Proyectivos II ¿validez científica?

Desde principios de los años ochenta del siglo pasado, sobre todo en Estados Unidos. En algún momento de las terapias; psicólogos, psiquiatras o psicoterapeutas, han venido utilizando una serie de barajas con imágenes más o menos cotidianas, más o menos simbólicas, con las que ayudan a sus pacientes a resolver problemas. Por ejemplo, en las cartas KESSEM, existen más de diecisiete modelos de este tipo de naipes asociativos.

La cuestión es que, con el paso del tiempo su área de aplicación se ha extendido también a educadores, instructores, coaches y consultores; con el fin de potenciar el autoconocimiento del cliente. Según aseguran estos profesionales, este tipo de barajas sirven para fomentar la creatividad, la comunicación y la imaginación. No obstante, aunque parezca que se ha descubierto la pólvora con las cartas proyectivas, esta técnica no es nueva.

Sabemos ya que desde hace cientos de años, se utilizan: los cuentos, la mitología y los arquetipos de las cartas del tarot (siglo XIV dC.) como herramientas, con el fin de buscar sentido al desarrollo vital y al autoconocimiento. Respecto a los arquetipos de los antiguos héroes de las civilizaciones Romana, Griega o Babilónica, surge el primer Tarot conocido: Sola-Busca (1491) ​ y otro juego de cartas que escenifica los poemas del renacentista Boiardo Tarocchi​, producido en una fecha desconocida entre 1461 y 1494.

Las cartas asociativas como formación psicológica de contar historias desde el inconsciente colectivo, lo argumentaré más adelante; vinculando esta técnica con el test proyectivo de apercepción temática de Murray (TAT), prueba con validez científica. Y digo esto, porque últimamente es muy argumentado el TAT y las cartas asociativas, en algunos blogs por los tarotistas. Dadas sus analogías, según ellos, respecto a la interpretación del tarot.

Pero quiero hacer notar, en detrimento de los tarotistas, que la psicología es una ciencia, aunque pueda tener cierta correlación o parecido, respecto a cualquier técnica, método proyectivo, deductivo (no adivinatorio) de interpretación de imágenes simbólicas o arquetípicas. Y esto lo quiero dejar claro, para descartar el TAT y las cartas asociativas como técnicas pseudocientíficas.

Veremos más adelante, como el TAT cumple con validez y fiabilidad cuantitativa. Y las cartas asociativas, son un método proyectivo integrado en las corrientes gestálticas y cognitivo conductuales. No obstante, dedicaré también un espacio a lo que considero, desde mi punto de vista, que es el tarot, como instrumento de desarrollo humano.

En la actualidad “nuestros mitos” ya no   cumplen   su   función   de   dar   sentido   a   la   existencia, los ciudadanos de hoy en día han perdido su rumbo y su propósito en la vida. Como decía el psicólogo  Jerome    Bruner (1991) , experto en teorías del aprendizaje y cognición: “cuando    los    mitos predominantes  no  se  ajustan  a  las  diferentes  circunstancias  del hombre,  la  frustración  se  expresa  mediante  su  destrucción  y  la búsqueda solitaria de esa identidad interna” Esta   “búsqueda   solitaria   de   la   identidad   interna”   es   una necesidad  muy  extendida  en  nuestra  sociedad,  que  da  lugar  al desarrollo del psicoanálisis, o a las muchas formas y promesas de la psicoterapia,  y  a  una  gran  cantidad  de  curanderos  y  sectas,  sean constructivas o destructivas”. Todo esto lo comenta Bruner en sus teorías de pensamiento narrativo y los modelos ficcionales.

Y realmente Bruner tenía razón. La gente hoy en día acude a realizar terapias de todo tipo. O a sus sustitutos como las drogas, y los más vulnerables a las sectas, mancias, esoterismos, etc. Otros intentan encontrar el conocimiento en los enteógenos psicoactivos, (ayahuasca, peyote) junto con sus rituales chamánicos, muy de moda hoy en día.  Con el fin de intentar comprender su lugar en el mundo y su identidad interna.

