Inconsciente colectivo… de pandemias, mitos, religiones y miedos atávicos…

¿Qué relación puede existir entre los arcos iris que dibujan los niños en el confinamiento y su vinculación con el origen del COVID19?, simbología y mitología de los opuestos, a través del inconsciente colectivo. Respecto a este fenómeno conceptualizado por Carl Jung, tenemos que hacer referencia a las estructuras de la mente compartidas entre los miembros de la misma especie. Según Jung, lo inconsciente colectivo humano está poblado por instintos y arquetipos; símbolos universales como el self, el alma, la gran madre, el viejo sabio, que se corresponde con el mago, la sombra, el huérfano, el guerrero, el mártir,  el árbol de la vida y otros.

Ahora bien, personalmente como buen estudioso de Carl Gustav Jung (2002) y su psicología analítica, evolutiva y arquetípica. Y siguiendo este derrotero de pensamiento encontramos que el “Yo” (self) no sólo contiene el depósito y la totalidad de toda la vida pasada, sino que también es un punto de arranque. Es como el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura. La premonición del futuro está tan claramente impresa en nuestros pensamientos más íntimos, como lo está el aspecto histórico. Estas imágenes se nos presentan como líneas indicadoras que nos muestran el camino, sin obligarnos a seguirlo. La vida no sigue líneas rectas, ni líneas cuyo curso puedan verse con gran antelación, ya que el inconsciente es atemporal y no sigue los patrones lineales del tiempo que nosotros percibimos. Cosa que yo personalmente he experimentado y he intelectualizado en algún que otro viaje iniciático; como por ejemplo en la práctica de la respiración holotrópica u holorénica para que se entienda mejor. E igual que yo entiéndase, lo han experimentado miles y miles de personas, unas de forma más consciente y otras menos.

Últimamente se está haciendo viral  la novela de Dean R. Koontz publicada en 1981 “The Eye of Darkness” que no deja de ser una estructura arquetípica quizás premonitoria en los años ochenta respecto al inconsciente colectivo pandémico que trata de identificarse con la epidemia del coronavirus la cual llena de zozobra y temor a la humanidad, También la  parapsicóloga, vidente y locutora de radio americana Sylvia Browne muy conocida por ser asidua en el programa “The Montel Williams Show” en su libro “The end of the days” publicado en 2008 hace referencia a un extraño virus pulmonar que se diseminará por el planeta en el año 2020, lástima no poder preguntarla ya que falleció en 2013. Ver: Dan Evon (2020).

Estos tipos de acontecimientos en psicología transpersonal se podrían conceptualizar como una sincronía arquetípica, es decir una coincidencia en dos planos dimensionales del tiempo, de dos o más hechos fenomenológicos acausales y circunstanciales, siendo uno objetivo a la percepción del sujeto y el otro subjetivo. Es la llamada relatividad de la subjetividad, trabajada posteriormente en cuántica por el físico Wolfgang Ernst Paulí, (1996). Especialmente cuando mediante una sincronía el ritmo de uno es especular para el otro, cosa que ocurre en estos dos casos respecto a la actualidad del Covid19. No obstante, esta fenomenología no deja de ser un aspecto inquietante respecto a los hechos que hoy en día se están produciendo y que van a hacer por lo menos que Koontz pueda reeditar su novela y hacerse más millonario de lo que ya es, gracias al inconsciente colectivo. Ver: aquí

También existe fenomenología arquetipal y sincrónica del arco iris y del murciélago. Precisamente, la simbología del arcoíris asociada a la paz y la esperanza surgió en Italia hace ya cincuenta y nueve años. Italia es en la actualidad uno de los países europeos más golpeados por el coronavirus, junto a España. Corría el año 1961 cuando se empezó a utilizar la bandera con los colores del arcoíris y la palabra “pace” (paz) entre los italianos, en el movimiento llamado “Pace da tutti i balconi”. Y  curiosamente, este fenómeno ha vuelto a rebrotar en la actualidad con la pandemia del Covid-19, que obliga a la ciudadanía a estar confinada en su casa. Otros movimientos transgresores simbolizando la libertad, también la han hecho suya como el movimiento LGTB. A destacar también” el  Mago de Oz”, obra literaria, escrita en 1900 por Lyman Frank Baum, quién buscando distanciarse un poco de los siniestros arquetipos de los cuentos Europeos, escribió una fábula cuyos personajes reflejaban esperanza en el género humano. Posteriormente Victor Fleming en 1939 realizó la película homónima protagonizada por Judy Garland con el fin de, en cierta manera, paliar a nivel psicológico el derrumbe social del crack de Wall Street de 1929. De ahí el icónico tema “somewhere over the rainbow” considerado como mejor tema musical del siglo XX.

