Extracción de recuerdos con hipnosis… ¿falacia cinematográfica?

La hipnosis, normalmente tiene muy mala prensa y esto se debe a esa publicidad que se hace de ella en los ambientes cinematográficos y teatrales; que nos hacen creer que el paciente de esta técnica, entra en “trance” y pierde la voluntad. Siendo el terapeuta el que pasa a tener el “control” para guiarle según sus directrices. Pero realmente es todo lo contrario. La persona hipnotizada escucha perfectamente lo que dice el profesional, en un estado de gran concentración. No está dormida o inconsciente, sino despierta y lúcida. El paciente tiene intacta la voluntad, hasta el punto de que, si no quiere ser hipnotizado, no va a entrar en trance porque mantiene conservada en todo momento la capacidad de tomar decisiones y nunca hará nada que no desee. Pudiendo salir él mismo, del estado hipnótico voluntariamente y de forma consciente, cuando crea conveniente.

Según la Doctora Costa; La hipnosis es un estado mental voluntario y confortable, con diferentes grados de profundidad focal, caracterizado por una reducción de la actividad sensorial periférica, en el que se mantiene una concentración especial, con una suspensión voluntaria de la capacidad analítico lógica propia del hemisferio cerebral izquierdo, lo que conlleva un acceso más fácil a los procesos inconscientes, facilitando la búsqueda de respuestas internas.

La hipnosis se ha practicado durante siglos bajo distintos nombres, los egipcios lo practicaban en “los templos del sueño” y Franz Mesmer (1734-1815) lo comenzó a estudiar a nivel clínico en Viena a mediados del siglo XVIII. Actualmente sabemos que es el propio paciente el que provoca los cambios con la guía del profesional. Dichas transformaciones se ocasionan desde el interior más que desde el exterior. En la última década, los psiquiatras han descifrado el enigma del desencadenamiento del proceso hipnótico en el cerebro, en función de los neuropéptidos que regulan el sueño y los procesos circadianos. La endorfina, hormona natural que se vincula a los opiáceos endógenos que regulan la respiración y el dolor. Y el hemisferio cerebral derecho vinculado a las estructuras sensoriales, creatividad, sueños e imaginación. A través de estas estructuras cerebrales se produce lo que se denomina la conexión hipnótica.

Esta conexión se realiza a través de la comunicación. Que hace que el paciente enlace las imágenes de su hemisferio derecho y la actividad del izquierdo, a través de una estructura tubular de su cerebro, llamada cuerpo calloso. En ella se alojan una serie de fibras nerviosas que actúan como mensajeros entre el lado cerebral derecho y el izquierdo. Los mensajes que se realizan a través de la comunicación paciente / terapeuta, se pueden considerar autosugestiones o heterosugestiones que viajan desde la imagen visualizada en el lado derecho del cerebro al lado izquierdo para ser actualizados.

La hipnosis simplemente es un proceso de comunicación terapeuta / paciente. El antropólogo Albert Mehrabian (1981), descubrió que la información que extraemos de una conversación nos llega en un 7% por las palabras, un 38% por el tono de voz y un 55% por el lenguaje corporal. Además, hay que considerar los otros sentidos aparte de la vista y el oído: el olfato, tacto y gusto que también exploran en una comunicación. No es tanto lo que se dice, sino como se dice, lo que hace la diferencia. El terapeuta tiene un objetivo en la comunicación; se da cuenta de las respuestas que obtiene y va cambiando la técnica (lo que hace o lo que dice) hasta obtener la respuesta conductual optima del paciente que regule, el objetivo compartido que se tiene como finalidad. El significado de la comunicación es la respuesta que se obtiene.

La comunicación es un círculo; lo que hace el terapeuta influye en el paciente, y lo que el paciente haga influye en el terapeuta; no puede ser de otra manera. El profesional puede hacerse responsable por su parte en el círculo. Influyes en las personas y la única opción es la de ser o no consciente de los efectos que creas. Cuando dos personas están en sintonía, la comunicación parece fluir; tanto sus cuerpos como sus palabras están en armonía. Lo que decimos puede crear o destruir la sintonía, pero eso forma sólo el siete por ciento de la comunicación. Y es ahí donde se produce el “trance” hipnótico, a través de la transferencia.

