Psicopatía: “nature vs nurture” las dos caras de Narciso…

¿Son las dotes ingénitas del individuo (naturaleza) y los rasgos congénitos (herencia) como se postula en la teoría del “nativismo” o “empirismo” filosófico respectivamente, las que crean una personalidad determinada? O, por el contrario, ¿son las experiencias personales (crianza y educación), las causantes de las diferencias individuales en rasgos del comportamiento, respecto a una posible tendencia de personalidad psicopática?

Esta cuestión que tenía prácticamente olvidada, surgió en una conversación con una joven lectora compulsiva y estudiante de derecho, respecto a una novela publicada por la escritora venezolana Ariana Godoy y que lo está petando en la plataforma de Wattpad. La novela se titula: “HEIST, ¿cazar o ser cazado?”, perteneciente a la saga “Darks” que será publicada próximamente en papel. Sin intención de hacer “spoilers”, la autora en esta novela, se nutre de personajes literarios, que conforman una familia psicopática muy peculiar, donde casi todos sus miembros adolecen de diversas patologías mentales.

Y es respecto a esta conversación, donde surgió la idea de escribir este post. Con el fin de intentar aclarar, desde mi humilde conocimiento, las diferencias entre psicopatologías y psicopatías. Y matizar las posibles connotaciones respecto a la idea que tiene la sociedad del estereotipo del “psicópata” más vinculado a la narrativa o a la cinematografía de ficción, que a la realidad. En la actualidad en nuestras sociedades, muchas personas adolecen de esta estructura de personalidad funcional y subclínica. Personas “tóxicas” a las que tendremos que enfrentarnos estadísticamente por lo menos, una vez a lo largo de nuestra vida. Que son muchas y que, seguro están leyendo este post en estos momentos.

Lo primero que hay que dejar claro, es que la psicopatía no es una enfermedad mental. La psicopatía puede estar considerada como un síndrome, (entendido como conjunto de síntomas), que no está recogido oficialmente en las actuales clasificaciones diagnósticas psicopatológicas, ni en el DSM-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) ni en el CIE-11 (clasificación internacional de enfermedades). Por tanto, no podemos categorizarlo como una patología mental; cuando las facultades intelectivas y volitivas de los psicópatas están totalmente intactas (saben lo que hacen y quieren hacerlo) y si bien, las relaciones entre psicopatía, delincuencia y criminalidad, han sido empíricamente demostradas. También hay que precisar que ni la psicopatía es una condición necesaria para ser delincuente ni la delincuencia es una característica exclusiva y necesaria para ser psicópata.

Por eso es necesario diferenciar una psicopatología (enfermedad mental) de una psicopatía (trastorno de personalidad). El CIE-11 considera psicopatía, la conducta de cualquier sujeto donde incidan a nivel transversal, algunos, (no tienen por qué ser todos) de los siguientes rasgos:

  • Rasgos de afectividad negativa: angustia, rabia, irritabilidad, o vulnerabilidad en respuesta a ciertos estresores externos.
  • Rasgos disociales: desprecio por las obligaciones y convenciones sociales.
  • Rasgos de desinhibición: falta de control de impulsos e irresponsabilidad hacia ciertos estímulos ambientales, sin tener en cuenta las consecuencias a medio o largo plazo.
  • Rasgos anancásticos: control y regulación de la conducta propia y de los otros, para asegurar que las circunstancias del entorno se conformen al ideal de las particularidades del sujeto que las proyecta. Y que cursan normalmente: constricción emocional o conductual, perseveración, ordenalidad, preocupación por seguir las reglas, obstinación, perfeccionismo, etc. Con perfilación de trastorno obsesivo compulsivo.
  • Rasgos de distanciamiento: indiferencia hacia las personas, aislamiento social sin figuras de apego, lejanía o frialdad respecto a familiares, pareja, amigos cercanos, etc. Falta de asertividad y por lo general, reducción de experiencias y emociones a la mínima expresión o su antagonismo en muchos casos.

