependencia. Renuncia a su autonomía e independencia por seguridad de terceros, por tanto, idealiza. Suele tener comportamiento manipulativo para conseguir seguridad y cuidado. Tiene mucho miedo a ser traicionado o abandonado de nuevo. Esta constantemente buscando un salvador que le devuelva al paraíso. Y si no consigue sus propósitos tiende al escapismo, ya sea dedicándose excesivamente al trabajo o al abuso de sustancias ya sea alcohol, drogas, tabaco o en su defecto sexo con riesgo. Puede tender a adherirse a corrientes ideológicas, filosóficas o espirituales “happy flower” que eviten el contacto con su propia sombra, siempre busca un culpable a sus males para no asumir sus responsabilidades. Estas características del arquetipo de “huérfano” se dan literalmente en los trastornos límites de personalidad en la adultez, provenientes de abuso sexual infantil cuando evidentemente existe un culpable real de los hechos. El huérfano también es receptivo a ser captado por “sectas” u organizaciones que le aporten una personalidad estereotípica añadida, para compensar su carencia en la integridad de su “yo” personal.

Realmente la respuesta básica del arquetipo “huérfano” es victimizarse, ya que se sienten abrumados, pequeños a nivel de autoestima y desesperados. El huérfano debe abandonar la inocencia y la negación para aprender que el sufrimiento, el dolor, la escasez y la muerte son parte inevitable de la vida. El amor negativo del huérfano es transgeneracional de ahí que los traumas de abuso familiar sean totalmente una herencia perpetua que hay que sanar. El huérfano inconscientemente juega al juego de la victima y del villano por tanto siempre necesita un salvador que le rescate. No obstante, este arquetipo también tiene virtudes como la solidaridad, son bastante colaboradores y se implican en todo. Suelen vivir en la interdependencia, generalmente son empáticos con el sufrimiento ajeno, son capaces de reconocer generalmente sus debilidades y tienen la intención básica de crear vínculos honestos con los demás, aunque tiendan inconscientemente a la manipulación para ser salvados.

El Vagabundo o buscador:

Con el vagabundo iniciamos realmente el “Viaje del Héroe” ya que dejamos atrás el mundo conocido para adentrarnos en lo desconocido. El vagabundo deja atrás al huérfano que permanece a la espera de ser rescatado. El vagabundo decide al final levantarse de la caída que sufrió de “inocente” y asumir sus propias heridas y sus propias responsabilidades. Sin la vivencia de este arquetipo no podremos saber nunca quienes somos. Ya que él en su camino nos lleva hacia dentro… hacia nosotros. La persona que inicialmente empieza a caminar su propio camino interior se vuelve un vagabundo, un buscador, un explorador, un aventurero, aunque en un principio no tenga muy claro la ruta a seguir.

El vagabundo se niega a seguir complaciendo las voluntades de los demás, tanto las de sus padres interiorizados como la de los seres más cercanos. Si para el “inocente” el personaje principal es el “cuidador” y para el “huérfano” los personajes principales son “el villano” y “el salvador” para el vagabundo es el “captor”. Es la persona o circunstancia que le mantiene cautivo, por tanto, la finalidad del vagabundo es librarse de este supuesto “captor” y conseguir la libertad.

Vemos como en la transición de los arquetipos existe un paralelismo real y casuístico que te hace evolucionar. El inocente deja de autoengañarse sufre la caída y deja al cuidador. El huérfano deja al inocente, asume la herida de la caída y busca el salvador que no deja de ser la conversión del cuidador. El vagabundo deja de ser huérfano dependiente, niega al salvador y asume el reto de librarse del captor que no deja de ser la conversión del salvador.

El vagabundo se vuelve un inconformista respecto al “status quo”, intenta cambiar el estado de las cosas rebelándose contra ellas. El vagabundo abandona lo convencional, necesitando ser diferente desmarcándose de lo común, realizando un acto heroico para encontrar su propia identidad a través de la autenticidad y lo que le dicta su corazón. El miedo principal del vagabundo es el de conformarse con lo que hay, quedarse atrapado por lo cómodo y seguro, lo conocido y posponer su viaje buscando justificaciones. El hándicap principal del vagabundo es la soledad, el aislamiento, el vacío de cruzar el umbral para seguir su propio camino.