Del mismo modo que la psicología de Bruner y sus modelos ficcionales interpelan al mito. La psicología junguiana plantea el análisis del cuento, analizando la psique, más allá de lo formal. Pasando del mito lingüístico de Bruner, a su arquetipo inconsciente que, como creación humana, refleja el funcionamiento básico y psicológico de la colectividad. Teniendo a cuatro autoras y analistas, desde mi punto de vista, exponentes claves en este tipo de literatura. Como son: Marie Louise Von Franz, Sallie Nichols, Clarissa Pinkola y Shinoda Bolen.

Estas autoras desde la narrativa de los cuentos, nos presentan las historias mitológicas, comenzando por las cuatro funciones típicas de pensamiento que desarrolló Jung dentro de la psicología analítica: Pensamiento y Sentimiento, considerándose funciones racionales versus Sensación e Intuición, considerándose funciones irracionales. (Nichols, 2008).

La interpretación psicológica que se desarrolló con el psicoanálisis tanto freudiano como junguiano, muestra por primera vez un acercamiento al valor de las percepciones y conocimientos inconscientes. Comprendiendo el Inconsciente, como un lugar donde se alojan las imágenes arquetípicas que terminan surgiendo en toda acción y creación humana. La diferencia entre ambos enfoques, el freudiano y el junguiano, se fundamenta básicamente en los esquemas predeterminados que utilizaba Freud para relacionarlos con cada elemento del cuento de modo anticipado, diferenciándose de la mirada junguiana, que busca permitir al cuento hablar por sí mismo, (Boj, 2015) y el tarot es una forma de cuento.

Las características básicas de este enfoque hacia el símbolo son la intransividad y la sinteticidad semánticas, que se encuentran reunidas en el termino simblema.  Termino que Mario Trevi (1996) utiliza como complemento, pues considera que tanto el término símbolo, como el simblema comprende el símbolo metapoyético junguiano, respecto al símbolo sinicético o signo más patologizado de Freud; (Boj, 2015).

Así, el símbolo entendido como simblema, se mantiene en estado vibracional. Esperando que la psique le otorgue una forma, ya sea para extraerlo del inconsciente o para introducirlo en él. Y aun adquiriendo forma, no será una forma definida, será una forma vectorial básica que no elimina su naturaleza variable. Lo más parecido a la concepción de (Trevi, 1996), es la que intenta hacer Lacan con su conceptualización topológica del significante dentro de su nudo borromeo, (Lacan, 1953).

El Self junguiano, se considera la suma de mundo consciente (dominado por el ego) y mundo inconsciente (dominado por los símbolos o simblemas arquetipales) ambos mundos se comunican utilizando dos tipos de lenguaje: la palabra que construye la conciencia del Ego, y las imágenes generadas por los ensueños desde el inconsciente. Solo se puede hablar de lo inconsciente en la medida en que se pueden hacer patentes sus contenidos (Jung, 1997).

Asimismo, sus contenidos se exteriorizan a través manifestaciones simbólicas, las cuales se organizan generando discursos a través de la conciencia. Entre estos discursos se encuentran los mitos, los cuentos, la poesía o el arte. Ya que el mito absorbe el simblema y se convierte en arquetipo que es forma y no contenido. Convirtiéndose en un continuo espacio temporal, sincrónico, intransitivo e inconsciente. Esto es lo que pasa con los símbolos del tarot.

Respecto a las cartas asociativas, se basan en los fundamentos teóricos de la proyección de Freud, el concepto de Apercepción Analógica de Husserl y el concepto de Esquemas disfuncionales de Jeffrey Young (2003). La fenomenología de Husserl esta muy vinculada con el concepto imaginativo de “phantasma” donde la representación del naipe suele ser sustituida por un objeto ausente que proyecta el cliente desde el inconsciente.

Sería más como una evocación, o un recuerdo narrativo de la propia biografía del sujeto, que esta vinculado a un pensamiento o conducta disfuncional; que utiliza el paciente repetidamente en su vida, porque lo tiene integrado como un esquema de actuación, por tanto, no parte de un supuesto inconsciente colectivo, sino de la memoria asociativa del propio sujeto.