Estos rasgos definidos en el CIE-11 a nivel psicopático son similares a los que se enumeran en el DSM-IV (eje II) respecto a los “clusters” A, B y C de trastornos de personalidad.

  • El primer grupo de Trastornos de la Personalidad (cluster A) se caracteriza por elementos de extravagancia, excentricidad, desconfianza y cierre a los demás, con tendencia a aislarse. El grupo “A” incluye los Trastornos de Personalidad con rasgos o sesgos: Paranoide, Esquizoide y Esquizotípico
  • El segundo grupo de Trastornos de la Personalidad (cluster B) se caracteriza por elementos de dramatización, imprevisibilidad y variabilidad emocional. El grupo “B” incluye los Trastornos de Personalidad: Histriónico, Narcisista, Límite y Antisocial.
  • El tercer grupo Trastornos de la Personalidad (cluster C) se caracteriza por inhibición, es decir, ansiedad y miedo. El grupo “C” incluye los Trastornos de Personalidad: Dependiente, Evitativo y Obsesivo-Compulsivo.

En el anexo del DSM- IV (Anexo Eje II) se añadieron dos ulteriores trastornos: el Trastorno de Personalidad Pasivo-Agresivo y el Trastorno de Personalidad Depresivo.

El problema, es que la American Psychiatric Association (APA) en sus primeros DSM incluyó el concepto de psicopatía y finalmente lo concretó en el de trastorno antisocial de la personalidad (TAP), del que incluso sugirió que se empleara como sinónimo del de psicopatía eternizando así la confusión diagnóstica que continúa en nuestros días.

El problema principal del TAP (antisocial) estriba en que se trata de un concepto excesivamente amplio y abstracto que generalmente se limita a perfilar o caracterizar a los sujetos que lo padecen como meros delincuentes comunes; absolutamente diferentes a los que son diagnosticados como psicópatas y, además, también son delincuentes. Por tanto, el problema pasaba de centralizar la psicopatía como un trastorno con conductas principalmente antisociales a definir que los psicópatas eran exclusivamente delincuentes.

De este modo, después de haber realizado un repaso a la taxonomía psicopática y llegados aquí, habría que redefinir la psicopatía “nurture” referida a la crianza / educación y la psicopatía “nature” referida a la biológica o genética.

Cualquier rasgo de personalidad psicopático suele comenzar en la adolescencia, si esos rasgos los consideramos adquiridos en el individuo ya sea por posible estructura genética o carga hereditaria “nature”. Nos encontraremos en algún punto de un continuo a nivel genotipo, en el que en un polo están los sujetos con menor carga hereditaria psicopática. Es decir, personas que nacen con un temperamento menos difícil (personas pacientes, tolerantes, generosas, empáticas…), y que, aunque hayan desarrollado vivencias traumáticas en la infancia como: malos tratos, abusos físicos, sexuales, etc., no desarrollarán esta patología.

Y en el polo opuesto, nos encontraremos con sujetos que han nacido con un temperamento complicado (ausencia de empatía, crueldad, ambición extrema, falta de vergüenza…) y que no requerirán de vivencias precipitantes traumáticas o al menos, si las hubiera… no necesitarán que estas sean tan potentes como en otros sujetos menos proclives al desarrollo del trastorno; para que estos últimos lo desarrollen.

En estos casos, estas personas tendrán rasgos de conducta como, por ejemplo: ausencia de remordimientos, ausencia de culpa o de arrepentimiento al realizar acciones sociales negativas respecto a otras personas. Y serán personas con tendencia a la grandiosidad, omnipotencia. Serán independientes, con necesidad de poder, seductores, arrogantes o manipuladores con coeficientes de intelectualidad relativamente altos. En estos casos los rasgos de conducta son menos observables a simple vista y de peor pronóstico.

Algunas hipótesis sugieren que las personas con fuertes tendencias antisociales no han aprendido sobre los sentimientos de la forma que lo hace la mayoría de la gente, y esto se relacionaría con las anomalías en el circuito cerebral subyacente a los procesos lingüísticos y afectivos. El uso del lenguaje será manipulativo y no tanto para expresar estados internos. Kernberg (2005), describe a estas personas como individuos con una regulación muy pobre de los afectos y un umbral más alto de lo habitual para la excitación placentera.