Los hechos traumáticos inconscientes que se producen en la infancia o juventud, no se olvidan, pero tampoco se tienen porque recordar a través de la hipnosis en procesos posteriores a los hechos. Existe el llamado, síndrome del falso recuerdo. Richard Ofshe (1994), profesor de socio psicología en Berkeley, escribió junto con Ethan Watters, un alegato contra el movimiento de ‘recuperación de la memoria’ titulado ‘Haciendo monstruos: Memorias falsas, psicoterapia e histeria sexual’; ganando el premio Pulitzer. Ofshe cree haber recopilado suficientes evidencias como para afirmar que la gente no sólo construye falsos recuerdos, sino que encima se los cree por completo.

La controversia comenzó en los EEUU a mediados de los años ochenta con una oleada de recuperación de recuerdos de víctimas de abusos sexuales infantiles. Un número creciente de personas se sometían a tratamientos psicológicos en los que aparentemente rememoraban horribles agresiones sexuales en el seno familiar, casi siempre por parte del padre. Y a nivel judicial, era lógico que a menudo tales descubrimientos dieran lugar a procesos penales contra sus horrorizadas familias. Honrados padres de familia acusados de pasadas perversiones por sus propios hijos se defendieron agrupándose y denunciando que se trataba de recuerdos inexistentes, de falsa memoria que nunca habían ocurrido.

No obstante, los partidarios de la autenticidad del fenómeno creen que la mente tiene gran capacidad de reprimir determinados recuerdos, que pueden hacer desaparecer todo rastro de abusos traumáticos sufridos en el pasado, incluso prolongados durante años. Creen también que los recuerdos se almacenan en el inconsciente de forma exacta y que pueden redescubrirse, incluso revivirse años después gracias a terapias determinadas.

Esto se ve reflejado últimamente, en el argumento de una serie de televisión protagonizada por Jessica Biel “The Sinner”. En síntesis, el argumento gira en torno a una madre de familia que comete un horrible asesinato, apuñalando a un desconocido en una playa, a vista de cientos de testigos sin saber por qué. Un investigador de la policía decide reabrir el caso mientras la acusada está en la cárcel y se descubre que ésta tuvo una experiencia muy traumática de violación múltiple junto con su hermana, la cual fue también asesinada. Y todo esto lo recuerda, a través de la psiquiatra de la cárcel y de las preguntas dirigidas del policía a través de varias sesiones de hipnosis. Lo que determinará que, a través de esta declaración, la juez la condene a dos años de psiquiátrico y no a cadena perpetua.

Pero realmente ¿la extracción de recuerdos se puede realizar a través de la hipnosis? O ¿no deja de ser simplemente un recurso cinematográfico?…

Para resolver este dilema nos tenemos que remitir a lo que en psicología y dentro de las técnicas de sugestión (hipnosis incluida) se considera el “observador oculto, (Lynn, 2001). La psicología por lo general asume que en la hipnosis se pueden producir estados disociativos de la personalidad, aunque no sean patológicos. Este fenómeno se da cuando el hipnotizador sugiere a la persona que una parte de ella permanezca hipnotizada, mientras la otra no. Esta parte no hipnotizada quedará oculta durante el proceso de hipnosis, fuera del alcance de la memoria y conciencia de la parte hipnotizada. No obstante, esta parte de la persona (que es el observador oculto) podrá comunicarse con el hipnotizador cuando éste le pregunte directamente siguiendo unas claves establecidas antes de la inducción. En el estudio experimental del observador oculto se ha creído encontrar las bases experimentales para explicar la génesis de los trastornos de identidad, y para justificar, también, la capacidad de la hipnosis para acceder al “inconsciente” y recuperación de material reprimido.

Y en estos estudios se sugiere que, es la sugestión y la presión ambiental/social lo que determina que la persona actúe como si tuviera un observador oculto, y no un proceso disociativo genuino (Lynn, 2001). Teniendo en cuenta esto, no parece extraño que los resultados experimentales hayan mostrado en reiteradas ocasiones que la hipnosis no incrementa necesariamente ni el recuerdo (salvo con cambio en el criterio), ni la precisión de ese recuerdo, pudiendo incrementar la confianza en el mismo (sea o no verdadero), si bien esto depende bastante de cómo se pregunte a la persona. Por tanto, volvemos al nivel de comunicación entre terapeuta y paciente. Y no en lo que se dice, sino en cómo se dice, (Kebbell & Wagstaff, 1997).