De la misma manera otro tema icónico del siglo XX, es el álbum de Rock Psicodélico de 1973 “The Dark Side of the Moon” compuesto por el grupo inglés Pink Floyd. Este es un álbum conceptual, cuyas canciones hablan de las psicosis humanas, de la fama y el siniestro poder del dinero, temas que contrastan no solamente con las ideas de la película de Fleming, sino también con el contexto, pues la Inglaterra de los Pink Floyd, se caracterizaba especialmente por la aversión que sentían los jóvenes por las macro-estructuras sociales como el estado, la religión, la escuela y por último la familia. Por tanto las sincronías arquetipales entre el Mago de Oz y Pink Floyd son más que evidentes.

Seguramente, Isaac Newton nunca se imaginó las repercusiones simbólicas y sociales que tendría cuando en 1667, descubrió que la luz solar se fragmentaba en siete colores al dejar pasar un rayo de luz en un recinto oscuro. Pero, ciencia a parte, el arco iris existe desde que la humanidad lo ha podido percibir y tiene mucho que ver con sus opuestos arquetípicos que son ni más ni menos que los murciélagos: para algunas culturas occidentales seres del inframundo y para otras culturas orientales animales con poderes sobrenaturales. ¿Ahora entienden porque digo lo del inconsciente de los opuestos (arco iris/Wuhan/murciélago)? El inconsciente siempre funciona con la unión de los opuestos y su armonía, (la enantiodromía de Heráclito). De hecho en el mundo consciente tanto los psicólogos clínicos, como los psiquiatras cuando observan un cuadro de neurosis aguda, comentan “ha entrado en enantiodromia”, concepto que etimológicamente procede del griego enantios=contrario/dromo=carrera, que sería algo así como correr en sentido contrario y que es realmente una palabreja muy difícil de pronunciar.

El mito dentro de la simbología es, ante todo, una forma de expresar, comprender y sentir el mundo y la vida, diferente de como lo haría la lógica. El mito tiene un lenguaje más emotivo y lleno de imágenes y símbolos que expresan algo que no puede traducirse al lenguaje corriente. Las imágenes del pensamiento mítico no se dirigen al entendimiento, sino a la fantasía y a la sensibilidad; por eso tienen una fuerza expresiva intraducible. No se puede entender el imaginario colectivo desde la psicología sin las aportaciones de Jung que estiman que las imágenes oníricas son una expresión del inconsciente y de nuestro mundo simbólico a través de la cultura, las tradiciones y sobre todo los sueños.

En la mitología griega, Iris era la diosa del arco-iris, que viajaba a la velocidad del viento y unía los cielos y la tierra, o más bien el mar y el cielo, ya que los griegos observaban el arco-iris formarse en las costas. Iris hija de Taumante y Electra dioses marinos, tenía una hermana gemela llamada Arke (Arce). Si Iris fue mensajera de los dioses, Arke lo era de los titanes, Iris representa al primer arco-iris que se ve, Arke al segundo más débil y con los colores invertidos que se ve más lejos. Cuando los dioses vencen, Zeus arranca las alas iridiscentes de Arke y la envía al Tártaro (inframundo) con el resto de los Titanes. El icono de Iris es el arco-iris, que encierra a una estrella; el uso de la estrella sería luego muy común en todos los futuros grifos mitológicos que dan nombre en la astrología a los asteroides del cinturón de Orión. Tanto Arke como Iris tenían otras tres hermanas: La harpía Celeno,(nube oscura) Aélo (tempestad) y Ocitóe (ala rápida o viento)  eran mujeres aladas que equilibraban el cielo y los mares y las que en la mitología romana se convertirían en sirenas.