Por otro lado, si la carga psicopática es “nurture” (crianza / educación), nos encontraremos con personas aparentemente con temperamentos normales pero que han vivido de niños en entornos desestructurados. Personas con marcado carácter antisocial, con coeficientes de intelectualidad más bajos, tendientes a la deshonestidad, impulsividad, irresponsabilidad, agresividad física o verbal, con baja tolerancia a la frustración, irritables y despreocupados por la seguridad de los demás, incluso la de ellos mismos y también tendientes a la delincuencia. Es lo que llamamos un “sociópata”, en este caso los rasgos de conducta son más observables y de mejor pronóstico.

En los casos sociopáticos nos encontramos con ciertos fenotipos que hacen a las personas más propensas a desarrollar patrones violentos y antisociales, cuando son objeto de maltrato. Este fenotipo afectaría al desarrollo del córtex orbitofrontal, que parece ser un centro cerebral básico para el desarrollo moral y que en esto casos sería deficitario de sustancia gris. Otros estudios hablan de niveles bajos de serotonina y de baja reactividad del sistema nervioso autónomo, lo que podría ser la base para la búsqueda de estímulos intensos y la dificultad para “aprender de la experiencia” características de las personalidades tanto psicopáticas, como sociopáticas.

Por ejemplo, en el DSM-V el diagnóstico de trastorno límite de personalidad (TLP), deberá contener rasgos patológicos en las dimensiones CIE-11 de “afectividad negativa”, “desinhibición’ y “antagonismo”. O el trastorno esquizotípico en “psicoticismo”, “introversión” y “afectividad negativa”. Cada dimensión posee una serie de facetas afectadas dependiendo del trastorno de personalidad tratado y que son transversales.

Normalmente un TLP o “borderline” hombre (que haya sufrido malos tratos de niño) por lo general y por fenotipo, será más evitativo, tenderá a la delincuencia y al consumo de drogas ilegales, pudiendo generar violencia sobre terceros, tendiendo más al carácter antisocial y sociopático.

Mientras que una mujer por el mismo motivo, tenderá más a buscar figuras de apego y protección, será dependiente respecto a otros y no evitativa. Tendiendo a un sesgo más psicopático. Casi nunca recurrirá a la delincuencia, si abusa de sustancias será generalmente con sustancias legales (alcohol, ansiolíticos, etc.) y si genera violencia será sobre si misma (autolesiones o intentos autolíticos). Por tanto, vemos como las conductas en psicopatía son fenotípicas y multifactoriales.

En resumen y sintetizando: la psicopatía es un síndrome, con características concretas, que se expresa por las tendencias antisociales innatas debidas tanto a diferencias biológicas, cuantitativas de temperamento o cualitativas en la función de desarrollo cerebral, que pueden dificultar la socialización del individuo cuando se encuentra en edad de crecimiento.

Por el contrario, la sociopatía es el síndrome propio de individuos con un temperamento normal pero que no tienen adquiridos los atributos socializadores como consecuencia de una crianza negligente e incompetente. Y que, por lo general, pueden utilizar la violencia y se pueden volver delincuentes.

Respecto al comportamiento violento tanto en la psicopatía como en la sociopatía a nivel “nature” no querría dejar pasar nuevos estudios genéticos respecto a un polimorfismo del gen de la monoamino oxidasa (MAO-A-L) que está vinculado a un aumento del riesgo de conducta antisocial en jóvenes que estuvieron expuestos a violencia o malos tratos. según muestra una nueva investigación en lo que se denomina el “gen del guerrero”.

La variante genética MAO-A-L, así llamada “gen del guerrero”, aumenta el gusto por el riesgo en los portadores, así como su capacidad para evaluar sus posibilidades de éxito en situaciones críticas. El gen del guerrero se encuentra en el cromosoma X, o sea que los hombres lo heredan de su madre. Dado que los hombres sólo tienen un cromosoma X, puede que este gen, en caso de tenerlo, se muestre con todo su esplendor.

