Espiritualidad vs Religión en la cuarta fuerza (III parte)

Que en el nacimiento de la Psicología Transpersonal estuvieran tan presentes los estudios sobre las “experiencias cumbre” de Maslow, abría una puerta fascinante, al respecto de las experiencias intra subjetivas transcendentes. No obstante, al contrario de lo que se preveía, sus estudios tuvieron bastante repercusión negativa dentro de los círculos academicistas. Pues llevaron a que la valoración de tal tipo de vivencias en sí mismas, fueran consideradas por parte de la mayoría del “status quo” del cientificismo psiquiátrico, como experiencias chamánicas bizarras desligadas de nuestra cultura occidental.

Esto condujo a que, por aquel entonces, los estudios de Maslow se tuvieran que suavizar y que sus denominadas “experiencias cumbre” se cambiaran conceptualmente por “los estados meseta” más integradores, estables y fructíferos, a nivel de estudio; con el consabido desencanto del autor, al observar su transitoriedad y su frecuente inutilidad de cara a la autorrealización, (Maslow, 1983).

No obstante, los creadores de “lo transpersonal” no se rindieron y volvieron a contraatacar retomando los estudios del Circulo Eranos que fundó Fröbe-Kapteyn, Rudolf Otto y Jung, los cuales unían la religión y la ciencia a través del símbolo. Aldous Huxley frecuente consumidor de enteógenos en aquella época retomo la hermenéutica del perennialismo como pensamiento base. Esta corriente filosófica fue creada por el humanista italiano Agustino Steuco sobre el 1540, donde en su libro “De perenni philosophia”, desarrolló un tratado de filosofía cristiana en el que defendía la existencia de un núcleo común en la filosofía de toda la humanidad que se mantiene idéntico a través del curso de la historia.

Esta corriente fue compartida posteriormente, por casi todos los miembros de lo transpersonal, como Wilber, Assaglioli, etc. Y mucho más, después de que Grof pusiera sobre la mesa, los estudios basados en los diferentes estados modificados de conciencia en base a la ingestión de sustancias variadas: psilocibina, peyote, LSD, intentando realizar con estos una validación empírica constatable y contrastable.

De acuerdo con Aldous Huxley (1945), la filosofía perenne es la metafísica que reconoce una realidad divina substancial al mundo material, a toda clase de vida y de mente a nivel fenomenológico. La ciencia es la que, a través de la psicología y psiquiatría, debe estudiar la correlación con esa realidad divina. Y la ética, la sociología y la antropología son las que deben situar el objetivo final del hombre en el conocimiento inmanente, transcendente y universal común a todos los seres vivos.

Los rudimentos de esta corriente filosófica se pueden rastrear entre la tradición popular de los pueblos primitivos y su principal valedor: “el chamán”. En todas las regiones del mundo y en todas sus formas de transmisión social completamente desarrolladas, el chamán es el que incluye en un primer momento el lenguaje en el relato y la simbología, las cuales han tenido su eco en cada una de las grandes religiones del mundo. Por   lo   tanto, los   perennialistas   distinguen entre la experiencia mística, que es universal y atemporal. Y su interpretación, que estaría determinada por la cultura y el momento histórico.

Los aportes del famoso historiador de las religiones y filósofo Mircea Eliade (2009), miembro de Eranos. Retomó el foco de lo transpersonal, vinculando los estudios de las religiones comparadas de Rudolf Otto con las hipótesis acerca del origen del chamanismo desarrollado en los trabajos del antropólogo ruso Sergei Mikhailovich Shirokogoroff (1887 – 1939). Este antropólogo, sobre la década de los años veinte del siglo pasado, es quien toma la mayor cantidad de datos para afirmar la influencia budista de esta práctica en el este siberiano. Eliade (2009), citando a Shirokogoroff, afirma que el fenómeno del chamanismo de los “tungús”, pueblo mongol de Siberia, era relativamente reciente, en aquella época y que habría sido difundido de Oeste a Este y de Sur a Norte, con fuerte influencia del budismo.

Eliade compara las experiencias extáticas de los chamanes con las experiencias religiosas de los místicos de diferentes épocas y culturas. Para Eliade: “son posibles experiencias místicas particularmente coherentes en cualquier grado de civilización o de situación religiosa…  estas experiencias (extáticas) tienen muchas veces el mismo rigor y la misma nobleza que las experiencias de los grandes místicos de Oriente y Occidente” (Eliade, 1986).  Por lo tanto, se aleja de la visión defendida por los estudios anteriores academicistas, que habían considerado que el chamán sufría algún tipo de patología, como la esquizofrenia, la histeria o la epilepsia.

A nivel contemporáneo, Michael Harner (1929 – 2018) fue el primer antropólogo que estudió sistemáticamente la relación entre el chamanismo y el consumo de sustancias alucinógenas, y señaló el rol central de estas substancias en las prácticas chamánicas de muchas culturas, junto con la meditación. En 1973 publicó “Alucinógenos y chamanismo”, una recopilación de ensayos de diversos autores, (entre ellos, el de su amigo Stan Grof); sobre el uso de diversas plantas alucinógenas (ayahuasca, peyote y hongos), por parte de diversas culturas sudamericanas y europeas. Luego le siguieron muchos, en Europa a destacar el etnopsicólogo catalán Josep Mª Fericgla, comentado en el post anterior.

Y respecto a los estados alterados de consciencia que los academicistas vinculaban con algunas enfermedades mentales, Ronald David Laing (1927 – 1989) una de las figuras más radicales y controvertidas en el campo de la psiquiatría, en su libro “el yo dividido” afirmaba que la enfermedad mental no era una consecuencia de la propia psicosis, sino un “atascamiento existencial” en el que ciertas personas caían por una predisposición unida a ciertos condicionamientos ambientales. Según él, la posibilidad de una curación pasaba por un desenlace del proceso metanoico.