Aquí evidentemente no entra el simblema junguiano como forma predictiva o intuitiva. Se trabaja más con concepto freudiano de esquemas determinados con símbolos sinicéticos inamovibles, más vinculados a lo cognitivo conductual. Aquí no hay inconsciente colectivo, ni proceso intuitivo como en el tarot. Por tanto, las cartas asociativas no dejan de ser un enfoque terapéutico integrador de varias teorías cognitivo conductuales y gestálticas. Y que funcionan en la práctica de la misma manera que el TAT.

El TAT (Test de Apercepción Temática) de Murray (1973), es una prueba proyectiva en la que, como en el Test de Rorschach, su evaluación del sujeto está basada en lo que él o ella proyectan sobre las imágenes ambiguas. Por lo tanto, para completar la evaluación, cada narrativa creada por el sujeto debe ser cuidadosamente grabada y analizada para descubrir necesidades fundamentales, actitudes, y patrones de reacción.

Aunque muchos profesionales clínicos no usan un sistema formal de puntuación, varios sistemas de puntuación han sido desarrollados para el análisis de las historias de TAT, sistemática y consistentemente. Dos métodos que son en la actualidad usados en investigación son: el DMM analizando los mecanismos de defensa: negación proyección e identificación de Phebe Cramer, (1991) y el SCQR de relaciones objétales, que se compone de la escala Q de Drew Westen, (1991; 1995), aplicada tanto para el TAT como para el Rorschach. Este último en complemento a la escala MOA (escala de mutualidad de autonomía) de Urist (1982), y el sistema comprensivo de Exner (1994). Ver post.

El TAT o test de apercepción temática se basa en la idea de que los individuos proyectamos nuestros conflictos inconscientes sobre las situaciones de nuestra vida, aunque estas no se relacionen directamente con nosotros o nuestra experiencia pasada. Y aún más, que esta repetición tiene un aspecto económico: nos evita un gasto continuo de energía. Ya que en cierta manera utiliza los parámetros de las funciones típicas de pensamiento analizadas por Jung y comentadas anteriormente, (pensamiento, sentimiento VS sensación, intuición).

¿En qué consiste esta prueba? Se trata de una serie de treinta y dos láminas con imágenes, algunas de las cuales son específicas para hombres y otras para mujeres. La consigna: de cada lámina, el sujeto debe crear una historia dramática que contenga pasado, presente y futuro, y en donde tiene que especificar qué piensan y siente cada uno de los personajes. Ver láminas:

El contenido de cada historia es después analizado con base al significado de cada lámina. Estos significados han sido determinados tras décadas y décadas de aplicaciones y evaluaciones, que han descubierto los conflictos inconscientes más comunes despertados por cada uno.

La imagen por sí misma tiene un contenido visual, pero el resto de los elementos narrativos son provistos por la subjetividad del sujeto: si la lámina muestra a una pareja, ¿por qué una persona crea una historia de separación y otra persona habla de reconciliación? ¿Por qué los dos hombres en una lámina son padre e hijo, y para otra persona son un tío y un sobrino? ¿Esa mujer ahorca o sostiene a su hija? El contenido de las historias es pues producto de la imaginación de cada persona, y esta se entrelaza con las experiencias pasadas y los mecanismos que el individuo despliega para manejar la angustia.

La construcción de una historia con tres tiempos nos habla de varias cosas. El pasado: lo que ocurrió antes, lo que llevó al conflicto o escena que se muestra, cómo el presente ha venido a ser. El presente: el conflicto o problemática actual, lo que ocurre en este momento como producto de un pasado particular. El futuro: la expectativa o fantasía acerca de cómo el conflicto podría solucionarse o proyectarse hacia el porvenir.

Por tanto, para analizar las láminas trabajamos el pensamiento y el sentimiento consciente en el presente de la escena, utilizando en la percepción nuestros mecanismos de defensa inconscientes. Proyectando una narrativa a futuro en función de una sensación o intuición inconsciente, vinculada a nuestra historia personal autobiográfica consciente. Representando de esta manera, una relación objetal concreta. De esta forma se cierra el círculo del simblema.

Pero para poder realizar todo este proceso en un test proyectivo, el inconsciente individual de cada uno de nosotros se tiene que sostener a través de lo que podríamos llamar una “matriz” del inconsciente colectivo de la humanidad, por que en resumen nuestras vidas y experiencias están repetidas en modo sincrónico con las experiencias de la humanidad a nivel de procesos de individuación o autoconocimiento.