En cambio, las mujeres, al tener dos cromosomas X, con un único gen del guerrero no se mostrará con tanta fuerza. Aunque hoy en día, todavía se desconocen las causas que puede tener que una mujer tenga este gen en ambos cromosomas X. La prueba del gen del guerrero está disponible indistintamente tanto para hombres como para mujeres.

Tanto el “psicópata” como el “sociópata” tienden a tener rasgos antisociales. Con frecuencia, la infancia de la gente antisocial está plagada de inseguridad y caos, mezcla de severa disciplina, sobre indulgencia, o negligencia. En los casos de psicópatas violentos (sociópatas) es prácticamente imposible encontrar figuras protectoras de apego.

Distintas condiciones han sido relacionadas con la psicopatía: madres débiles, deprimidas o masoquistas, padres explosivos, inconsistentes o sádicos. Alcoholismo y otras adicciones. Mudanzas frecuentes, pérdidas continuas de empleo, duelos abruptos, traumáticos y rupturas familiares. En estas circunstancias es casi imposible que se desarrolle con normalidad la confianza en los sentimientos de omnipotencia temprana del niño y en el poder de los otros. Esto podría impulsar al niño (en su proceso simbólico de construcción del ego) a dedicar el resto de su vida a buscar los sentimientos de omnipotencia, configurándose con un perfil extremadamente narcisista.

Respecto a esta búsqueda de sentimientos de omnipotencia. La persona psicopática puede no reconocer frente a los demás que siente ciertas emociones, aunque sea consciente de ellas, ya que las asocia a debilidad y vulnerabilidad.  Posiblemente nadie nunca le ayudara a poner palabras a las emociones, entre otras cosas, porque el lenguaje pudo ser dentro de su familia únicamente un medio de controlar a los demás.

Los rasgos psicopáticos no se tienen porque presentar a la vez, sino que se suelen presentar indistintamente y se suelen a veces solapar unos con otros de forma perversa. A lo largo de la historia se han realizado intentos fructuosos por aunar las definiciones y entender la psicopatía como un conjunto de rasgos que suelen presentarse conjuntamente. La más extendida tal vez sea la de Hervey Cleckley (1903 – 1984), que describe de forma extensa y pormenorizada, las características clínicas del psicópata, en su libro publicado en 1941,” The Mask of Sanity”.

El doctor Robert Hare (1934 -) más adelante, identificaría en las descripciones de Cleckley dos factores principales en el conjunto transversal de todos los rasgos psicopáticos: por un lado, usar a los demás de forma egoísta, emocionalmente fría, dura y sin remordimientos y por otro lado un tipo de vida crónicamente inestable, marcado por la transgresión de las normas y socialmente desviado.

Los trastornos de personalidad que más se asocian a la violencia según Esbec y Echeburúa (2010) siempre en función de los estudios dimensionales de la personalidad son los que tienden a la impulsividad, la regulación afectiva deficiente, el narcisismo y el paranoidismo. Los trastornos más vinculados con la violencia son el antisocial, el paranoico y el narcisista.

El trastorno antisocial de la personalidad (cluster B) constituye una patología heterogénea ya que es complicado de diagnosticar. En este tipo de trastorno la violencia puede predominar de dos maneras: está el grupo de individuos que generan violencia reactiva y es proyectada hacia su entorno conocido, ya sean amistades o familia. Y está el otro grupo en el que predomina la violencia proactiva o instrumental dirigida a obtener un beneficio, social o económico, (Cloninger, et al 1993). Este tipo de trastorno se da en personas que presentan antecedentes disóciales y anómicos con abuso de sustancias.

A nivel delictivo, este grupo de personas si llevan su conducta al extremo y el entorno social y de crianza no los acompaña; pueden cometer delitos normalmente de robo. Pequeños hurtos o violencia filio parental en el caso de menores con conductas negativistas desafiantes. En el caso de adultos, estafas piramidales a nivel financiero, maltrato familiar, violencia vicaria si tienen hijos, violencia de género, tráfico de sustancias ilegales etc.