En la mitología romana según Ovidio: las hijas de Minia y de Tebano, eran tres: Iris, Clímene (la griega Celeno)  y Alcítoe (o Alcátoe que sería la griega Arke). Las denominadas Miniades, rehusaron asistir a la representación de las orgías de Baco, sosteniendo que Baco no era hijo de Júpiter, y, mientras todo el mundo fue a las fiestas, ellas continuaron trabajando. De repente un ruido confuso de tambores, flautas y trompetas, llenó la casa. Iluminada de repente de antorchas, de lucientes fuegos y resonando al mismo tiempo, seres alados con horrendos alaridos, surgidos de la noche. Espantadas, las Miniades quisieron ocultarse, pero les alcanzó la venganza de los dioses y fueron transformadas en estos seres… o sea, en murciélagos.

Iris es la escucha, la que guarda o trasmite los secretos que le son confiados; la diligente que hace sus labores sin demora y sin distracciones. Es la secretaria eficiente, la que toma las notas y deja todo listo para su patrón o patrona. Pero Iris es también la que brilla, la de los colores, las imágenes de calma tras la tormenta; la podemos también vincular a la medicina y a la óptica, al arte visual como el cine o a la física cinética. Iris en su aspecto negativo es la que riega chismes, la que oculta verdades importantes, la que enreda los compromisos y complica los acuerdos y trae malos entendidos.

En las culturas aborígenes de nordeste de Australia, El acrónimo de la diosa Iris de la mitología grecorromana es la Serpiente Irisada o Serpiente Arco Iris, esencia del agua, “causa primera de la creación y la fecundidad”, en palabras de Eliade. Tras la salida del sol y el comienzo de la ensoñación, la serpiente dio lugar a los wondjinas, seres celestiales con forma humana, sin boca y con la cabeza en forma de casco de astronauta, muy populares en las pinturas rupestres. Estos jugaron un papel parecido al de los seres sobrenaturales de los arrente (pueblo aborigen del norte de Australia situado a los alrededores de la cordillera de MacDonell), dando forma al paisaje y otorgándole la vida a los seres humanos Los argonautas o wondjinas también luchaban con las harpías en la mitología griega. Luego, volvieron a convertirse en la serpiente Arco Iris, que sigue viva en los pozos de agua del desierto, en los nubarrones de lluvia y en los hijos que esperan la ocasión de encarnarse en el seno de las embarazadas. La espiritualidad moderna quiere ver también el espíritu de la serpiente vs murciélago en los arcos iris, en el reflejo de la luz en el agua, en las cascadas o en minerales, como el cuarzo y la madreperla.

Los indios nahuas y pueblos prehispánicos también tenían una serpiente irisada que se situaba en las entradas al inframundo, constituía un eje cósmico: contenía los colores de los cuatro rumbos cardinales. Esta serpiente de fuego o Xiuhcótl es la energía  nahual de los dioses como Huitzilopochtli, Xólotl, y Tlahuizcalpantecuhtli, y se encuentran en varias representaciones a lo largo de México. La misión del arco iris es retener las aguas en el inframundo impidiéndoles que salgan, por eso retiene el agua en sus entradas, Xiuhcólt es quien guarda la lluvia.

Para los pueblos nórdicos el Arco Iris (Bifröst), representaba también el enlace entre la Tierra, habitada por los enanos, gigantes y otros seres del mundo inferior u oscuro, y la morada de los Seres Superiores, Elfos, Héroes y Dioses. Estos Dioses construyeron el Arco Iris como puente entre Asgard y Midgard y pusieron junto a él un guardián, Heimdall; éste montaba guardia permanente, especialmente contra los gigantes, enemigos de los Dioses. Según la tradición también, era utilizado por las Valkirias, vírgenes guerreras e hijas predilectas de Odín, para descender a la Tierra montadas en sus caballos alados, en dirección a los campos de batalla, de donde volvían de nuevo al Walhalla siguiendo la senda del Arco Iris y llevando con ellas el alma de los guerreros muertos con honor en la batallas. Eso sí, Thor tenía que  cruzar a pie ya que el trueno y el relámpago que acompañan a su carro, podrían deshacer el equilibrio del Bifröst. Los celtas también tienen respecto al arco iris una imaginería parecida, con sus duendes que escondían calderos de oro para que el héroe los recupere llegando al extremo del arco iris.