Existe una tensión psicológica muy fuerte en el vagabundo, una tensión entre dos fuerzas opuestas: la necesidad de crecer y extender los límites de su capacidad versus la tendencia a permanecer en cautiverio para satisfacer las demandas de otros y ser aceptado por ellos. En este caso si iniciamos como buscador, la travesía estas emociones se generan siempre en una dirección: hacia los que dudaron de nosotros y solo con el tiempo podremos perdonarlos y quedarnos en paz. Entenderemos que eran sus propios miedos proyectados en nosotros mismos, los que les llevaron a desconfiar de nosotros y castigarnos. Y es la propia inseguridad del vagabundo la que le genera la rabia al no ser apoyado por quien debería hacerlo en su momento. Una parte de la experiencia de separarse del mundo conocido es la de perderse. Pero perderse significa que hemos salido de la vía convencional y que realmente nos hemos atrevido a explorar otros territorios.

El vagabundo al estar perdido experimentará la sensación de reconectar con su propio corazón para así conseguir y aprender a sincronizarnos y volver a encontrar el camino de nuestra vida. Esto es un gran aprendizaje en nuestro sentir, en nuestros recursos interiores. Es una gran experiencia que construye autoestima en nuestro proceso de transformación. No obstante, puede, a veces, que el “vagabundo” actué como “huérfano” quejándose o “montando escenas” porque las circunstancias no son como le gustarían que fuesen. Esto no deja de ser una resistencia a dejar de ser dependiente y aprender a ser autónomo, todo esto forma parte del aprendizaje de ser nosotros mismos.

En el “viaje del héroe” se ubica al vagabundo en el cruce del primer umbral hacia lo desconocido. Con este arquetipo se inicia un patrón que, para que pueda ser beneficioso tanto para el héroe como para los demás debe ser cíclico siempre. De separación, iniciación y retorno. Los aspectos negativos del vagabundo suelen ser a veces, una excesiva ambición, sobre exigencia en su búsqueda, excesivo perfeccionismo, querer siempre estar a la altura, no sentirse preparado para comprometerse en el logro de nada, esperar el mejor momento para iniciar la travesía, que suele ser nunca, la soledad y el aislamiento. Junto con la dificultad de trabajar en equipo y ser excesivamente independiente.

Las virtudes del vagabundo suelen ser: la creatividad y la innovación junto con las alternativas de búsqueda. La investigación independiente y búsqueda de soluciones o problemas existentes. Aportación de renovación y expansión de lo viejo, romper con la rutina, buscar otra forma de hacer las cosas. Ser fiel valorando el ser uno mismo, honestidad y claridad con los demás. Capacidad para asumir riesgos y desmarcarse de los demás, capacidad para amar libremente sin esperar recibir, por su autenticidad; y sin dependencia emocional.

El mártir o bienhechor:

Nos convertimos en lo que nos identificamos. La cosmovisión en la que vivimos es la que construye nuestro sentido del “yo”, dos de los principales pilares en el ser humano sobre el sentido del “yo” son la ciencia como ideología y la religión. En el arquetipo de “mártir” vemos como la religión ha impregnado sus valores, los conceptos como la culpa, el perdón, el sacrificio y la redención son básicos en el arquetipo de “mártir”.

Consideramos el sacrificio como un valor positivo ya que, si no fuera así, el concepto de dar más de lo que tenemos no se valoraría. Por tanto, sacrificarse por los demás se considera un valor positivo. La culpa también se considera un valor positivo ya que hace que hagamos “examen de conciencia” desde un punto de vista religioso respecto a nuestra propia resiliencia. Muchos enfermos graves, se preguntan el porque de haber adquirido esa enfermedad. Desde un punto de vista de la culpa… la típica frase “que he hecho yo, para merecer esto…” como si el tener una enfermedad pudiera provenir de un castigo divino. Pero no obstante esta forma de culpabilizarse puede tener a nivel psicológico cierto valor de catarsis.