El trastorno paranoide de la personalidad (cluster A), se caracteriza por la pérdida parcial del individuo con la realidad, atribuyendo a los demás actitudes o intenciones hostiles. A nivel de su proyección violenta suelen ser premeditativos y alevosos. Normalmente su motivación suelen ser los celos infundados (celotipia) o sentimientos de humillación y vergüenza respecto a agravios que ellos consideran fundados, justifican su violencia como ineludible en función del cumplimiento de un deber o de saldar una afrenta. Se perciben como justicieros o megalómanos.

Aquí a nivel delictivo, este grupo de personas si lleva su conducta al extremo y se convierte en patológico, y además si obtienen cierto poder social, nos podríamos encontrar con líderes de sectas ideológicas o religiosas, jefes de bandas criminales o mafiosas, sicarios, dictadores genocidas, léase: Hitler, Lenin etc.

No obstante, hay que hacer notar que un paranoidismo leve o moderado es muy valorado junto con un coeficiente intelectual alto con preparación militar y psico jurídica, en los perfiles para puestos relevantes en cuerpos de élite, espionaje militar, servicios de inteligencia. Siempre que los procesos vinculares del perfil a tratar hayan sido correctos respecto a sus referencias de apego en la socialización primaria.

El trastorno narcisista de la personalidad (cluster B). Este trastorno es el más común y a la vez muy poco diagnosticado, y si coadyuva con rasgos paranoides sí que puede ejercer violencia. Las respuestas violentas se dan en respuesta a una herida en su ego. El narcisista se vincula a rasgos psicopáticos respecto a utilizar a las personas como instrumentos y deshumanizarlas para conseguir sus fines. También esta patología tiene alta prevalencia en delitos sexuales y violaciones. Sobre todo, en el narcisista maligno, caracterizado por la grandiosidad y omnipotencia de su ego y por su crueldad egosintónica (asume sus rasgos de personalidad que se pueden considerar malignos a nivel social y son aceptados por su ego).

En si no se puede pensar que la violencia sea en su mayor parte consecuencia de los trastornos de personalidad, sino más bien de la marginación social y de la maldad. Además, dentro de los trastornos de personalidad, sobre todo del “cluster B” se circunscriben conductas antisociales, como la dependencia de drogas y desinhibición de emociones negativas como la ira.

Por tanto, todos estos son factores en cierta manera esenciales y no tangenciales respecto a la violencia y la ejecución de actos delictivos. No obstante, existe otro parámetro que unido a la psicopatía narcisista/antisocial puede derivar en personas extremadamente peligrosas y funcionales dentro de la sociedad. Y ese parámetro es el maquiavelismo, (modo de proceder que se caracteriza por la astucia, hipocresía y perfidia para conseguir lo que se desea).

Las personas que reúnen rasgos de personalidad tanto antisocial como narcisista, si además actúan con estrategias maquiavélicas o manipuladoras, se pueden considerar sujetos vinculados a lo que en psicología se llama la triada oscura. Esta tipología en la que confluye el narcisismo, la manipulación y el carácter antisocial suele tender al sadismo extremo tanto emocional como social.

Hacer notar que en algún momento de nuestra vida cualquiera de nosotros puede utilizar esta forma de manipulación, la diferencia con utilizarla de forma psicopática es que la persona normal después de manipular a un semejante tendrá sentimientos de culpa o vergüenza, mientras que el sujeto con psicopatía se jactará de esta circunstancia y la seguirá repitiendo.

Los ocho rasgos más comunes de la persona maquiavélica, se caracterizan por:

Cosificar a las personas: Como suelen tener muy baja empatía, como el narcisista, no conectan emocionalmente con los demás, los deshumanizan y pueden interactuar con el resto como si todos los que no son uno mismo fuesen recursos a exprimir en algún momento, como un kleenex que se desecha al usarlo. De este modo se crea una división entre sujeto (uno mismo) y objeto (los demás).