Volviendo a México en su cultura precolombina encontramos la leyenda de Oaxaca o el murciélago del arco iris Que es una escenificación de la conversión de Iris a murciélago como ya comentaban los romanos. Y también antítesis de la serpiente irisada australiana. Hacerse notar que en la simbología la serpiente y el murciélago son los opuestos. En el “Chilam Balam”, libro maya, se menciona la destrucción de uno de sus mundos debido a un diluvio terrible, lo mismo que en la Biblia y el antiguo testamento. Terminada la catástrofe, un arcoíris apareció como signo de que una nueva edad debía comenzar. A través de la diosa Iris que en Maya es Ix Chel que se complementaba con un murciélago en su panteón de deidades: el dios Zotz, éste se representaba como un humano con la cabeza y las alas extendidas de los murciélagos y lo reverenciaban sacrificándole animales y llevando tamales y flores. Los mayas lo consideraban como el dios del Mal  y ahora sabemos que ya desde entonces tenía capacidad de transmitir la rabia; no se ha podido comprobar su presencia en los restos humanos que han llegado a nuestros días. Evidentemente, todo indica que ese temor o miedo atávico que sentían, junto con  la adoración que profesaban al murciélago estaba íntimamente relacionado con la presencia de rabia a nivel pandémico, pues en el Popol-Vulh se hacen referencias directas de que los murciélagos eran transmisores de esta enfermedad. Pueden observarse imágenes de esta figura en columnas de piedra, jeroglíficos y jarrones de arcilla que fueron hallados en las excavaciones cerca de los templos precolombinos de hace 2000 años. Grimal, (1973).

El jurista milanés Andrea Alciato (1531) muy conocido por sus emblemas, en su emblema LXII, dedicado al murciélago que aparece al atardecer: comentaba que sirve para designar a los hombres de mala fama, que no salen de casa ni a lugar público por temor a la justicia, a los filósofos que están ofuscados y sólo ven falsedades y a los astutos que hacen obscuros manejos y no tienen crédito en ninguna parte. En Erwin Panofsky (1955).

El mito más vinculado a la imagen del murciélago quizás sea el del vampiro. Imaginería que se introdujo en la leyenda moderna cuando los exploradores de la América Central descubrieron un murciélago con horribles costumbres alimenticias. A este desafortunado murciélago se le ha asignado el papel de villano en las historias de terror tradicionales. Se encuentra en el folklore de todos los países y en la literatura con el célebre “Drácula” de Bram Stoker, basado en la historia y vida de Vlad III (Vlad Tepes 1456-1462) príncipe de Valaquia que vivía en Transilvania. Otro icono de la literatura e imaginería popular es “Batman” antihéroe de DC comics. Respecto a este tema, interesante el análisis que realicé de la sombre del héroe traumatizado respecto a la trilogía “El caballero oscuro” que Christopher Nolan hizo del personaje de Batman. Ver: aquí

En un giro de ciento ochenta grados, la mitología china arroja una luz positiva sobre los murciélagos, de hecho en la actualidad sabemos que los murciélagos regulan el ecosistema a través de sus ultrasonidos y ecolocación. Los chinos los veían como símbolo de buena suerte. Para la cultura china el arco iris es una abertura en el cielo por la diosa Nüwa sellada con piedras de cinco colores diferentes, (los siete chakras, las siete notas musicales y los siete colores de Iris, hacerse notar que solamente se suelen distinguir cinco colores a nivel perceptivo visual, de ahí las cinco piedras y no siete). Asimismo, en algunas leyendas chinas se relatan la metamorfosis de un ser inmortal en arco iris enrollado como una serpiente. Para los tibetanos el Arco Iris es siempre un signo positivo. En muchas leyendas suele aparecer en el momento de la muerte de un lama, un yogui o un ser realizado espiritualmente, significando la importancia benéfica del evento.

En el oeste americano, tanto los apaches como las tribus de indios hopis desde Arizona al noreste de México y  los cherokees desde Alabama a Carolina del Norte también disfrutaban de los murciélagos y veían su presencia como símbolo de que algo bueno iba a suceder. El misterio de la creación es a menudo explorado en la mitología, y el murciélago es, sin duda una criatura misteriosa, diferente a cualquier otra, debido a sus hábitos y la apariencia física única, al ser el único mamífero alado del planeta.