El tarot, desde mi punto de vista, extrapolándolo del TAT y de las cartas asociativas. Puede representar unas de estas matrices de inconsciente colectivo. Pudiendo intuir la construcción de una historia desde la sensación, en forma de pasado, presente, o futuro. Eso si interpretando de una manera simbólica los naipes. Y experimentando desde la intrasubjetividad tanto del que lo interpreta como del que lo visualiza pasivamente. En otras palabras, el tarot no permite ver un pasado o futuro potencial “objetivo”, sino “subjetivo”, matizado por las vivencias, experiencias y traumas colectivos. Modos de relaciones objétales particulares y censuras inconscientes. Y esta conceptualización no deja de tener un carácter esotérico.

No olvidemos que antes de que la psicología fuera ciencia, era filosofía. Y la psicología del hombre ancestral era el mito, la narrativa del cuento y el Oráculo. Si analizamos la etimología del término “oráculo” que proviene del latín “orare”, (hablar), y el sufijo “culum”, (que denota un instrumento o herramienta; oráculo: un medio para comunicarse). Del mismo modo: “adivinar”, del prefijo “ad”, (acercarse a) y “divinare”, (que denota algo relativo a los dioses o divino). Adivinar: acercarse a los dioses.

Es decir, las formas de anticipar el futuro, es la forma más primitiva y chamánica de ejercer este oficio que hoy llamamos psicología. Será por eso que hoy el Tarot es considerado una pseudociencia y lo es; si lo que pretendemos con él es adivinar el futuro de forma objetiva.

La función del Tarot, creo yo, es ofrecer un itinerario de navegación al individuo a través de eso que Jung llamó individuación. Por tanto, científicamente no lo podemos considerar un test proyectivo. A no ser el TAT de Murray, que sí que esta validado de forma cuantitativa. Respecto a las cartas KESSEM o asociativas no dejan de ser una forma de terapia proyectiva, basada en solidas teorías psicológicas. Pero no comprobable, todavía hoy a nivel científico de forma determinante.

Bibliografía:

Boj, L. (2015) “Imágenes que Narran, Textos que Ilustran el Comportamiento Arquetípico. El Tarot y el Cuento”. Universidad de Murcia (Departamento de expresión plástica, musical y dinámica) Tesis Doctoral. Repositorio 2015.

Bruner, J. (1991). “The Narrative Construction of Reality”. Critical Inquiry, 18:1, 1-21.

Cramer,  P.  (1991). “The development of defense mechanisms:  Theory, research and assessment”. New York: Springer–Verlag

Exner, J. (1994) “El Rorschach. Un Sistema Comprehensivo”. Vol 1: Fundamentos Básicos. Rorschach Workshops. Psimática. Madrid, España.

Jung, C.G. (1997). “El hombre y sus símbolos”. Ed:  Buenos Aires: Caralt.

Lacan, J. (1953) “Le Symbolique, l’Imaginaire et le Réel. Bulletin de l’Association Freudienne”, 1, (4–13). 1982.

Murray, H. (1973). “The Analysis of Fantasy”. Huntington, NY: Robert E. Krieger Publishing Company..

Nichols, S. (2008). ” Jung y el Tarot”. Barcelona: Kairós.

Trevi, M. (1996). “Metáforas del símbolo”. Barcelona: Ed: Anthropos.

Urist,  J.  &  Shill,  M.  (1982).  “Validity of the Rorschach Mutuality of Autonomy scale:  AReplication Using Excerpted Responses.Journal of Personality Assessment” ,1982,46, (5), 451-454

Westen, D. (1991). “Clinical Assessment of Object Relations Using the TAT. Journal of Personality Assessment”, Volume 56, Issue 1 February 1991, pages 56 – 74.

Westen,  D.  (1995).” Social Cognition and Object Relations Scale:  Q-sort for projective stories (SCORS-Q). Manuscrito    no    publicado.    Departamento    de    Psiquiatría. Cambridge Hospital and Harvard Medical School, Cambridge.

Young  J.  (2003): “Schema Therapy:  A Practitioner ‘sGuide”. New York: Guilford

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