Tener una gran intuición en detectar debilidades ajenas: Las personas maquiavélicas son hábiles a la hora de detectar las debilidades de la personalidad de cada uno (puntos flacos o vulnerables) y aprovecharlas en su propio beneficio. Por ejemplo, alguien que valora extremadamente su imagen pública probablemente será utilizado por una persona maquiavélica para ascender socialmente ganándose su amistad, y a la vez encontrará momentos clave para obligar a la otra persona a comportarse de determinada manera para mantener su buena imagen social, sin que eso parezca un chantaje.

Ser grandes estrategas de la manipulación: Como las personas maquiavélicas empatizan poco y dedican buena parte de su atención a detectar debilidades ajenas, constantemente están ideando maneras de manipular a los demás en su propio beneficio. Es decir, que hacen algo similar a lo que haría un ingeniero que programa un robot: crear las condiciones para que el otro se mueva hacia una meta que uno mismo le ha impuesto.

Ser extremadamente controladores de sus impulsos: A diferencia de lo que ocurre en los casos de sociopatía, uno de los rasgos de la tendencia psicopática de las personas maquiavélicas consiste en un control casi total sobre lo que hace de forma constante. Buena parte de sus acciones responden a un plan, que reconstituye esa estrategia separada de la moralidad. Esta característica además está asociada a una alta inteligencia.

Ser muy ambiciosos: Las personas maquiavélicas pueden dedicar mucho tiempo y esfuerzos a maquinar, cómo aprovecharse de lo que hacen los demás, y por eso mismo se fijan objetivos ambiciosos, con mucho valor para ellos. Al fin y al cabo, nadie traza planes para conseguir algo sencillo y que fácilmente puede ser comprado en la tienda de al lado.

Focalizarse en el largo plazo: Relacionado con el apartado anterior, este hace referencia a que las metas de este tipo de personas están ubicadas en un lugar lejano en el tiempo. Es el precio que hay que pagar por fijarse objetivos importantes y que pueden ser alcanzados tan solo haciendo que una serie de acciones complejas se vayan desarrollando. Además, esta característica distingue a las personas maquiavélicas de las impulsivas acostumbradas a ceder a sus deseos a costa del bienestar de otros.

Tener falta de remordimientos: Cuando las personas maquiavélicas hacen algo que perjudica a los demás, no se sienten mal por ello, porque se considera que eso es una consecuencia del plan de acciones que se ha ido desarrollando. Es decir, que ni siquiera tienen por qué pensar en ello, y normalmente ignoran esa faceta de la realidad que ellos han ayudado a construir de manera directa.

No poder parar de desarrollar planes: Como las personas maquiavélicas están predispuestas a causar malestar en los demás sin sufrir por ello, se puede decir que tienen un rango de opciones y decisiones donde el resto de las personas están constreñidas por la moralidad que guía sus acciones. Por eso explotan esta característica suya maquinando y haciendo aquello que los demás evitan hacer, para no caer en una disonancia cognitiva que minaría su autoestima.

Esta forma de maquiavelismo unido a un comportamiento narcisista / antisocial, puede acabar con la otra persona (su blanco), tanto a nivel psicológico como emocional. Las personas damnificadas en relación a este comportamiento acaban destrozadas. Con indefensión aprendida, estrés postraumático (equivalente al estrés postraumático de guerra), trastornos ansioso depresivos, intentos de suicidio y aislados socialmente, ya que, aunque sea paradójico, el entorno no suele creer a la victima y si al perpetrador (victimario).

Si al comportamiento de triada oscura (narcisismo /antisocial con manipulación) le añadimos un perfil emocional sádico, con cierta marginalidad social, estaríamos hablando del estereotipo psicopático de las películas, novelas o series como: “mindhunter”, “criminal minds”, “serial killers” etc, que todos tenemos en mente y del que no hay que añadir mucho más. Este tipo de perfil existe a nivel social, pero realmente en porcentajes muy bajos.