Resaltar que, en la psicología de Carl Jung, metanoia indica un intento espontáneo de la psique por curarse de un conflicto insoportable a través de su desestructuración y posterior renacimiento en una forma más adaptativa, (lo contrario a la metanoia es la paranoia, que muestra un atascamiento patológico).  Esta explicación es lo más plausible a una crisis transcendental que incluye estado modificado de consciencia. Hay que destacar que en 1973 Laing pasó un año en Ceilán estudiando budismo Teravada y practicando meditación Vipassana.

En los últimos años el término Psicología Transpersonal se ha empezado a expandir y popularizar.  Sin embargo, existe una gran confusión a la hora de definir y saber qué es y qué no es la psicología transpersonal; qué ideas abarca y qué temas pertenecen a su campo de estudio.  Ante esta situación de confusión, considero apropiado, que el lector eche un vistazo a mis dos posts anteriores, con el fin de poder sintetizar de qué fuentes ha bebido esta corriente de la psicología.

En resumen, con el fin de contextualizar, queda claro, que las fuentes principales de la Psicología Transpersonal provienen a nivel filosófico de la metafísica monista no dual. A nivel espiritual del misticismo oriental, a nivel ideológico de la filosofía perenne, y a nivel psicobiológico y antropológico del chamanismo, la investigación psicodélica y las interpretaciones alternativas de la psicosis. A partir de aquí, hablaré de religión, de espiritualidad y de ciencia, respecto a los fundamentos de la psicología transpersonal, con el fin de definir tres bloques separados pero entrelazados entre sí.

Respecto al concepto de “espiritualidad”, el orgullo identitario de especie es un sentimiento muy tramposo. Esto de etiquetar al ser humano como la única especie capaz de vivir experiencias espirituales tiene ya muchos años, incluso nos hemos autodenominado “homo religious” como queriendo distinguirnos del resto del reino animal precisamente por esta característica. Sin embargo, se ha constatado que algunos seres vivos – no humanos – muestran señales de una cierta vida espiritual o religiosa.

No somos el ombligo del mundo, existen conductas proto religiosas o de espiritualidad, en primates, elefantes, lobos, delfines, orcas, ballenas, hienas y hasta cuervos. Todas estas especies tienen consciencia de finitud, pasan duelo por la muerte de sus miembros y los honran. También a nivel etológico en todas estas especies existe una consciencia ética prosocial. Todas estas especies muestran capacidad de colaboración para el disfrute de ellos mismos o de otros, así como consciencia de justicia y deseo de ésta. Ciertos experimentos han llegado a demostrar que algunos primates están dispuestos a hacer sacrificios personales (rechazar premios) hasta que se trate con justicia a sus iguales, (De Waal, 2009). La disposición al sacrificio personal por valores éticos denota la identificación de la consciencia animal individual con sus congéneres. La capacidad de sacrificio de un animal es una estrategia prosocial para la identificación con el “Otro”.

Algunas pruebas apuntan a rituales funerarios en especies no humanas. Se ha observado a chimpancés limpiando la boca y el cuerpo del cadáver de un congénere, permaneciendo sin alimentarse largas horas. También se han observado rituales funerarios de elefantes, consistentes en una reunión de la comunidad en torno al cadáver en la que se emiten gritos de duelo cerca del cuerpo y unas horas después se alejan todos excepto los familiares más cercanos de la manada, quienes permanecen un día o más velando los cuerpos de sus difuntos. Posteriormente, durante las migraciones anuales, desvían sus caminos para pasar por el lugar en el que yacen los restos del cadáver y los familiares vuelven a llorar la muerte. De ahí la mitología de los cementerios de elefantes, (Rubia, 2015).

Se ha observado pequeños mamíferos, primates, perros, gatos y aves consumiendo conscientemente sustancias embriagadoras, enteógenas o psicoactivas comportamiento con el que el consumidor tiene voluntad de alterar su percepción de la realidad, su consciencia, y por ende experimentar la finitud abriéndose a la infinitud que los enteógenos le muestran. Es este tipo de contexto y circunstancia ¿una estrategia con el fin de evadirse de la realidad? Se sabe que, en el mundo animal, el vínculo de apego con un congénere produce efectos calmantes y si este desaparece, la búsqueda de la droga en el animal puede ser una estrategia evasiva a nivel de razones evolutivas.

Todo esto puede sonar raro o extravagante, pero ¿por qué iba la evolución natural a reservar a una única especie en exclusiva una herramienta tan útil para la supervivencia y adaptación? De la misma manera que las especies que evolucionan aisladas en ambientes similares desarrollan órganos análogos, es razonable que similares estructuras encefálicas den lugar a estrategias análogas de comprensión de la realidad. En una clave teológica, ¿por qué iba un Dios omnipotente a limitar su oferta de salvación a una especie concreta? No pretendo establecer bases para una teología animalista, no obstante, dar crédito a estos hechos puede ser útil para comprender las conductas transpersonales en el ser humano como algo natural y perenne en la evolución de diferentes especies dentro de un ecosistema.

Mucho se ha avanzado desde que el anatomista Franz Gall, a principios del siglo XIX, dijera que había encontrado el órgano de Dios en el cuerpo, lo que le valió la condenación eterna. Ahora, muchos investigadores prestigiosos están convencidos de que las redes neuronales están detrás de esa tendencia a la espiritualidad, que es innata y que se ha repetido en todas la culturas y civilizaciones, (como el chamán en sus experiencias de éxtasis). De ahí la búsqueda de su comprensión en un marco científico.