El perdón indiscutiblemente es un valor positivo y sanador por naturaleza. Y respecto a la redención por antonomasia en un valor positivo ya que es el dogma principal del cristianismo. No existe sacrificio sin culpa, redención y perdón. De hecho, la redención es la liberación del culpable a través del sacrificio y del perdón. Ya que para perdonar una ofensa hay que realizar un sacrificio muy importante que es renunciar a la restitución personal a través de un justo castigo o incluso de la venganza.

En el arquetipo de “mártir” la cuestión que vamos a analizar, es como gestionamos es sacrificio, si desde la manipulación para ser queridos, apreciados y amados, volviendo así al arquetipo del “huérfano”. O desde la genuina necesidad de dar si esperar nada a cambio. Es decir, sacrificarse desde la compasión y la libertad de querer dar, sin esperar recibir ninguna contraprestación.

Carol Pearson (1992) hace una importante distinción desligando el arquetipo de “mártir” de la acción de dar. Según él: mártir es el que se sacrifica por los demás para recibir atención y sentirse lleno, además abraza el sufrimiento para redimir o liberarse de lo que él considera sus propios pecados. Sin embargo, el bien hechor es la persona genuinamente generosa; que nutre a los demás con un equilibrio entre dar y recibir. Además, el bienhechor es la persona que cuida de nuestro niño interior y le expresa amor incondicional. Por tanto, el mártir se convierte en bienhechor por medio de su proceso de crecimiento interior y de darse cuenta de los mecanismos psicológicos inconscientes que lo mantienen en un dar inmaduro e infantil. En definitiva, en un huérfano actuando de mártir.

Los mártires tienden a dar esperando recibir con actitud de huérfano, esta estrategia para recibir amor es en realidad una manipulación. El mártir tiene miedo de ser egoísta y de verse así mismo mirándose el ombligo. Es algo que no puede aceptar ya que no estaría siendo buena persona. Pero esta necesidad de sacrificarse deberá armonizarla con darse a sí mismo en la misma medida que a los demás. Este es su principal hándicap ya que si no lo hace incluso puede perder la vida sacrificándose por el “otro”. El regalo que se lleva el mártir de este aprendizaje es la verdadera generosidad y compasión. El mártir es una prolongación del huérfano ya que en ellos también existe un vacío interior que tienen que compensar con el sacrificio a través de los otros. Todas las estrategias manipuladoras del huérfano y del mártir provienen del ego. Y todas tienen su origen en la ausencia de amor, que necesitan suplir de diferentes formas.

De acuerdo con Pearson nos encontramos con tres tipologías de mártires en función de cómo se sacrifican:

  • Mártir manipulador: tiende a hacerse el bueno y se sacrifica por el otro, pero en realidad lo hace para que éste haga lo que él quiere.
  • Mártir sofocador: tiene la necesidad de cuidar eternamente de otros manteniendo así una relación de dependencia, esta dependencia por falta de limites es la que lo nutre.
  • Mártir sufriente: siente que siempre esta dando a los demás, para complacer sin recibir nada a cambio, por tanto, nunca está satisfecho o complacido por lo que los otros le devuelven.

En definitiva, estas tipologías de mártir están encerradas en una prisión, ya que todos se sacrifican para complacer a otros, pero nadie está totalmente satisfecho. Por ejemplo: madres que has sacrificado sus vidas por sus maridos e hijos, dejando de crecer ellas personal y profesionalmente. Puede ser que la madre o padre mártir quiera luego pasar cuentas a sus hijos para que estudien una carrera determinada o realicen un trabajo determinado, con frases como: “porque… yo me sacrifique por ti y mira como me lo pagas” haciendo de esta manera que el hijo se sienta culpable y de esta manera se pueda acceder al perdón y la redención, a través del amor negativo.

Estos hijos si no tienen suficiente fuerza se quedarán en el rol de “huérfano” no emprenderán su propio camino como “vagabundo” y se convertirán en lo que en psicología se denominan “hijos hipotecados” pudiendo somatizar posteriormente ciertas patologías gastrointestinales. Todas las patologías en el tracto intestinal a nivel de clínica somática conllevan cargas familiares obligadas de primera línea o transgeneracionales. Ya que los hijos consideran que, si no aceptan los sacrificios y las demandas impuestas por sus padres, estos dejaran de darles amor y reconocimiento. Al final siempre volvemos a lo mismo. Los arquetipos son conductas primarias transferidas a través de la humanidad para volver a tener reconocimiento de amor por parte de nuestros congéneres.