Mención aparte tiene la Biblia y su representación del arco iris en el Génesis 7:12 vinculado a una cuarentena. Según el Antiguo Testamento, el arcoíris fue creado por Dios tras el Diluvio Universal, como castigo a los hombres por sus pecados. En el relato bíblico, del arco iris aparecería como muestra de la voluntad divina y para recordar a los hombres la promesa hecha por el propio Dios a Noé de que jamás volvería a destruir la tierra con un diluvio después de cuarenta días y cuarenta noches. Es decir una cuarentena (número mágico)  o cuaresma.  Fue en el año 1844, en las ruinas del palacio asirio de Nínive, cuando el arqueólogo Austen Henry Layard (1882) encontró las primeras tablillas de escritura cuneiforme que se referían al diluvio universal como relato histórico desafectado de componente mitológico bíblico. Y que se incluyeron  en otra antigua representación del arcoíris, la que se da en la epopeya de Gilgamesh, donde el arcoíris es el “collar de pedrería de la gran madre Ishtar” que levanta hacia el cielo como una promesa de que “nunca olvidará estos días la gran inundación” que destruyó a sus hijos. George Andrew, (2003).

En la narración del Génesis, la orden dada por Dios a Noé era incluir en el arca durante los cuarenta días que duraría el diluvio. Una pareja de cada especie de animales para después poder repoblar la tierra. Dios incluiría a todos los animales, desde vertebrados a reptiles, pasando por mamíferos, aves y hasta invertebrados. No obstante, Dios dividió el número de individuos de cada especie según fueran”‘ animales puros” o “animales impuros” en función de que pudieran ser potenciales animales sacrificados para sus ofrendas. De los primeros se incluirían siete parejas: macho y hembra. Mientras que de los segundos, por el contrario, únicamente se incluiría una pareja. Y también se vetaron a ciertas especies de animales nocturnos entre ellos el pobre murciélago, junto a lechuzas, búhos y topos (Levítico: 11, 19 – Deuteronomio 14:18 – Isaías 2:20), hacerse notar que para la Biblia el murciélago es un ave y no un mamífero.

Para la Iglesia católica el número de cuarenta días tanto en el antiguo como en el nuevo testamento siempre ha sido un tiempo de penitencia, marcado por el ayuno. La Cuaresma se prolonga durante seis semanas hasta el sábado Santo. Como los domingos no se ayuna, el número cuarenta se obtiene multiplicando las seis semanas por los restantes seis días de la semana (6×6=36) y se agregan cuatro días. De ahí que comience el miércoles de ceniza. Moisés guió al pueblo de Israel durante cuarenta años por el desierto hasta la Tierra Prometida y pasó cuarenta días de oración en el monte Sinaí. Los doce espías de Israel exploraron la tierra de Canaán durante cuarenta días. Goliat desafió a los israelitas por espacio de cuarenta días hasta que fue vencido por David. El profeta Elías pasó cuarenta días en ayunas en el desierto hasta encontrarse con Dios en el monte Horeb. Cuarenta días pasó Jesús en el desierto y tras su supuesta crucifixión. El tiempo en el que tardó en aparecerse a sus discípulos fue precisamente de cuarenta días antes de la Transfiguración. El profeta Ezequiel vio al Cristo en la transfiguración como un brillante arco iris radiante. La “Shekinah” judía también ilustra la aparición de Dios (Iahvé) en una nube rodeado por un arco iris.

Pero también, la biblia a partir de la Edad Media es la representación de los opuestos y se convierte en un relato neurótico, (entrando en enantiodromia). De hecho a partir del siglo IX las formas del imaginario bíblico no eran homogéneas, más bien eran imaginería neurótica, por decirlo de alguna manera. A nivel sociocultural, grandes poblaciones estaban esparcidas por extensos territorios, en una época en la que las comunicaciones y los intercambios lingüísticos eran lentos, fragmentados y de baja densidad. Por tanto, convivían diferentes comprensiones cognitivas y duales respecto a los opuestos a la divinidad. Es latente, entre el siglo IX y el XI, como comenta el teólogo y antropólogo Volney Berkenbrock (2002), (profesor de ciencia de religión de la Universidad Federal de Juiz de Fora, en Brasil), que la versión caricaturizada del “diablo” como un ser rojo y con cuernos era consecuencia de lo que el cristianismo procuraba combatir en sus comienzos. Que eran las creencias mitológicas grecorromanas, explicadas anteriormente. El cristianismo cambió de repente el modelado del mal en sus escritos. Y lo que llamamos “ángel caído” pasa a tener una estructura isomorfica de animal, alternando macho cabrío y murciélago o serpiente irisada.