Estudiando a finales de los ochenta en Canadá, las experiencias cercanas a la muerte (ECM, s). Se ha demostrado a nivel neurológico respecto al síndrome de Geschwind, que la hiperactivación guiada del lóbulo temporal, a través de estimulación magnética transcraneal, genera que las personas analizadas tengan experiencias donde se experimentan visiones espontaneas de familiares difuntos o de personajes vinculados a su constructo religioso. En el laboratorio de neurociencia de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne, dirigido por el neurólogo Olaf Blanke, se han seguido practicando estos estudios estimulando de forma dirigida el giro angular del córtex, teniendo prácticamente los mismos resultados.

La pregunta que se plantea es ¿cuándo el ser humano comenzó a tener experiencias espirituales? En el Paleolítico Medio (entre los 130.000 y los 33.000 años a.C.) o en el Paleolítico Superior (entre los 33.000 y los 9.000 años a.C.), se han encontrado tumbas en las que se encuentran los cuerpos de los fallecidos acompañados de herramientas e implementos de caza, lo que apunta a la creencia en una vida más allá de la muerte, ya en el paleolítico medio.

El neurólogo estadounidense Kevin Nelson, en su libro “The Spiritual Doorway” (La entrada espiritual en el cerebro), dice lo siguiente: “Lo místico no está más allá del lenguaje en sentido neurológico. Está antes del lenguaje, residiendo en estructuras cerebrales arcaicas que tienen que ver con nuestra supervivencia darwiniana…”  Y viendo que los animales que tienen otros procesos comunicativos (pero no lenguaje), tienen cierto sentido de trascendencia; se corrobora la hipótesis de Nelson. Por tanto, se puede verificar que consciencia de espiritualidad de forma no dual y esotérica la tienen tanto todos los seres humanos, como algunos animales.

Lajoie y Saphiro (1992), hicieron una revisión sistemática de las definiciones de psicología transpersonal aparecidas desde finales de los sesenta, encontrando más de doscientas definiciones diferentes en libros y artículos de revistas. Realizaron un análisis de contenido de estas definiciones, señalando los cinco temas o conceptos más frecuentes que aparecerían en estas definiciones. Estos eran:

  • Los estados de consciencia;
  • Los potenciales superiores y/o últimos.
  • Ir más allá del ego o el self personal.
  • La transcendencia y la espiritualidad.

Entre los conceptos que aparecían al menos cinco veces también se encontraban otros como experiencia transpersonal, intercultural, estados internos, consciencia de unidad, holística transformación, holístico y misticismo, eso sí, nunca “religión”.

En otro orden, el catalán Noguera Ferrer (2003), cuya tesis doctoral fue dirigida por el psicólogo y filosofo Richard Tarnas, (amigo de Grof, Bateson y Campbell) el cual trabajó más de diez años en el Instituto Esalen; expresa su disgusto respecto al perennialismo reduccionista, ya que Ferrer intenta llevar la psicología transpersonal a una psicología más contextual y humanista, diciendo lo siguiente:

  • Es una postura filosófica apriorística, Favorece una metafísica monista no dual,
  • Está orientada hacia una epistemología objetivista,
  • Se inclina hacia el esencialismo y, por consiguiente, tiende a caer en el dogmatismo religioso y en la intolerancia a pesar de su alejada postura inclusivista.

En esa línea, es importante respecto a la religión cristiana o al catolicismo más expresamente, vs espiritualidad, exponer las teorías de los psiquiatras y psicólogos anti-perennialistas, más significativos que han hecho estudios importantes respecto a la espiritualidad como concepto eminentemente religioso y que opinan lo siguiente:

El psiquiatra LeShan, (1986), se expresaba con claridad al respecto:

Todas las escuelas serias de meditación, todas las escuelas serias de psicoterapia, han señalado que la búsqueda de la sensación en sí misma, más que favorecer, dificulta o impide el desarrollo interior. […] Está claro, que las realidades transpersonales nunca podrán ser descritas adecuadamente o con exactitud mediante clasificaciones jerárquicas de los caminos y perspectivas espirituales de la humanidad, establecidas de acuerdo a una realidad universal pre-dada. En contraste, las realidades transpersonales sólo son discernibles a través de una actitud dialógica, dirigida inteligentemente, y con corazón, hacia el “Misterio” que es la fuente de todo lo que existe. Por tanto, el perennialismo como tal, quizás haya que ponerlo en cuarentena en estas épocas postmodernas”.

No obstante, también sabemos por lo comentado anteriormente respecto los experimentos de Canadá y Lausanne, que existen en el cerebro estructuras que, cuando son estimuladas, son capaces de generar experiencias espirituales, místicas, religiosas, numinosas o de trascendencia. Por tanto, se demuestra la evidencia de que no existe religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión. El origen de la espiritualidad en el ser humano hay que buscarlo en los estados alterados de consciencia que se producen durante el éxtasis o trance, en la preocupación o confrontación con la muerte psíquica de nuestro “yo” o de nuestros congéneres, como pasa con algunos animales.

Cuando el ser humano utiliza ciertas técnicas como el “insight” y la meditación o ingiere ciertas sustancias llamadas enteógenas. Con ayuno, o revirtiendo la respiración (estados holotrópicos de consciencia). Todos estos, no son estados patológicos, sino una posibilidad más de expresión de nuestras estructuras cerebrales. ¿Pero la religiosidad?, ¿creer en Dios? ¿A qué se debe?

A nivel academicista y fuera de los ámbitos de los transpersonal, la evaluación sistemática del fenómeno de la religiosidad se inicia a finales de la década de los años sesenta del siglo pasado, con los estudios realizados por Allport y Ross (1967) quienes indican dos tipos de religiosidad: religiosidad intrínseca (o personalizada) cuya característica principal sería la interiorización de la creencia religiosa y religiosidad extrínseca (o socio dependiente) orientada al cumplimiento de las normas institucionales de dichas religiones.