Los aspectos negativos del mártir es la dificultad o incapacidad de decir NO a las exigencias ajenas, no ponen límites. Necesidad compulsiva de satisfacer necesidades ajenas, usar a los demás para sentirse completos, utilizan el sacrificio, la culpa y la obligación de forma manipulativa, dan mas de lo que siempre es necesario, quedan exhaustos de tanto dar, se echan sobre la espalda demasiadas responsabilidades, baja autoestima, dejan que otros les falten al respeto.

Los aspectos positivos del mártir son: la generosidad y voluntad de nutrir, la compasión por los demás es más fuerte que sus propios intereses personales, dan sus vidas literalmente por los demás. Alertan sobre carencias y necesidades para que estas queden satisfechas, cumplen con su deber y siempre están presentes cuando se los necesita.

Podemos observar que las mujeres en nuestra sociedad patriarcal tienden a asumir el arquetipo de mártir ya que se ha considerado, hasta hace unos años, que para ser buenas esposas han tenido que sacrificarse cuidando de la casa, del marido y de los hijos.

Ubicamos al mártir en el “viaje del héroe” con el sentido de que este ultimo vuelve a su origen con algo que compartir, el modo de que lo comparte lo ha descubierto a través de la realización de mártir a bienhechor como fuente de autoconocimiento.

El Guerrero o protector:

Todos estamos acostumbrados a ver las películas de Hollywood y tendemos a asociar al héroe con el guerrero, sin embargo, es solo una de las maneras que tiene de ser. Hemos visto que el héroe puede serlo a través del bienhechor o del buscador en el caso del vagabundo. No es necesario empuñar una espada para ser un héroe, ni tampoco el guerrero tiene que ser como lo pintan en la mayoría de las películas. Si que está claro que, en nuestra cultura, el guerrero tiende a manifestarse según los valores sociales predominantes como son la superioridad frente a los otros, egoísmo, individualismo, pragmatismo y competición. Estos son todos los aspectos que los guerreros asumen de los valores sociales, pero esto simplemente es una pequeña parte de lo que es un guerrero.

La energía del guerrero es confrontadora y esta confrontación es necesaria a nivel social para hacer frente a la esclavitud en la que nos encontramos. La tarea principal del guerrero es la firmeza en niveles superiores de integridad. Los guerreros son lo que son y con su fuerza ayudan a materializar cambios en la sociedad. Ya que para cambiar una sociedad que por ende es opresora y controladora de los individuos se deben poner límites, arriesgar, enfrentarse y tener la voluntad de lucha a través del esfuerzo y la honorabilidad. Una extrapolación japonesa bastante acertada del arquetipo del guerrero son los siete principios del bushido (camino del guerrero) que se tenían en el juramento del samurái. Coraje, cortesía, compasión, justicia, honor, lealtad y sinceridad, son las bases del juramento samurái. Valores bastante aproximados al arquetipo del guerrero convencional.

Pero realmente sabemos que la verdadera acción con estas bases comentadas del guerrero no es la de luchar contra un enemigo, sino la de luchar contra si mismo. El temor principal del guerrero es su miedo a la debilidad, a ser impotente, inepto, cobarde, a perder las batallas en las que se involucra, a ser inferior, a no ser suficiente. El guerrero no quiere ser visto como “huérfano” por eso se pone la máscara del valeroso, del fuerte, del capaz. El verdadero guerrero no necesita aparentar, simplemente es… Se da cuenta de que la verdadera batalla está en vencerse a si mismo y no el luchar contra adversarios. Es decir, ten coraje en reconocer tu sombra tu propia personalidad y aceptarla, se cortés contigo mismo, se compasivo contigo mismo, se justo contigo mismo, se honorable contigo mismo… es decir acéptate dentro del imaginario social al que perteneces. Se leal y sincero contigo mismo. Esas son las verdaderas cualidades de un guerrero. Y cuando estas cualidades se cumplen, podremos proyectarlas hacia los demás. Todos sabemos que nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos. Nuestro mayor enemigo es nuestra pobreza de espíritu, nuestra codicia, nuestros prejuicios y nuestra ignorancia; cuando vencemos nuestras debilidades alcanzamos el coraje, las habilidades y la disciplina, para vencer a los demás, y si es necesario para cambiar la sociedad.

