Memorias Colectivas… arquetipos.

Hemos visto en las últimas dos entradas, como funciona la memoria individual dentro del trauma y también cómo funcionan las memorias traumáticas familiares vinculadas al clan. Lo que sería para Jung el trauma intergeneracional, que se basa en la memoria proyectiva familiar somatizada, convirtiéndose en lo que en clínica somática se denomina el transgeneracional. Este transgeneracional no deja de ser la proyección traumática del inconsciente familiar que se encarga de transmitir y mantener activas las memorias traumáticas a través de conexiones neuronales tempranas y las transmite a través del genoma y del supuesto ADN “basura” con el fin de que el clan familiar pueda sobrevivir. Prácticamente este conjunto de sinapsis intergeneracionales se activa en el presente, produciendo conductas aprendidas por generaciones del pasado y que siguen siendo útiles o no, en función de que la memoria traumática familiar se duplique, se repare o se somatice a nivel patológico en el “aquí y ahora” de los descendientes del clan.

Podríamos inclusive decir que es este inconsciente familiar el encargado de brindar dichas conexiones a través de conceptos y símbolos que van mucho más allá de lo familiar y que son las memorias colectivas de la humanidad (también llamadas arquetipos). Estos arquetipos son los que para Jung conforman el inconsciente colectivo que cargamos con nosotros, y que hablan de nuestras experiencias; las de nuestros ancestros y las de la humanidad.

Cuando hablamos específicamente de nuestras memorias y de nuestras experiencias traumáticas, consideramos que estas proyecciones inconscientes distorsionan nuestras conductas en el presente, reviviendo sentimientos individuales de nuestras propias memorias traumáticas a través de nuestros flashbacks o memorias procedimentales desestructuradas a nivel espacio temporal, o a través de nuestras memorias procedimentales familiares que se encargan de duplicar o reparar aquellos traumas  que pertenecieron a nuestra familia de origen en el momento del trauma de nuestros ancestros. Sin embargo, los arquetipos colectivos no solo transmiten las experiencias traumáticas de generaciones pasadas, también transmiten los aprendizajes y las experiencias de la humanidad a lo largo de la historia que nos sirven para sobrevivir al trauma y poder transcender al mismo, iniciando nuestra evolución para sanarnos y para transformarnos a través de nuestros aprendizajes. Es lo que se denomina según Campbell (1970), “el Viaje del Héroe”. Continuar leyendo “Memorias Colectivas… arquetipos.”

La individualidad y el auto concepto…. la teoría del “self”

Desde el principio de los tiempos y desde que al “homo sapiens” se le presupone “conciencia”. El ser humano ha necesitado plantearse su propia existencia con el fin de llegar a tener un auto concepto sobre sí mismo y un concepto respecto de su entorno. El estudio de la conciencia, los procesos que la constituyen y los atributos que se le adjudican han estado siempre presentes en la historia de la filosofía, de la psicología, de la sociología y últimamente también en las neurociencias y en la psicopatología.

Así los filósofos consideran el “self” (término anglosajón que podemos traducir libremente como “conciencia reflexiva”) una parte del libre albedrio y del conjunto de los conceptos morales a nivel social. Los neurocientificos piensan que el cerebro derecho y sus funciones reguladoras son las que conforman el “self”. Los psicólogos no concebimos el “self” sin un modelo de sujeto, que busque dar un sentido a la vida como necesidad. Los sociólogos creen que el “self” es la interacción de un comportamiento individual como consecuencia a las reacciones de un comportamiento grupal o social. Y en psicopatología se estudia el “self” en función de los límites mentales del individuo a raíz de un posible problema de conducta o trastorno de personalidad.

Pero… ¿qué es lo que denominamos “self”?… ¿es parte integrante del sujeto?, ¿es lo mismo que el “yo”?.. ¿es un sistema mental abierto o cerrado?… ¿tiene continuidad en el individuo?…

Bueno, empecemos con un poco de historia…

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Milgram y la obediencia destructiva…

El Holocausto Nazi, durante el período de la Segunda Guerra Mundial influenció enormemente a las ciencias sociales y a la psicología social. La obediencia destructiva generada por ciertos líderes autoritarios, hacia ciertas estratificaciones sociales y los hechos que se produjeron, motivaron a Stanley Milgram (1974) a realizar un programa de investigación sobre la obediencia a la autoridad. Este experimento se basaba en la perspectiva psicosocial que durante la segunda mitad del siglo XX resaltaba los efectos negativos de los grupos sociales. Vinculando su experimento a otro estudio, comentado ya por mí en otro post:  el “sesgo de la conformidad” el cual fue realizado por Solomon Asch (1953) y ampliado por Moscovici (1981), respecto a la inconformidad social de las minorias. El estudio controversial de Milgram ha constituido un claro ejemplo de sesgo de confirmación positiva en la teorización psicosocial, donde el mantenimiento del status quo, es más importante que el cambio y la transformación social (Haslam y Reicher, 2011). De ahí que Milgram intentará reproducir en sus experimentos distintos niveles de obediencia destructiva, tal y como tuvo lugar durante el gobierno nazi en Alemania. Continuar leyendo “Milgram y la obediencia destructiva…”

Terapias Humanistas… la tercera fuerza.

Normalmente las terapias humanistas se aplican a un grupo de enfoques terapéuticos, donde se focaliza y se centra al cliente en el papel del libre albedrio, la autosuperación y el desarrollo humano, en el “aquí y ahora”, es decir, en el presente. En estas terapias no se determina el estado del cliente en función de rememorar su pasado o de proyectarse a futuro. El objetivo de estas terapias es ayudar a las personas a descubrir sus puntos fuertes, su creatividad y sus opciones para llegar a la “realización personal”. Continuar leyendo “Terapias Humanistas… la tercera fuerza.”