Con el fin de contrarrestar o más bien entender el fenómeno “transpersonal” en 1976 la APA (American Psychological Association), creó la división 36, Sociedad para la Psicología de la Religión. A partir de la década de los cincuenta del siglo pasado, la “36” realizó múltiples investigaciones – buena parte de ellas desde la vertiente médica – sobre la relación entre salud, espiritualidad y religión. Tales estudios, han venido significando una nueva fase en la investigación científica, permitiendo la incorporación del estudio de la espiritualidad al ámbito académico, con el fin de que surgiera la expresión de “Psicología de la Religión y de la Espiritualidad” (Quiceno y Vinaccia, 2009) con la que ahora se denomina la división 36 de la APA. Todo esto con el fin de minorizar una psicología transpersonal menos entendible en la cultura occidental.

Las conclusiones sacadas respecto de la religión, son definidas como: un proceso de mentalización social y de adaptación al medio a través del cumplimiento de normas y rituales. Donde los procesos cognitivos son duales y exotéricos: “lo que se muestra”, (no confundir con esotérico que es lo contrario). Sperry y Shafranske, (2005) señalan que las definiciones de espiritualidad y religiosidad que obtienen mayor consenso son aquellas que se refieren a la espiritualidad como una realidad “incorpórea” orientada a la trascendencia, y referida a la experiencia religiosa personal, y en la que la religiosidad es entendida como una entidad social que posee una teología, un conjunto de tradiciones, normas y rituales definibles.

Una diferencia sustancial es que el concepto de religiosidad incluye aspectos individuales e institucionales, mientras que la espiritualidad es un fenómeno solamente individual, identificado con aspectos de trascendencia personal y una fuente de significado para eventos de la vida (Miller y Thoresen, 2003).

Para Sánchez Corral (1995) existe una psicología social, vinculada a los conflictos religiosos, desde una vertiente cognitiva. Diferenciada en siete categorías diferentes, respecto al conjunto de patologías y desordenes psíquicos:

  • TEORÍA DE LA RELIGIÓN COMO RESPUESTA A LA FRUSTRACIÓN. Existen distintas clases de frustración: económica, sexual, estatus social, soledad, temor a la muerte, enfermedad, etc., donde la religión alivia o ayuda a sobrepasar la dificultad. Desde esta interpretación, la religión sirve para acallar y apaciguar las necesidades humanas.
  • TEORÍA DE LA RELIGIÓN COMO CONFLICTO INTERNO. La religión es producto del conflicto entre dos partes de la personalidad confrontadas y no asimilables (neurosis), en particular entre el superyó y los instintos: “Los religiosos son intropunitivos (agresión hacia uno mismo), tienen un fuerte superyó y experimentan sentimientos de culpa.” (Sánchez-Corral, 1995: 22). Esto se ve claro en el catolicismo y la semana santa.
  • TEORÍA DE LA RELIGIÓN COMO FUENTE DE DIVISIÓN, DE NARCISISMO Y PARANOIA. Creencia en la posesión de la verdad absoluta, en ser los privilegiados verdaderos hijos de Dios. “Los ‘inspirados’, que han originado las nuevas religiones y las reformas, sintiendo obedecer mandatos directos de Dios y cumpliendo ‘misiones especiales’, en muy poco se diferencian de ciertos enfermos paranoicos” (Sánchez-Corral, 1995: 26).
  • TEORÍA DE LA RELIGIOSIDAD COMO CAMPO FÉRTIL DE FENÓMENOS PSICOPATOLÓGICOS. Las revelaciones de inspiración divina están muy relacionadas y son fácilmente confundibles con enajenación y patologías mentales (visiones, diálogos con seres divinos, o en el otro aspecto dual, posesiones, exorcismos).
  • TEORÍA DE LA NEUROSIS OBSESIVA. “La religión ritual era una especie de equivalente grupal de la neurosis obsesiva” (Sánchez-Corral, 1995: 23). El conflicto en los neuróticos se desplaza a detalles triviales y problemas verbales; en la religión, cuando los dogmas y ritos son preparados con gran minuciosidad, cualquier cambio, por mínimo que sea, puede ser la base de escándalos o persecuciones.
  • TEORÍA DE LA RELIGIÓN COMO RESULTADO DE IRRESOLUTOS COMPLEJOS DE CULPA. “La religión es: un complejo de Edipo mal solucionado: por debajo de todas las racionalizaciones de los teólogos, la religiosidad es expresión de sentimiento colectivo de culpa de los miembros de un grupo primitivo por haber matado al padre-jefe con el fin de apoderarse de la madre.” (Sánchez-Corral, 1995: 25).

Respecto a este último punto muy psicoanalítico de Sánchez Corral (1995), muy vinculado a las teorías freudianas expuestas en “tótem y tabú”. Hay que especificar que, de hecho, la religión nace a partir de los sentimientos de culpa del ser humano. A recalcar que los sentimientos de culpa se engendran y evolucionan desde una perspectiva sana y socializadora en el desarrollo del ser humano. La culpa es un sentimiento normalmente inconsciente, lo que ocurre es que este sentimiento socializador humano inconsciente, se convierte en consciente a través de nuestras acciones hacia los demás y nuestra jerarquía de valores morales.

El sentimiento de culpabilidad tiene, a juicio de los expertos de psicologías cognitivas, una serie de características bien definibles:

  • Es un sentimiento aprendido: no nacemos sintiéndonos culpables, sino que aprendemos cuándo y cómo experimentar la culpa.
  • Es un sentimiento social: tiene en cuenta a los demás y es de ellos de quienes la aprendemos.
  • Es una emoción de control: de hecho, es la emoción de control por excelencia. A través de la culpa conseguimos regular la conducta de los demás y los demás condicionan nuestra propia manera de actuar.
  • Es inmovilizadora: la culpa nos ancla al pasado, a lo que ya ha ocurrido y sobre lo que no podemos intervenir.
  • Es un sentimiento complejo: está formado por diferentes emociones básicas (irá, frustración) y tiene un componente cognitivo importante.