Si hemos visto anteriormente que realmente a partir del arquetipo del “huérfano” se produce una bifurcación y la parte femenina tiende a adherirse al arquetipo de “mártir” mientras que por las exigencias sociales de esforzarse para sacar una familia adelante la parte masculina suele adherirse después del “huérfano” al “guerrero” A medida que integramos ambos arquetipos nos volvemos mas completos. Siendo cuidadores cuando hace falta y también guerreros cuando las circunstancias lo requieran ya que todos somos portadores tanto de energía masculina como femenina.

El núcleo del guerrero es la afirmación de su poder en el mundo. El establecimiento de su lugar en él y la transformación de éste en un lugar mejor. En la práctica, el guerrero se identifica con aquellos aspectos de la vida colectiva o individual que nos disgustan o nos dejan insatisfechos. Y de esta manera el guerrero genera la voluntad mediante la fuerza y la persuasión de enfrentarse y cambiarlos, pero siempre empezando por uno mismo.

Según Pearson (1992) el “guerrero” nos enseña lecciones en estos cuatro niveles:

  • Físico: Tenemos derecho a estar vivos, lo cual incluye la autodefensa si es necesaria por cualquier medio.
  • Psicológico: Tiene que ver con la creación de límites saludables, de modo que sepamos donde terminamos nosotros y donde comienzan los demás. Por tanto, nos ayuda a desarrollar la capacidad asertiva de expresión, para hacer valer nuestra voluntad. Afirmando nuestra identidad en el mundo.
  • Intelectual: el guerrero nos ayuda a discriminar, a ver que caminos, ideas, causas y valores nos resulten más útiles y contribuyan a mejorar nuestra vida. Concretando metas y trazando planes hasta realizarlos.
  • Espiritual: El guerrero nos ayuda a diferenciar que produce la vida y que la quita. Que atrofia la fuerza vital en nuestro interior y que nos da las herramientas para reestablecerla. A través de la “verdad”, los ideales elevados, la integridad y la trascendencia que nos aportan fuerza y propósito vital.

A través de la integración de todos los arquetipos es de la forma que surge un “guerrero” más desarrollado. Por ejemplo, los “guerreros” que poseen las virtudes del “inocente” mas desarrollado y saludable, no quedan atrapados por la necesidad de luchar por todo. Si el “guerrero” se ha reconciliado con su “huérfano” no tiene que ser fuerte y duro cada minuto, ni reclamar esa actitud en quienes le rodean. Si el “guerrero” posee también un “bienhechor” desarrollado siempre luchará por un bien común y no solo por su propio interés. Y si el guerrero ha pasado por el buscador/ vagabundo no solo sabrá quien es, sino que luchará sabiendo realmente por qué y para qué.

Cuando los cuatro arquetipos están desarrollados el guerrero tiende a funcionar en un nivel alto, pero si el inocente y el huérfano están mal heridos y el bienhechor no ha crecido y es mártir; las metas del guerrero, planes y proyectos serán egoístas, cínicos y gananciales. El guerrero en la ubicación arquetípica del viaje del héroe igual que el mártir forma parte del camino de las pruebas y de la iniciación del héroe.

Las virtudes del guerrero están en las voluntades de proceso de cambio social, fijan estrategias para superar obstáculos, protegen limites tanto personales como colectivos, entran en combate real, solamente cuando es estrictamente necesario. Igual que deciden replegarse si también es necesario para reevaluar la situación. La batalla mas noble se consigue cuando no se avergüenza a nadie. Son respetados por su fortaleza y su inteligencia. Prefieren la paz, pero no temen el conflicto. Su modelo es gano/ ganas. Su voluntad es espiritual, intentan buscar metas en que involucren el máximo interés social. Destacan por su integridad, ética, honor y respeto.