 En el mito judío de Adán y Eva, en la cultura hebrea tiene una morfología arquetipal de serpiente, coincidiendo con las culturas precolombinas y occidentales. Pero a partir del año 1000 DC. Y para luchar contra las culturas grecorromanas imperantes, el lado oscuro del relato bíblico cambia a una proyección de un infierno y un diablo de apariencia grotesca entre humano y animal. Y siendo muy poco creativos, hay que decirlo, eligen al mito del dios griego “Pan” siendo su analogía romana “el Fauno”.

“Pan” tiene diecinueve genealogías diferentes; en la mayoría de ellas su padre fue Hermes, en tanto que el nombre de la madre varía (usualmente ésta pertenecería a la raza de las ninfas; una hija de Dríope, Timbris, Sose, Calisto u Orneo). El semidiós Pan era el protector de los pastores y la inmunidad de los rebaños (ya que era mitad hombre mitad cabra)  en la mitología griega. Ojo con este dato de “inmunidad de rebaño” muy utilizado para la virología; “pandemia” viene del prefijo “Pan” todo y “demos” pueblo. Y es precisa a este respecto. También “Pan” era el dios de la fertilidad y la sexualidad masculina, por su extraordinaria potencia y apetito sexual.

La figura más icónica del “demonio”, (daimon, según Jung: fuerza interior)  el ser rojo, con cola, cuernos y tridente, es una construcción paulatina y gradual. Se basa en el dios “Pan” o en el “Fauno” (mitad hombre, mitad cabra), como hemos comentado anteriormente, al cual se le añade un tridente para que pueda también luchar no solo en la tierra contra los mitos grecorromanos terrestres, sino también en el mar, contra ”Neptuno y Poseidón”. Y se le da el color rojo en honor a “Seth” dios egipcio del desierto con carácter iracundo que protegía de las tormentas de arena. Por tanto, figura temida por los egipcios, ya que para ellos las plagas y las tormentas de arena eran lo más devastador. Además Seth es el hermano de “Osiris” dios inventor de la agricultura que murió ahogado en el Nilo por su hermano y que resucito de los muertos por los poderes de sus hermanas “Isis y Neftis”.

Por tanto, se inicia a partir del siglo XI un proceso de sistematización dogmática de la figura del diablo como miedo atávico, que intenta reunir en una síntesis tanto la teología cristiana como las representaciones del imaginario social de la edad media. Y al mismo tiempo va al socorro de las necesidades políticas en un mundo medieval que empieza a desmoronarse a causa del hambre, las pestes y el lento desmoronamiento del sistema feudal. De ahí que el diablo asumiera sus características inhumanas a partir del siglo XI. De hecho “Pan” se asigna en medicina a todo malestar global que causa destructuración psicológica de ahí “panofobia”, miedo irracional y enfermizo que puede generar muerte. O en la religión  “pantheón” lugar de los dioses (cielo), “pandemónium” lugar de los demonios (infierno).

Otras veces el Génesis, también representa al diablo como murciélago, por tanto volvemos a reconectar con lo oscuro y los miedos atávicos de infecciones que acechan al ser humano a través de plagas y pandemias que  lo pueden erradicar del planeta a través de virus cuyos reservorios suelen ser los murciélagos. Pensemos que “Satán o Satanás” en hebreo significa adversario al que hay que vencer. La condición del murciélago como animal nocturno ha servido para incluirlo entre los animales satánicos. Pero, además, su figura, como la del diablo, se asemeja a una pequeña caricatura humana. Según Jurgis Baltrusaitis (1983), las primeras representaciones del Diablo con alas de murciélago son del siglo XIII. En la antigua Roma, el divino Basilio (Basilio el grande, filósofo capadocio, obispo de cesárea, 330-379 DC) escribió: “el murciélago por naturaleza está relacionado con el demonio”. En el período Barroco también se le consideraba el símbolo del anticristo y por tanto del demonio. Esto explica por qué el arte cristiano representa al demonio y a su séquito infernal con las alas de murciélago, mientras que a los ángeles se les muestra con alas de pájaro.