En general, a nivel psicoanalítico, la culpa está conectada y tiene su origen con el instinto de muerte y con la autodestrucción. Ya que ésta… mal asumida, arrastra a la persona a la pasividad, dejándola en una situación de indefensión y a merced de que alguien o algo externo lo libere de ella. Esa persona, ideología o creencia alcanza tal poder que impedirá ejercer en el que siente culpa la propia responsabilidad.

El sentimiento de culpa nos influye tanto porque tenemos miedo a ser abandonados (normalmente por nuestros padres cuando somos niños) y nos dificulta el responsabilizarnos de nuestra propia vida. Se teme el abandono… pues la necesidad de ser amados y aceptados es una aspiración innata en todos nosotros. Y cuando la culpa se interioriza contra nosotros mismos, dejamos de creer en nuestra valía personal y nos juzgamos como “no merecedores del amor”. En consecuencia, intentamos ser como creemos que las otras personas quieren que seamos y así evitar que nos abandonen. Si el miedo al abandono aumenta, crece también la agresividad interna hacia nosotros mismos, que lo único que nos produce es una desvaloración mayor y se genera un bucle continuo que solo acaba cuando nos llega la liberación a través de un tercero.

Dentro de las religiones el sentimiento de culpa se hace innatamente consciente a través de la conceptualización del “pecado”. Algunas religiones ya consideran que somos “pecadores de algo” solamente por el hecho de haber nacido, por ejemplo, la judeocristiana. La culpa cristiana tiene que ver con un ente sobrenatural que amenaza con castigarte o premiarte para toda la eternidad según tu conducta. Mientras que la culpa judía tiene que ver con la exclusión y ostracismo concreto de la propia comunidad.

En una frase, la culpa católica sería: “Eres una causa perdida porque estas en pecado original” y la culpa judía: “Podrías haberlo hecho mejor, pero como no ha sido así, te expulso.”, ya que esta última es más relativista respecto al término de culpabilidad. Pero no obstante nosotros proyectamos que necesitamos la liberación a través del “Otro”. Este “Otro” suele ser un ente proyectivo a nivel social “Dios”, o unas reglas, previamente definidas y aceptadas por la mayoría: Talmud, Corán, Biblia etc.

No se puede entender una religión sin comprender las relaciones sociales en las que se genera. La religiosidad se aprende de los grupos de pertenencia o referencia y en la forma en la cual se manifiestan. Las relaciones intergrupales nos permitirán vislumbrar los posibles puntos de conflicto intergrupal; la religiosidad no es un elemento aislado, aunque cada uno lo viva en su propio espacio personal; es un proceso colectivizado y sobre todo compartido.

La teoría de la Categorización Social de Henri Tajfel (1919 – 1982), estudia los procesos que se provocan por la creación y definición del lugar que ocupa un individuo en el grupo social o en la sociedad. La religión tiene un carácter eminentemente de identificación social, clasificando endo grupos (asimilación a las mismas características de grupo) o exogrupos (asimilación a las diferentes características de grupo), lo cual polariza y genera los fundamentalismos religiosos.

Lo mismo ocurre a nivel profético, en caso de profecías fallidas, los conceptos religiosos pueden cumplir la teoría de disonancia cognitiva desarrollada por Leo Festinger (1919 – 1989). Ya que, no cumpliéndose la profecía, la nueva información de la que se dispone para hacerla encajar en los esquemas de los adeptos; genera un potente reajuste tan fuerte como lo era la tensión producida por la disonancia. En consecuencia, la maniobra para acomodar la información contradictoria con las ideas iniciales tiene que ser también muy radical. Y eso hace que los integrantes del culto crean mucho más en sus ideas; no porque estas demuestren explicar mejor la realidad, sino por los esfuerzos que se han realizado anteriormente para mantener estas creencias a flote.

Los estudios de Tobeña, (2012), respecto al cerebro dual religioso, muestra cómo se han encontrado diferencias entre “el cerebro ateo” y el “cerebro creyente”: Las medidas de religiosidad permitieron derivar grandes vectores que presentaron covariaciones con volúmenes zonales de la corteza cerebral: así, la “experiencia de una relación íntima con Dios, a través de una creencia”, covariaba positivamente con los volúmenes de las zonas anteriores y medias de los lóbulos temporales; sin embargo, el “miedo a la ira divina o el sentimiento de culpa” covarió negativamente con el volumen de regiones orbitofrontales y parietales; y el “pragmatismo y la incredulidad religiosa” con regiones parietales (el precuneus derecho, particularmente).

Respecto a las teorías de culpabilidad, categorización social y disonancia cognitiva vemos como casi todas las religiones poseen alguna forma de fundamentalismo (interpretación literal de sus textos sagrados o fundacionales, o bien aplicación intransigente y estricta de la doctrina o práctica establecida). No obstante, esto se produce en función de que la ideología se va haciendo más dual. Cuanta más dual y polarizada sea la doctrina, más sentimiento de culpa habrá. Lo cual generará aún más dificultades para que la persona desarrolle su proceso de individuación vinculado a la realidad percibida.

Esto se ve claro con la mándala de Smith (2003), donde las disonancias cognitivas respecto de la realidad vs proceso de individuación son más patentes en las tres religiones abrahámicas y monoteístas por excelencia, al contrario que en las religiones orientales. Voy a explicar en una síntesis muy elemental las diferencias al respecto, en función de cada religión vinculada a su forma de percibir el mundo:

Fuente: Smith (2003, p. 224) (Mándala elaborada por el autor).

