Piscopatologizar al antihéroe…

Durante esta última década, estamos viendo como el perfil psicológico del antihéroe se va posicionando con más fuerza entre nuestra cultura. Por alguna razón, han dejado de atraernos las figuras virtuosas, esas que Carl Jung (2009) definió en su arquetipo del héroe y que hacían frente a la inmoralidad y la protervia. Nuestros eternos salvadores, esos que nos traían la luz luchando contra las tinieblas, ya no nos inspiran.

Siendo yo fan de las películas de Cristopher Nolan, (por todo lo que se acerca este director a los personajes representativos de los arquetipos junguianos), sobre todo en la trilogía del Caballero Oscuro. Donde nos encontramos a un “Batman” (Christian Bale), perfecto superhéroe de las sombras, pero con moral, en los tiempos de crisis sociales. Renaciendo en la oscuridad y metamorfoseándose en las capacidades del murciélago, como arquetipo. Batman fue creado por DC Comics a principios de 1939 por Bob Kane y Bill Finger, con el objetivo de calmar a la sociedad americana de sus neuras y angustias en tiempos de crisis complicadas (crack de 1929). Véase análisis pormenorizado del perfil psico-arquetipal de “Batman” en este post.

Nos encontramos un año después de la creación de Batman a su “alter ego” personaje falible, imperfecto y mucho más creíble. Parafraseando al antropólogo Lèvi-Strauss (2006)ningún mito, leyenda o figura arquetípica es casual, porque todas estas entidades tienen su representación en el mundo real. De algún modo, hemos empezado a sentir mayor cercanía por esos personajes falibles, imperfectos y hasta faltos en ocasiones de moral: los antihéroes”. Pero ¿quiénes son? y ¿por qué nos atraen?

Parece ser que todo antihéroe que se precie debe de integrar la patologización de lo traumático y el reverso de lo cómico. El Joker es un ejemplo, y aunque en ocasiones lo concibamos como un villano, lleva en su ADN la esencia de lo antiheroico. Es un hombre con un terrible pasado que se viste de payaso, que se ríe de lo cruel y que pinta una sonrisa en un rostro marcado por la tristeza.

Pero… ¿porque siempre se tiende a patologizar al antihéroe?, “el joker” explica cómo le maltrataban sus padres de pequeño para, acto seguido, reírse de esos maltratos neutralizando así el factor explicativo sobre sus acciones en el presente. En todas las películas de Batman y caracterizaciones del Joker por actores como: Heath Ledger, Jack Nicholson, Jared Leto etc. La fuente de las acciones de su personaje emana de su libertad y no de un turbio pasado de maltratos infantiles como así ocurre en “Joker” interpretado por el sublime Joaquín Phoenix en esa gran película dirigida por Todd Phillips.

El problema y de ahí mi critica, es que la solución de la película es externa a su personaje principal; que siempre es víctima y cuando pasa a la acción lo hace desde la venganza personal. La película puede ser incómoda por este aspecto, por pensar una solución violenta individual a un sistema injusto. Pero me parece que el mensaje es anterior y exógeno al personaje. Se busca comprender y, por otro lado, que no se creen las condiciones de posibilidad potencial de surgimientos de nuevos “Jokers” dentro de las sociedades, en la vida real. Ese es el mensaje de la película, pero de una forma muy mal planteada, ya que se resta libertad de acción al personaje.

La insistencia en el carácter enloquecido del personaje refuerza la dimensión de víctima de un “Arthur Fleck” al que en realidad se le ha robado la capacidad de decidir. El Joker nunca decide y eso es un elemento trágico del mensaje político y filosófico de la película. Todo son consecuencias de sus circunstancias por asignársele a través del guion, un problema de base neurológico de incontinencia afectiva (síndrome pseudobulbar) y maltrato infantil. Según comenta Peter Vronsky (2020), historiador, escritor, doctorado en justicia criminal, productor y divulgador de documentales especializados en psicología criminal, “la mayoría de los -monstruos- no nacen, los crea la sociedad”. Por tanto, desde mi punto de vista, la conducta de un sociópata es fenotípica y no genotípica.

¿Qué le aporta a la película saber que el Joker delira, que presenta una enfermedad neurológica con trastornos de ánimo y labilidad emocional? (eso sí, magistralmente interpretado por un Joaquín Phoenix, que lo borda) ¿Que tuvo una infancia traumática, o que su madre no sea “suficientemente buena”? ¿Son dichos elementos causas suficientes para “explicar” al Joker? ¿Asesina por loco o viceversa? Da igual, porque al introducir psicologismos ya estamos extraviados. O al revés: dejamos de estar extraviados, para caminar en el seguro, predecible y literal sendero de la “anormalidad” según el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders).

¿Por qué tenemos que saber qué el Joker es así? ¿Nos deja más tranquilos? ¿Por qué el único modo de ceñir al monstruo es mostrarlo como loco, para una eventual y futura identificación proyectiva? ¿Es signo de compasión y amplitud “humanizar” al malo? ¿Humanizar debe ser sinónimo de psicologizar? Pareciera que la intención es generar en los cuerdos, la vía regia hacia la compasión, cierta módica cuota de empatía o falsa comprensión. ¿No podría haber en el antagonista de Batman más bien cinismo a secas, maldad en estado puro, y nada más?

Al proceder de este modo, se degrada el hecho ficcional, del carácter enigmático del Joker. Una contra ficción, disruptiva y genuinamente subversiva. Psicologismos que quiebran el más allá de lo escénico. Una aparente apuesta a la complejidad pero que en verdad no es nada más que la mera suma de las partes: una superposición de reduccionismos sociologistas y psicologistas que intentan estereotipar al personaje. Como diría Freud, un puro psicoanálisis silvestre del personaje.