La sombra del guerrero es el actuar desde el huérfano, batallar por cualquier causa, competir compulsivamente, tener miedo a perder en la derrota y a no ser los mejores. Concebir los escenarios posibles y las estrategias de forma muy simplista. Utilizar su poder para destacar de los demás desde su propio ego. Modelos de decisión gano/pierdes. Aquellos que se oponen a su poder deben ser eliminados, voluntad conectada siempre con el ego. Se consumen viviendo la vida luchando contra otros y no contra si mismos para asimilar sus defectos.

El Mago:

El Mago, en otras culturas también el sabio, el chamán, el maestro, el brujo, el curandero, el adivino, el sacerdote, el iniciado; es el arquetipo que aglutina todos los anteriores. La base arquetípica del mago es haber pasado por todos los estados arquetípicos anteriores, haberlos sublimado he integrado aceptando sus sombras y potenciando sus virtudes a nivel de conocimiento.

El mago es un arquetipo transformador y creador, es sincrónico y crea su propia realidad. La meta del Mago es la de dominar al “Dragón” que es su propia sombra. Esas partes innombrables, no amadas ni reconocidas de si mismo que pueden destruir al ser poseedor del gran poder de la sabiduría. Su mayor enemigo es su propia sombra ya que si no la domina e ilumina se volverá contra él, cayendo así en el lado oscuro, dejando de obrar con justicia e impecabilidad.

Cuando las personas han integrado la mayoría de sus sombras desperdician menos energías de las que, de otra manera, no siendo conscientes, estarían constantemente reprimiéndo, negando su existencia y librando batallas externas porque proyectan frecuentemente su sombra sobre los demás.

En cualquier sociedad disponer de sabiduría es disponer de poder. Por tanto, disponer de poder requiere mucha responsabilidad para el Mago. En este caso no hablamos de un poder “mágico” -que también- sino de toda actividad que conlleve, capacidad económica, influencia social, política, empresarial o profesional. El miedo principal del Mago suele ser el uso indebido de su “poder” ya que su tarea constante es la de usar este “poder” noblemente para lograr una sociedad más justa.

Su magia consiste en el uso de las leyes no-causales, de las leyes metafísicas y espirituales que entretejen la realidad. El Mago sabe fluir con la vida de forma fácil. Sin embargo, el “guerrero/protector” y el “buscador/vagabundo” tienen que esforzarse y luchar para conseguir la cosas que desean.

El Mago llegado a este punto de integración arquetipal y aceptación de su sombra, aprende que la vida no necesita ser tan dura. El verdadero Mago no pide, sino que se abre al Universo para que todo fluya. Es decir, el Mago es capaz de crear nuevas realidades y co-crearlas con los demás.

El Mago sabe que debe “confiar” y someter su voluntad a un poder superior o metafísico como queramos llamarlo. Por tanto, los Magos aprenden a confiar y adquieren una profunda fe en sus posibilidades, a veces, simplemente esperan a que las cosas se aclaren, cuando lo que sucede a nivel real pueda parecer ser nefasto. Los Magos son exigentes consigo mismos, pero no son severos como los “guerreros” un Mago siempre considera que la fuerza del guerrero no es efectiva. La fuerza efectiva esta en la claridad de ideas y la voluntad para actuar de acuerdo con la más profunda y sabia esencia humana, lo que los lleva a fluir con el entorno. Viven en armonía con el mundo y con lo sobrenatural en total integridad y equilibro interior. Los verdaderos Magos, al haber integrado su sombra integran también la dualidad. Por tanto, van más allá del bien y del mal ya que comprenden la vida de forma unitaria y no dual.

El Mago integra la inquietud de aprender del “inocente” pero con sabiduría, integra también la solidaridad y empatía del “huérfano” pero sin victimismo. Integra también la capacidad de dar del “mártir” pero sin sacrificio, sin buscar culpables, sin perdonar y sin tener que redimir a nadie. Ya que como hemos dicho no son duales, es decir, van más allá de las nociones de bueno o malo. Son también “guerreros” ya que actúan con coraje y lealtad con el Universo, pero desde la observación y la -no acción- ya que para el Mago todo es aceptación y transformación. Por tanto, no existen las resistencias por si mismas. Y en general cualquier otra percepción desde la dualidad hace que este arquetipo parezca absurdo, ya que, en él, no existe lo convencional, lo determinista, o lo lineal como en cualquier mente común. De ahí que el arquetipo de “Mago” sea comúnmente tachado de “loco”.