Taoísmo:

Alrededor de treinta millones de hombres, la mayoría chinos, practican esta “filosofía-religión” formulada por un individuo del que no se sabe mucho. El filósofo Lao-Tse nació tal vez en el 604 a.C. durante su vida se sabe que era hombre culto y respetable, ya que trabajaba como archivista en la corte de la Dinastía Zhou. Contemporáneo de Confucio, aunque algo más mayor de edad que este último, con el que, al parecer, tuvo muchas discusiones filosóficas. Resultado de las cuales se desarrollaron dos vertientes: los escritos confucionistas más dogmáticos y sociales que el Tao; al ser el confucionismo racional social y dogmático y el Tao más práctico, saludable e intrasubjetivo. No obstante, el Confucionismo en China es la religión mayoritaria la practican unos novecientos millones de personas.

El taoísmo rechaza el conocimiento racional, apuesta por la sabiduría intuitiva y la espontaneidad. Por ello, relativiza los opuestos y los integra (la polaridad es la raíz de la cultura china), en el Tao se equilibran los opuestos. Y se cree que cada uno debe actuar sin atender a convenciones, sino de acuerdo a la naturaleza de su esencia, siendo lo que uno es y en armonía con la naturaleza del entorno. Técnicas energéticas como tai-chi, qui-gong, reiki, meditación vipassana se basan en las cinco fases del Tao.

A Lao-Tse se le atribuye la obra fundamental escrita de esta confesión: el “Tao Te Ching”. El taoísmo preconiza el sometimiento del hombre al Tao, es decir, al curso eterno de los acontecimientos en esta vida. Reprueba las luchas humanas y aconseja la humildad. Integra los polos opuestos Ying/Yang y los complementa en todas las doctrinas: medicina, astronomía, biología, artes marciales, meditación. Preconiza el “wu-wei” la acción sin intención (rechaza la causalidad y empatiza más con la sincronicidad meditativa o contemplativa.

Por tanto, filosofía que se ajusta más a la esencia del ser humano y al cosmos. Más que una religión es una filosofía mística de vida, tiende a una espiritualidad con cierto “esoterismo” aun siendo pública y se adecua a la filosofía perenne. Por tanto, libre albedrio. Filosofía exogrupal (empatiza con las diferencias individuales), no hay disonancias cognitivas, no hay sentimientos de culpa, no dualidad, no se siguen lideres ideológicos. Esta filosofía satisface el proceso de individuación del ser humano en su totalidad. A diferencia del Confucionismo que es totalmente dogmática, dual y endogrupal.

Budismo:

Doctrina filosófica fundada por Buda en la India, cuyo problema básico consiste en suprimir la causa del dolor mediante la aniquilación del deseo. Los budistas creen que sólo pueden alcanzar la divinidad gradualmente. Que la materia es eterna y que está en constante reposo (percepción dual). Para Buda el ideal supremo está en la extinción de todo deseo en el nirvana, y en la indiferencia ante la vida y la muerte, ante el dolor y el placer. Unos quinientos millones de personas practican esta religión.

Dado que creen en la reencarnación, todos los budistas deben aceptar la responsabilidad de la manera en que ejercen su libertad, ya que las consecuencias de la acción pueden ser vistas en vidas posteriores. El budismo sigue teniendo características perennes, pero es exotérica y dual, ya que busca un sentido (el nirvana), habla de las ruedas de las reencarnaciones ya que se basa en relaciones causa/efectos transcendentales. Por tanto, mantiene el libre albedrio, es exogrupal (empatiza con las diferencias individuales). Sin sentimientos de culpa, pero con disonancia cognitiva a causa de la represión del deseo. Puede considerarse filosofía perenne, ya que sigue basándose en el existencialismo humano. Cierto control social ya que exige el seguir a un líder: Buda, por tanto, ya no es tanto una filosofía, sino una religión con pequeña carga dogmática.

Hinduismo:

El hinduismo, considerada una de las religiones más antiguas del mundo, y practicada por unos novecientos millones de personas; surge de la religión védica, que se convertiría en el brahmanismo años más tarde con la llegada de los arios del Cáucaso, los emigrantes de Malasia, Babilonia e Irán. El hinduismo tiene una edad de al menos tres mil quinientos años.

En la época védica se pensaba que, al morir, el cadáver era devorado por la pira funeraria, pero sus múltiples almas (asu, atman, manas) pasaban al mundo de los muertos, al reino de “Iama” el Dios juzgador de los muertos y el inframundo. El reino de “Iama” es el lugar donde van los buenos, Al “naraka” van los malos donde “quedan sentados en un río de sangre”. La existencia está conformada por ciclos de reencarnaciones. Su símbolo es una rueda, (Samsará) la cadena sin fin del renacer, que se mantiene a través de un balance contable de compensación entre el Dharma (acciones positivas en nuestra vida y de anteriores vidas, que restan Karma) y el Karma (acciones negativas en nuestra vida y de anteriores vidas, que restan Dharma).

En este caso es una religión perenne y existencialista ya que habla de rueda de la vida (Samsará) y reencarnación. Es dual por relación causa/efecto (dharma/karma) y por el Iama/Naraka (cielo infierno), limita el libre albedrio al considerar que hay buenos y malos con categorizaciones prejuiciosas. Por tanto, en esta religión ya existe el control social, aunque no reconoce la idea de pecado. Exogrupal (empatiza con las diferencias individuales) aquí también existen disonancias cognitivas palpables, pero más llevaderas a nivel mental por su ideología trascendental, donde la rueda del destino determinista (Samsará) es la base perceptual de su mundo.