Actualmente se considera la represión del trauma, como un constructo impreciso y difícil de evaluar y sobre el que no hay ninguna evidencia experimental (Court & Court, 2001; Holmes, 1990). Incluso aunque se hubiera dado un proceso de represión o disociación (aunque, técnicamente, lo que se reprimiría son emociones, mientras que lo que se disociaría son recuerdos), no sería prueba suficiente de que el recuerdo haya permanecido inalterado y no se haya modificado por los procesos reconstructivos y constructivos de la memoria a través de la hipnosis.

De hecho, Wagstaff, Brunas-Wagstaff, Cole y Wheatcroft (2004) encontraron que cambiando el nombre a la hipnosis por el de “Técnica de Meditación Focalizada o guiada” los efectos sobre la imprecisión de la memoria se redujeron drásticamente, si bien el incremento del recuerdo correcto no es especialmente significativo. En concreto, en los casos en los que se tiene que recordar el haber sufrido abusos sexuales que no existieron, o el haber sido sometido a rituales satánicos que nunca se dieron, o haber sido objeto de abducciones extraterrestres, o incluso en el desarrollo de potenciales personalidades múltiples. En el uso de las regresiones de hipnosis cronológicas (lo que se denomina hipnosis regresiva) como técnica habitual para acceder al material disociado, presentan también una serie de características que las hacen muy poco fiables.

Aun así, los terapeutas tienden a aceptar como ciertas las expresiones de los pacientes sobre la recuperación de recuerdos disociados, cuando se dan algunas de las siguientes condiciones: las respuestas emocionales del paciente son fuertes; o estos presentan recuerdos detallados y coherentes, o son recuerdos corporales que reflejan experiencias actuales del paciente; o cuando el recuerdo suele acompañarse de dolor psicológico, especialmente si se dan informes parecidos de otros pacientes que no se conocen. Si, junto a esto, la persona es un paciente dependiente del terapeuta y de otros ex pacientes, o se le insta a que defienda públicamente sus supuestos recuerdos (como, por ejemplo, la terapia de grupo), o se reduce el contacto con su familia, o con la figura de autoridad. Todo esto hace que el grupo refuerce sus creencias en los falsos recuerdos, y argumente en los mismos (por ejemplo, descubrir por sí mismo el abuso). En este sentido, la probabilidad de que el paciente se crea sus propias fantasías es elevadísima (Ganivan, 1992).

Aunque los recuerdos “recuperados” durante la regresión cronológica sean claros, vívidos y aparentemente convincentes, un académico de la hipnosis (Nash, 1987) concluyó, tras revisar más de cien estudios sobre los efectos de la regresión de edad sobre el recuerdo autobiográfico, que no hay evidencia sobre que la experiencia de los adultos hipnotizados corresponda a la experiencia real infantil. A nivel científico, dos aspectos comprobados e interesantes de los falsos recuerdos son, que no se pueden distinguir de los recuerdos verdaderos, y que la gente que los recuerda está segura de que realmente les ocurrió, lo que creen haber recordado. Es importante resaltar que tal incremento en la confianza es sólo un subproducto de la hipnosis (Scoboria, Mazzoni, Kirsch & Milling, 2001).

El problema que se da en la psicología forense, respecto a la extracción de memoria a través de técnicas hipnóticas regresivas, tan manido en el cine y en las series de televisión policiacas, es que, es bastante común encontrar preguntas tendenciosas y engañosas no sólo en los interrogatorios policiales, sino en las propias entrevistas de investigación realizadas por psicólogos (para algunos ejemplos tomados de casos reales forenses véase Mazzoni, 2003) y durante el diálogo terapéutico (efecto Greenspoon). En terapia, las preguntas tendenciosas guían a la persona para que dé las respuestas que se esperan de ella, las realice el terapeuta intencionadamente o no.

En definitiva, la evidencia empírica, indica que la persona hipnotizada puede y suele generar falsos recuerdos, aunque ello dependa también de factores externos a la propia hipnosis. Lógicamente, no se está diciendo que todo lo que recuerda la persona bajo hipnosis sea falso, si no que no podemos afirmar que sea cierto por haberse recordado en hipnosis. Así que la siguiente pregunta obvia es: ¿cómo distinguir un recuerdo falso de uno verdadero? Se ha constatado que no son criterios válidos, como comentábamos anteriormente, el que la persona muestre un elevado nivel de convencimiento en lo que recuerda o que dé muchos detalles sobre lo sucedido. Por otro lado, tampoco son fiables los listados de patologías, signos y síntomas asociados a abusos sexuales en la infancia, etc., pues no se ha encontrado, hasta ahora, síntomas patognomónicos sobre ellos (Brown. et al., 1998).