Para todos los arquetipos el mundo es un lugar hostil, sin embargo, para el “Mago” el mundo es su hogar para poder crear y fluir. Todos los arquetipos están sujetos a la percepción de la “escasez” sin embargo el Mago está anclado en la percepción de la abundancia ya que cada uno puede crear su propia realidad. Si el guerrero necesita matar y destruir al Dragón (sombra) el Mago lo transforma en algo más pequeñito que pueda manejar. El guerrero funciona bajo las leyes duales y la causa / efecto, el mago no. Ya que lo hace a través de las leyes de no-causalidad. El mago necesita resolver las confrontaciones del guerrero para así poder usar su poder sin demostrar superioridad. Si el “mártir” da indiscriminadamente el “mago” sabe como y a quien dar para que su acción sea realmente beneficiosa, ya que confía en el Universo. Sabe que existe una energía que equilibra el dar y el recibir.

Si el buscador se siente atrapado por el captor en unas estructuras que el impiden ser el mismo, el “Mago” se siente en su hogar allí donde se encuentre, por tanto, no necesita escapar de nada ni de nadie. Mientras que el “huérfano” esta sometido a una fuerza interior que es su “herida narcisista” y espera ser “salvado” por otro. El “Mago” se somete a sus propias heridas ya que sabe que es parte de un plan Universal o “Divino” y no necesita que nadie le salve. Ya que someterse y recordar sus heridas y su sombra es una forma de aprendizaje. En él no existe ni el escapismo ni la huida, viviendo todas las caídas como oportunidades de aprendizaje y de transformación. Siempre da la cara y asume responsabilidades. El “Mago” no deja de ser el “inocente” que ha aprendido a valerse por si mismo y que ha descubierto en que mundo vive y se ha atrevido a ir más allá de los limites. Descubriendo lo metafísico y lo sobrenatural que rigen las leyes de su “magia”.

No obstante, el “mago” si entra al lado oscuro, proyectando y no aceptando su “sombra” puede intentar escaparse de la realidad que le circunda y volver a la realidad dual. Puede actuar con arrogancia, prepotencia, siendo controlador y puede abusar de su poder. Puede atraer la negatividad hacia él y hacia los demás, puede convertir sucesos positivos en negativos a conciencia. Puede también utilizar su “poder” para limitar el de los demás. Y puede intentar hacer crecer su ego y equipararlo a un poder dador sobrenatural, “Universo”, “Dios” etc. Este arquetipo negativo del mago es muy dado en los gurús de hoy en día, líderes espirituales de la New Age, líderes de sectas religiosas, coaching pseudopsicológico etc. En cierta manera no dejan de ser “huérfanos” disfrazados de “magos”.

Bibliografía:

Campbell, J. (1970). “The Hero with a Thousand Faces”. Cleveland & New York: Meridian Book. The World Publishing Company.

Jover, J. (2014) “Un nuevo mundo en manos de héroes; Cómo un despertar de conciencia integral nos conduce a una revolucionaria transformación humana””. Ed: Círculo Rojo 2014, (colección investigación). Almería.

Nichols, S. (1980) “Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico” octava edición, Kairós 2005, Barcelona

Pascal, E. (1998) “Jung para la vida cotidiana”; Ed: Obelisco 1998 Barcelona.

Pearson, C. (1989) “El héroe interior, arquetipos de transformación” Ed. Mirach 1995, Madrid.

Pearson, C. (1992) “Despertando los héroes interiores, doce arquetipos para encontrarnos a nosotros mismos y transformar el mundo” -Psicología Arquetipos escuela de Jung-.Ed: Mirach 1992, Madrid.

Perry, B. (2017) “The Boy Who Was Raised as a Dog: And Other Stories from a Child Psychiatrist’s” 2017. Éd. Basic Books, NY.

 

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