Islam:

Religión abrahámica monoteísta, practicada por unos mil ochocientos millones de personas aproximadamente. Es una religión basada en la justicia propia, los musulmanes a menudo piensan sobre el Día del Juicio, en donde creen que Alá sacará una báscula y pesará los hechos de la persona. Su esperanza es que sus buenas obras pesen más que las malas, pero aun así Alá juzgará de acuerdo a su voluntad y no de acuerdo al juicio. No obstante, el Corán, a diferencia de la Biblia cristiana y los textos judíos, es un libro que utiliza en muchas ocasiones el verbo pensar, razonar, aplicar tu capacidad de raciocinio. El libro invita a ser entendido, por tanto, es hermenéutico.

Los musulmanes creen que ellos tienen la palabra de Alá recogida al dictado, ya que su libro no está escrito por Mahoma, sino interpretado. Mientras que el cristianismo y el judaísmo creen que tienen libros sagrados escritos por hombres e inspirados por Dios, y ahí reside la diferencia de su credo.

Otra interpretación es que las obras de los hombres en la tierra están escritas en un libro de conducta normativo la “Sharía” totalmente interpretativo. El día del Juicio Alá abrirá el libro y sumará la cuenta de dicha persona y entonces será colocado el libro en su mano derecha o izquierda (referente a la conducta que es correcta o incorrecta). De hecho, la cultura de las manos (derecha/pura, izquierda/impura) es trascendental en esta religión. Lo derecho y lo izquierdo también tiene las mismas connotaciones, pero más matizadas en el cristianismo y el judaísmo, (por tanto, dual).

La única manera de asegurar el paraíso “Yanna” es ser hombre piadoso, y seguir los dictados de la “Yihad” conceptualizado como un camino de lucha o de “esfuerzo intelectual,” con el fin de seguir los dictámenes del Corán. También se utiliza el término “Yihad” como sentimiento de lucha contra la tiranía y la opresión, o esfuerzo en el campo de batalla, no olvidemos que Mahoma era un profeta beduino meditador y guerrero, (a nivel interpretativo y cultural en Europa, se confunde el término “Yihad” con los actos terroristas de extremistas islámicos y no tiene nada que ver).

De hecho, el islam acepta a otros profetas aparte de Mahoma, como Noé, Abraham, Moisés, Salomón y Jesús de Nazaret. Por tanto, podemos considerar la religión de los musulmanes como dual, exogrupal, con alto grado de categorización social, es perenne, aunque parezca lo contrario, ya que tiende a ser trascendental y considera la vida un estadio piadoso y de aprendizaje para la muerte, gracias a su “Akhirah”.

Es decir, el musulmán no tiene miedo a morir. No obstante, es una religión con gran carga de disonancia cognitiva, por culpa de la interpretación de los textos por parte del “Imam” en sus diferentes lecturas. El problema musulmán es más cultural que religioso al no haber tenido el periodo histórico de la Ilustración, antropológicamente sus modelos de rituales y costumbres están vinculados al islamismo dogmático y tergiversado del medievo. No olvidar que Mahoma y las tribus árabes que comandaba conquistaron Asia Menor, Egipto y Norte de África entre el 697 al 708 dC.

Judaísmo:

Religión abrahámica monoteísta, practicada por unos quince millones de personas. En el judaísmo todo lo relacionado con la muerte es impuro, por tanto, se niega el concepto de muerte trascendente. En el judaísmo, consideran al hombre como un ser mortal por naturaleza, separado de lo divino. Lo que Dios promete se recibe durante la vida, sin embargo, no se anula con la muerte, (solo en algunos son privilegiados: los que son obedientes al Talmud). Por tanto, esta religión es exotérica existe un dualismo difuso y anula el libre albedrio respecto a las normas de la Torá (sobre todo en judíos ortodoxos), pero no es determinista en su totalidad ya que, el judaísmo cree que suceden tres diversas posibilidades con el alma, una vez fallecido el cuerpo:

  • El alma espera a la aparición del mesías (línea de David). Entonces se volverán a unificar los cuerpos con las almas, siempre y cuando hayan sido obedientes al “Talmud” (conjunto de la Torá y el Mishná)
  • El alma se queda en el cuerpo hasta que éste sea enterrado, que es cuando mediante un ritual de purificación, el alma se separa del cuerpo.
  • El alma se pudre con el cuerpo.

Por tanto, tampoco existe una creencia grupal de trascendencia después de la muerte. Esta religión pone mucha más atención en una serie de preceptos, obligaciones y tareas a seguir durante la vida para sanar así al mundo “tikum olam” para ellos esta forma de actuar es su filosofía. Aunque mantienen gran fidelidad a sus leyes tanto escritas (Torá) como a las difundidas a nivel oral por generaciones (Mishná). Ya que su gran legislador no era su “Dios” sino su profeta Moisés. Por tanto, religión exotérica, tiende a lo exogrupal, con relativa disonancia cognitiva. No se basa en la filosofía perenne. No es trascendental.

Freud en su obra “Moisés y la religión monoteísta”, sostiene que Moisés no es judío, sino un egipcio que transmite al pueblo judío el monoteísmo del faraón Akenatón. Los judíos, siempre según la tesis de Freud, asesinan a Moisés, abandonando la religión que éste les había transmitido, olvidando este hecho, colectivamente, al cabo de un tiempo. Cuando, posteriormente, este recuerdo reprimido sale a la superficie, se originan el pueblo judío y su religión.

Cristianismo:

Religión abrahámica monoteísta y teándrica, donde se interpreta el mundo cristiano, a través de la muerte de Jesús de Nazaret, a través del cual, la humanidad se ha reconciliado con Dios. También se dice que, por la resurrección del Cristo se salva al mundo de la muerte y el pecado original del antiguo testamento y se da nueva vida a quienes crean en él.