Y como digo yo, “silvestre” y muy manido. Desde mi punto de vista, al espectador le puede interesar el origen del héroe “Batman”, no el del antihéroe Joker. Los antihéroes reales no salvan a nadie, de hecho, ya tienen bastante con poderse levantar cada día de la cama. Son figuras que pueden emerger -no siempre- a partir de la adversidad, a veces del trauma, de la pérdida o la traición. A partir de ahí crean su mundo particular, un mundo en el que rigen sus leyes y su propio sistema de valores, muy diferentes al de la mayoría.

Y son esos valores del antihéroe y no sus posibles patologías mentales, lo que me cautivan. Donde el bien y el mal se disuelven y pueden navegar en ambas esferas, donde el antihéroe es capaz de grandes proezas y de actos que vulneran por completo la legalidad. Es fácil empatizar con ellos, porque parecen más humanos. A los héroes se les admira y con los antihéroes uno se identifica, sin importarle lo más mínimo donde se genera su conducta o sus valores morales.

El antihéroe miente, puede ser cruel, traicionar y hasta matar a alguien de forma violenta. Pueden ser contradictorios, los podemos odiar a instantes y decirnos que es mejor no volver a saber de ellos. Los evitamos en algún momento porque desafían nuestros códigos éticos y morales, pero, aun así, tarde o temprano, queremos saber más de ellos… Ver otra película, otro capítulo de esa serie, leer otro cómic u otro libro. El antihéroe nunca aspirará a dejar de ser lo que es. Y nosotros, lo queremos así, imperfecto.

Por eso… ¿es necesario psicologizar al antihéroe? mediante afirmaciones de un determinismo psicológico el cual, aunque incluya a veces cierta sofisticación, tiene siempre el mismo objetivo: des-complejizar una conducta. Llevar a ficción un personaje implica admitir que la realidad supera la ficción, y que ésta necesariamente implosiona nuestros a prioris teóricos. Convengamos que no existe la posibilidad de eso que llamamos “caso” sin su ficcio-analización.

¿Pero, por qué esa necesidad de literalizarlo todo? Es como si dichos discursos “psi”, tanto los que comentan y critican muy favorablemente la película; como los que la produjeron, no pudieran soportar que el Joker… no sea puro enigma. Lo enigmático incluye por supuesto condicionamientos, antecedentes, causas, contextos, etc. Pero lo enigmático es acontecimiento porque circunscribe un más allá de cualquier lógica explicativa, sea esta uní o multicausal. Una obra o un hecho artístico es genial justamente cuando se evita la literalidad, la reducción a explicaciones concretas, aun cuando estas tiendan a cierta lectura “compleja” o políticamente incorrecta o psicológicamente desviada, en el caso de un personaje de ficción.

Hablando de enigmas, un dato en el universo de Batman: Joker es el único villano sin un origen consensuado o único. Hay distintas versiones, que son complementarias, pero al mismo tiempo contradictorias. ¿No es esto acaso, metáfora del origen de cualquier ser hablante, sexuado y mortal? Todas las personas somos contradictorias, simplemente por ser personas. Batman en este caso no ha podido descubrir quién es el Joker, de dónde viene y por qué hace lo que hace. ¿Por qué desde el poder “psi” podríamos saberlo? El detective Batman es a veces muy parecido a Holmes: sobre todo cuando sostiene, soporta y asume el enigma. Otro dato: en uno de los últimos cómics de Batman existe una especie de oráculo que le devela algo insoportable, que llega incluso a turbarlo: no hay un sólo Joker, sino al menos tres. Estamos ante el villano perfecto justamente por lo siniestro del enigma.

El progresismo neoliberal social imperante, también se aplica en Hollywood. Es peligroso cuanto menos… el querer hacer una suerte de crítica social -reduccionista- planteando que el monstruo del Joker es un producto emergente, efecto de un sistema injusto. Recordemos, que en la película el Joker empieza a realizar su catarsis cuando la asistente social le deniega la medicación psiquiátrica por falta de cobertura social. Y es cuanto menos, más peligroso sostener y luego realzar el estigma de la locura que homologa históricamente un rasgo de los villanos de Batman, quienes siempre surgieron o terminaron en el manicomio.

Pero al mismo tiempo, a contramano del ideal psicologista en el perfil del Joker, la película de Phillips incluye en su trama un elemento interesantísimo: la soledad y la tristeza del niño Batman. Bruce es un niño solo y triste estando sus padres aún vivos. Un niño multimillonario sensible, al cuidado de un mayordomo que aquí, no es ese señor con acento inglés, amable, comprensible y maternalizado, (Michael Caine) en la trilogía de Nolan. Sino más bien un guardaespaldas que lo custodia sin quererlo, en una ciudad supuestamente distópica como Gotham. Esta imagen nos genera la idea del niño rico que igualmente sufre, no con sus respectivos complejos y clichés, sino más bien con la soledad a secas, esa que da escalofríos por ser justamente lo más familiar, lo siniestro que no requiere de ningún golpe bajo para conmovernos.

Bibliografia:

Lèvi Strauss, C. (2006). “Antropología estructural: Mito, sociedad, humanidades”. México: Ediciones Siglo XXI. 2006

Jung, C. G. (2009) “Arquetipos e inconsciente colectivo” Ed: Paidós, Barcelona 2009

Vronsky, P. (2020). “Hijos de Caín” Ed: Ariel (Grupo Planeta) Barcelona.

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