A nivel jurídico y criminalístico / delictivo, es muy difícil considerar que los trastornos de personalidad (TP) por sí mismos afecten de forma jurídica a la responsabilidad criminal. A nivel jurídico los TP pueden ser causa inimputable ya que las conductas violentas se han dado sin libertad en el caso de que esa conducta esté vinculada a una patología mental transversal y esto también es muy común.

Aun así, como hemos comentado los TP no son una psicopatología. Los rasgos de personalidad que hemos comentado antes como la impulsividad, los rasgos paranoides etc. no afectan a la condición de imputabilidad. Para el Tribunal Supremo las psicopatías durante los años ochenta estaban enmarcadas dentro de los TP y al considerarse estos como simples alteraciones caracteriales no incidían en la imputabilidad del posible delincuente.

En los años noventa, el tema cambió, al incluirse las patologías de los TP como enfermedad mental en el CIE 10 y en el DSM. Las psicopatías podían considerarse en ciertos casos como un atenuante analógico, a nivel jurídico disminuyendo la responsabilidad criminal en el acusado o también podían causar eximente completa o parcial si la causa de la conducta estaba ligada a un TP grave coadyuvante con enfermedad mental. Ya he comentado anteriormente que las psicopatías son fenotípicas y multifactoriales.

Antes de finalizar este post me gustaría exponer el factor de la socialización en el perfil psicopático. A nivel educativo el “virus del narcisismo social”, conduce a los niños a la rivalidad, la competitividad, la envidia y el resentimiento contra los demás. Tal es el despropósito educativo que nos invade que explica por qué muchos de estos niños, al hacerse mayores, se convierten en depredadores en organizaciones en las que recalan como trabajadores.

Según (Piñuel, 2008), Cuando leemos sobre las características sociales de la persona psicópata o sociópata, sobre todo aquellas que hablan de normas, leyes, ausencia de remordimiento y culpa, no podemos impedir pensar en el funcionamiento político y económico de nuestras sociedades. Cuando leemos que, en estas personas… “los psicópatas”, domina una lógica perversa e instrumental, no podemos por menos de pensar en el funcionamiento de grandes empresas y corporaciones.

Personalmente pienso que muchas ofertas de empleo de mandos intermedios de grandes empresas, buscan perfiles con rasgos marcadamente psicopáticos, lo mismo que en RRHH, (mandos abusivos, despidos masivos de personal). Cuando pensamos en el funcionamiento político actual, que las leyes y normas no parecen que van con ellos, no podemos dejar de pensar en perfiles psicopáticos (corrupciones y prevaricaciones varias).

Cuando leemos que las personas no les importamos en absoluto, pues sólo nos ven como meros objetos o instrumentos para conseguir sus fines (Piñuel, 2008), no podemos dejar de pensar en la lógica subyacente del capitalismo. El ser humano no importa al capital. El dinero no tiene ética ni moral. Quien dice dinero, dice negocios, dice empresas, dice corrupción, dice política, dice especulación, pero dice sobre todo… de aquellas personas que están detrás de este tipo de mercadeo: los psicópatas funcionales y subclínicos.

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Bibliografía:

Cleckley, H. (1941) “The Mask of Sanity: An Attempt to Reinterpret the So-Called Psychopathic Personality”. (St. Louis, MO: C.V. Mosby, 1941). 1ª ed.

Cloninger, C. R., Svrakic, D. M., & Przybeck, T. R. (1993). “A psychobiological model of temperament and carácter”. Archives of general psychiatry, 50(12), 975-990.

Esbec, E.; Echeburúa, E. “Violencia y trastornos de la personalidad: Implicaciones clínicas y forenses”. En: Actas Españolas de Psiquiatría, 09/2010, Volumen 38, Número 5. p. 249-261. ISSN1139-9287.

Kernberg, O. (2005). “Unconscious conflict in light of contemporary psychoanalytic findings”. Psychoanalytic Quarterly, 74, 65-81.

Piñuel, I. (2008). “Mi jefe es un psicópata”. Ed. Alienta. Barcelona.

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