Por tanto, existe una cierta analogía con el islam, respecto a la creencia de un Dios que juzga, con el cual hay que reconciliarse, donde no hay miedo a la muerte.  El cristianismo es normativo, ya que a través de los Evangelios reduce el libre albedrio (control social). Da mucha importancia a la muerte, como hecho trascendental, igual que el islamismo y al contrario que el judaísmo. Por tanto, se pude considerar perenne.  Esto le da gran trascendencia, lo mismo que las religiones orientales. Lo que diferencia a esta religión de cualquier otra es que rompe la disonancia cognitiva vinculada a la creencia en Jesús no como hombre sino como Dios, gracias al constructo del misterio de la santísima trinidad, expuesto en el primer Concilio de Nicea (325 dC.).

Respecto al teandrismo en el cristianismo, El primer concilio de Nicea hizo un gran trabajo, ya que se sabía que en Oriente al no encontrar al “Dios” perfecto, la perfección estaba en el Universo, en el vacío y en la filosofía contemplativa de los místicos orientales, que se potenciaba con la meditación y la vida interior. La ciencia en aquel tiempo no se había trabajado mucho, el neoplatonismo estaba prácticamente acabado y las invasiones musulmanas eran una constante amenaza. Es cuanto menos paradójico pensar, que el islam aceptaba al Nazareno como profeta, (pero claro, no lo podía ver como un “Dios” en sí mismo), por tanto, resultaba herejía para el concilio ecuménico.

Por tanto, la dialéctica teológica a nivel filosófico de desarrollar un humano “hijo”, que a la vez sea “padre” (Dios), y “espíritu santo” conceptualizado en el mito de la Virgen María, generaba una aportación interesante; que abría nuevas perspectivas al diálogo entre las religiones, en la idea de que todo lo que pueda haber de verdadero en los personajes centrales de las otras religiones está ya incluido y trascendido en Cristo. Esto permitía afirmar la centralidad y unicidad de Cristo, pero también reconocer que en el estudio de las otras religiones podía también, iluminar el misterio de Cristo: “El hombre Jesús es la encarnación de todo lo que, en cualquier época, puede llamarse expresión de Dios” (Moisés, Buda, Mahoma, Krishna…). Por tanto, desde ese momento el cristianismo a nivel ideológico se vuelve una religión unificadora. Aunque a nivel práctico y en las calles la sociedad practicaba el paganismo.

Pensemos que el cristianismo se empezó a generar unos ochenta años después de la muerte de Cristo. A través de la transmisión normalmente oral y algunas veces escrita de Lucas. La primera conformación de los cristianos y datación de sus textos ronda el siglo III dC. (o sea trescientos años después de su muerte) según el primer papiro encontrado, referencias en: (Norman Perrin, E. Lohse, P. Vielhauer, O. Cullman)

Por tanto, no se puede entender la historia de Jesús Nazaret (ser humano) sino desde el contexto y la hegemonía judía de aquellos tiempos, ya que no era cristiano evidentemente. Prácticamente del Nazareno no se conoce nada de su vida. Ciertas pistas se pueden obtener sobre el contexto de Jesús a nivel social desde la lectura de los Rollos de Qumrán antes de la destrucción del segundo templo de Jerusalén 66 dC. que están escritos en arameo y griego. O de los tratados esotéricos mandeistas precristianos (religión monoteísta, agnóstica y dual iniciada en el rio Jordán) y a la que pertenecía Juan el Bautista.

Hoy en día, el cristianismo es la religión más mayoritaria en el mundo, los practicantes de esta religión rondan los dos mil millones de personas. Resumiendo: se puede considerar a la religión cristiana exogrupal, trascendente y la más unificadora de todas las religiones duales. Su mayor logro es a través del teandrismo romper la disonancia cognitiva que existe en cualquier de las otras religiones monoteístas. El cristianismo protestante luterano es mucho más flexible y menos dogmático que la religión católica.

El islamismo, judaísmo y cristianismo eran religiones de pescadores y pastores, por ende, estaban llenas de metáforas que sólo eran claramente entendidas en aquellos años, por las personas de las que eran destinatarios. Es por ello que para comprender el significado metafórico de estas religiones es importante conocer el momento histórico en que fueron creadas; aun así, es importante re-conocerlas, darles un nuevo significado según nuestra propia experiencia y nuestro propio contacto con ellas.

Como dice Joseph Campbell en su libro “Thou art that” (respecto al simbolismo de sus metáforas de las religiones monoteístas) “El verdadero valor de las mitologías religiosas está en su metáfora, en su simbolismo, no en una interpretación fáctica. Moisés no recibió las tablas de la ley físicamente de las manos de Dios, ni abrió los mares en dos; Noé no creó una balsa para todos los animales; Jesús no resucitó. Todas estas son metáforas que pretenden ponernos en contacto con nuestro mundo interno, pero las instituciones religiosas insisten en enseñarlas como hechos que sucedieron en realidad, en algún punto de la historia antigua”.

Según la psicología positiva desarrollada, entre otros por Martín Seligman; las personas que poseen un sentido de trascendencia -viven en relación a algo más elevado que ellas mismas y se sienten impulsadas a cooperar con los demás- atesoran una mayor fortaleza a la hora de afrontar los retos y dar sentido a sus vidas. Se asocia con cualidades como disfrute de la belleza, gratitud, esperanza, perdón, entusiasmo, espiritualidad y religiosidad.

Aunque ya sabemos que la espiritualidad es innata, siendo no solamente exclusiva de los humanos. Mientras la religiosidad es adquirida por aprendizaje, exclusiva de los humanos y caduca, en función de contextos evolutivos y socioculturales. No obstante, está claro, que para el cerebro humano es mejor creer en algo trascendente… que no creer en nada.

En el post siguiente y último, referente a la cuarta fuerza y la psicología transpersonal, escribiré sobre la ciencia en este contexto.

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