En definitiva, parece que la hipnosis no entraña riesgo “per se”, sino que es la propia persona, en función de las creencias que tenga sobre la hipnosis y sus propiedades sobre la memoria, o el hipnotizador con sus preguntas tendenciosas y sugestiones, sea intencionadamente o no, quienes pueden generar el problema de los falsos recuerdos. Por ello, se debería exigir un entrenamiento y formación en el uso de la hipnosis y el funcionamiento de la memoria a quienquiera que la use. A parte de tener la credibilidad académica suficiente, es decir un hipnólogo debe de ser un médico o un psicólogo.

Si se usa la hipnosis en ámbitos forenses se deberían tener, al menos, las siguientes precauciones (McConkey & Sheehan, 1995):

  • Grabar la sesión con consentimiento escrito.
  • Hacer una evaluación previa del recuerdo del cliente sin hipnosis, narrando sin más los sucesos.
  • Aplicar técnicas no hipnóticas para el incremento del recuerdo (ejemplo: recuerdo repetido).
  • Explicitar las creencias del cliente sobre la hipnosis y sus efectos en la memoria.
  • Indicar al cliente que la hipnosis puede, o no, ayudar a la memoria.
  • Evaluar la sugestionabilidad hipnótica.
  • Evaluar bajo hipnosis el recuerdo con narración libre, con y sin sugestiones de incremento de la memoria o regresión de edad.
  • Preguntar por detalles específicos sin preguntas tendenciosas, explicando que es válido decir que no se sabe, no se recuerda, o que no se entiende la pregunta.
  • Permitir a la persona que comente lo que quiera.
  • Permitir a la persona que comente lo que desee sobre sus recuerdos fuera de hipnosis.
  • Establecer cuál es el impacto que percibe la persona de la hipnosis sobre la memoria.

Bibliografía:

Brown, D., Schefflin, A.W., & Hammond, C.D. (1998). Memory, trauma, treatment, and the law. Nueva York: W.W. Norton.

Court, J.H., & Court, P.C. (2001). Repression: R.I.P. Australian Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 29, 8-16.

Ganivan, (1992). False memories of child sexual abuse. A personal account. Issues in Child Abuse Accusations, 4, 246-247.

Holmes, D.S. (1990). The evidence for repression: An examination of sixty years of research. En J.L. Singer (Ed.), Repression and dissociation: Implications for personality theory, psychopathology and health (pp.85-102). Chicago: University of Chicago Press.

Kebbell, M.R., & Wagstaff, G.F. (1997). An investigation on the confidence and accuracy of eyewitness recall. Contemporary Hypnosis, 14, 157-166.

Lynn, S.J. (2001). Informed consent and uniformed clinical practice: Dissociation, hypnosis and false memories. American Journal of Clinical Hypnosis, 43/44, 311-321.

Mazzoni, G., & Memon, A. (2003). Imagination can create false memories. Psychological Science, 14, 2, 186-188.

McConkey, K.M., & Sheehan, P.W. (1995). Hypnosis, memory, and behavior in criminal investigation. Nueva York: Guildford Press.

Mehrabian, A. (1981). Silent Messages: Implicit Communication of Emotions and Attitudes (2nd ed.). Belmont, CA: Wadsworth.

Nash, M. (1987). What, if anything, is age regressed about age regression? A review of empirical literature. Psychological Bulletin, 102, 42-52.

Ofshe, R., & Watters, E. (1994). Making monsters: False memories, psychotherapy, and sexual hysteria. New York, NY, US: Charles Scribner’s Sons/Macmillan Publishing Co.

Scoboria, A., Mazzoni, G., Kirsch, I., Milling, L.S. (2001). Immediate and persisting effects of misleading questions and hypnosis on memory reports. Journal of Experimental Psychology: Applied, 8, 26-32.

Wagstaff, G.F., Brunas-Wagstaff, J., Cole, J., & Wheatcroft, J. (2004). New directions in forensic hypnosis: Facilitating memory with a focused meditation technique. Contemporary Hypnosis, 21, 14-28.

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