Murciélagos y serpientes son por naturaleza enemigos (las serpientes cazan murciélagos) y también estas dos especies son los reservorios más generalizados en los laboratorios para analizar virus (el murciélago es el más contagioso y epidémico para el ser humano por ser mamífero de sangre fría y la serpiente es en la que se encuentran los antídotos y las vacunas) de ahí que el símbolo de la medicina y la farmacia sea una serpiente con la vara de Esculapio para los romanos o Asclepio para los griegos dios de la medicina que resucitaba a los muertos y en su “pantheón” se encontraron las serpientes muertas con las que curaba. Cedenilla, (1994). Por tanto la serpiente y el arco iris son la esperanza de la curación o redención del hombre respecto a plagas o desastres de la naturaleza.

Los discursos en el tiempo lineal cronológico aparecen como las olas en una playa, según uno alcanza cierto rigor ya viene encabalgándose el siguiente, así ha sido a lo largo de la historia con la sucesión: magia (mitos y leyendas), religión, ciencia y psicoanálisis freudiano y junguiano (considerando a estos como rama de la psicología menos cientificista).

El miedo existe porque ha servido para algo. Y el pánico al contagio o a lo infeccioso, es uno de nuestros miedos más atávicos. En parte, estamos vivos porque tenemos ancestros que alguna vez vieron a alguien muy enfermo y dijeron “uy, qué horror”, y se alejaron. O sea, es muy comprensible que el coronavirus nos aterre más allá del cálculo racional. Porque si fuéramos tan sapiens, tendríamos una plantilla Excell en la cabeza que nos diría que es mucho más probable morir de enfermedades cardiovasculares que de COVID19. Y les tendríamos terror a las hamburguesas. Pero como arrastramos miedos atávicos, no tenemos los miedos bien calibrados. Les tenemos más terror a los aviones que a los coches, lo que estadísticamente es absurdo. Y le tenemos mucho más miedo a la sangre, a las arañas, a las serpientes y a los murciélagos, que a realizar deportes de riesgo, tipo paracaidismo, parapente, rafting etc. Así que sentir este pánico al contagio es un poco inevitable. Pero tenemos que ser conscientes de él y regularlo, porque darle rienda suelta es peligroso. Y  mientras.. Está bien, para calmar nuestro inconsciente colectivo durante el confinamiento,  el dibujar arco iris y colgarlos en las ventanas.

Bibliografía:

Baltrusaitis, J. (1983):“La Edad Media fantástica”, Cátedra, Madrid.

Cedenilla, M. A. (1994): “Murciélagos: amigos en la sombra”, Geo, n.° 86, pp. 100-108.

Evon, D. (2020). “Was Coronavirus Predicted in a 1981 Dean Koontz Novel?”. Snopes. Rescatado de: Ver

George, A. (2003) “The Babylonian Gilgamesh Epic”: Introduction, Critical Edition and Cuneiform Texts. Oxford University Press. Vol 1 p. 63

Grimal, P. (1973): “Mitología de las estepas, de los bosques y de las islas”, Ed. Planeta, Barcelona.

Jung, C.G. (2002).”Obra completa de Carl Gustav Jung. Volumen 9/1: Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (1934-1954)”. Editorial Trotta.

Layard, A. H. (1882). Nineveh and its remains. The classic journal of an archeologist’s journeys in Persia”. (2001 edición). Canadá: The Lyons Press.

Panofsky, E. (1955) “El significado en las artes visuales”. Madrid: Alianza Forma, (4ª ed. 1985)

Pauli, W. (1996). “Escritos sobre física y filosofía”. Traducción de M. García y R. Hernández. Incluye el artículo «La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler, que acompañaba los escritos de Jung en La interpretación de la naturaleza y la psique. Madrid:

Verkenbrock, V. (2002) “Oraçóes do Judaísmo, Cristianismo e Islá”. Faustino Teixeira; Año: 2002.

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2 respuestas a «Inconsciente colectivo… de pandemias, mitos, religiones y miedos atávicos…»

  1. Hola José. Muchas gracias por este artículo. Llegué a él buscando información sobre el murciélago y su simbología, ya que soñé hace días con un murciélago volando sobre mí en plena noche. He dado aquí con la información precisa que buscaba. Gracias de nuevo.

    Ignazio.

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