El trauma en el proceso de la concepción…

Cuando una pareja desean ser padres, se dan muchas circunstancias que hay que tener en cuenta. Sobre todo, en posibles perfiles traumáticos. Lo que quiero decir en este caso, es que posibles traumas paternos pueden generar traumas precoces en el feto de los que no existe prácticamente ningún recuerdo consciente por parte del bebé.

En la adultez y de modo frecuente, la persona afectada lleva su trauma escrito en la cara, así como dentro y fuera del cuerpo. Las señales de un posible trauma precoz es la incapacidad del cliente de mirar a los ojos al terapeuta. Otras señales pueden ser posturas encorvadas, hombros caídos o encogidos, rigidez del cuello, o brazos y piernas anquilosadas. A parte, de una gran agitación o ausencia continuada de respuestas emocionales. Para poder integrar las partes traumáticas y supervivientes de un trauma precoz prenatal, perinatal o postnatal hay que ir a su origen.

En este caso tocaremos en un principio el trauma prenatal en el momento de la concepción en función de los deseos y necesidades de los padres según sus estructuras psíquicas:

La concepción en padres con estructuras psíquicas sanas:

En circunstancias óptimas la concepción de un bebé surge de la relación sexual entre dos personas mentalmente sanas que se aman y quieren formar o ampliar una familia. Estos niños son afortunados ya que una vez que son engendrados crecen en un útero lleno de amor. Por tanto, el feto está arropado por un medio cálido y protector recibiendo una correcta alimentación.

Desde el primer momento los padres se implican emocionalmente con el feto alentándolo con el amor y con los cuidados a que tenga la suficiente protección durante la evolución de todo el embarazo hasta su nacimiento. Y posterior desarrollo pre y postnatal.

Para cuidar a un bebé la madre debe de amarlo. El amor de la madre por su hijo no solo es algo fundamental para su desarrollo si no que a la vez este amor protege también a la madre y al padre de la frustración y el cansancio de tener que alimentar, cambiar los pañales y cuidar al bebé. Así como posteriormente ser pacientes mientras el niño juega y hace sus continuos descubrimientos. Además de tener que estar por parte de los padres totalmente atentos para que no le ocurra nada malo a su vástago y sacrificar su libertad como adultos para estar presente cuando su hijo necesite consuelo o se encuentre enfermo.

De otra parte, el niño necesita a su madre y se tiene que relacionar con ella no como un parásito que solo quiere exprimir a su huésped y que, en caso necesario, incluso aceptaría su muerte. Si no como una relación simbiótica ya que el niño necesita a su madre para sobrevivir, ya que sin ella estaría perdido y desamparado, como la madre necesita al niño para su posterior desarrollo psicomaternal. Por tanto, después de esta exposición nos tendríamos que preguntar ¿cómo podría una madre o un padre soportar todo esto durante años, sino amara a su hijo?

El amor que enferma: padres con estructuras psíquicas traumatizadas.

Un problema latente y que no se conoce es que las personas traumatizadas se atraen mutuamente. Es frecuente que a la hora de buscar pareja hombres y mujeres se guíen conscientemente por los rasgos físicos. Sin embargo, inconscientemente son las experiencias traumáticas de una persona la que determinan que pareja nos parece especialmente atractiva. Por eso no es extraño que los niños tengan que ver a veces con dos personas traumatizadas, sobre todo en aquellos casos en los que generaciones enteras de padres han quedado traumatizadas, por la guerra, por catástrofes naturales, por incestos intrafamiliares o por desestructuración familiar sistémica. (Bode, 2004).

En el caso de abuso sexual se refleja el rol relacional cuando el niño se aparta de la madre (traumatizada) va a parar fácilmente a la dinámica del trauma del “otro”, es decir del padre. El niño por tanto al acercarse al padre éste malinterpreta la necesidad de cercanía y contacto con el niño y lo utiliza para satisfacer sus necesidades propias, que pueden ser necesidades sexuales frustradas o de otro tipo. Máxime si el padre se halla atrapado en un trauma amoroso originado en su infancia y se siente profundamente herido en ese aspecto, pues en tal caso es difícil que pueda distinguir en su interior entre el “niño herido” que fue y el adulto que es.

Si los padres están traumatizados su capacidad de apego y con ello su capacidad de amar se ven afectadas. Esto se manifiesta de forma negativa primero en la relación con la pareja:

  • A nivel conyugal la falta de amor puede a menudo pasar desapercibida
  • A veces la pareja puede negar la ausencia de amor, compensándolo con la idea de que el amor es simplemente una “idea romántica” absurda que uno no puede permitirse.
  • En las parejas la falta de amor se compensa con dinero y regalos.
  • Se persigue insaciablemente el estado de enamoramiento como sustitución del verdadero amor.
  • En la imaginación y en el ámbito religioso o esotérico se siente el amor a nivel universal de una forma espiritual u holística.
  • A veces en las parejas a través del “otro” y diciendo lo que este quiere oír, se genera la impresión de que hay amor, pero en realidad lo que se esconde es rechazo e indiferencia.
  • A veces se camuflan como amor los reflejos narcisistas de cada uno de la pareja.
  • En el peor de los casos incluso los actos de violencia se venden como amor. Y aquí estaríamos ya entrando en violencia de género.

La traumatización de los padres en relación con los hijos se ve reflejada en:

  • Apego desorganizado: El rechazo rotundo acompañado o no de violencia física respecto a sus hijos.
  • Apego ansioso ambivalente que se simplifica como un vaivén imprevisible entre el trato amable afectuoso y el trato desafectado y de rechazo considerado como abandono del hijo.
  • Apego evitativo: descarga en los hijos de los sentimientos traumáticos de los padres negando a éstos cualquier muestra de afecto a nivel emocional o amoroso.

Todo esto a nivel del niño genera en él somatizaciones físicas que llegan a la enfermedad, Otro aspecto es el “acting out” del niño de padres traumatizados que se rebela gritando de miedo y expresa su rabia sin un objetivo claro. Otros por el contrario se cierran en si mismos y se distancian internamente de sus padres, pero sin conseguir realmente desligarse a nivel emocional de ellos.

Las estrategias emocionales del niño para conseguir la atención de sus padres es la siguiente:

Intentan atraer la atención de sus padres siendo buenos y formales o bien llamando la atención con comportamientos destructivos, ataques de ira o enfados. A veces reniegan de sus propias necesidades y reproducen los mecanismos de supervivencia de sus padres. Se esfuerzan en querer a sus padres hasta el abandono de sí mismos, sacrificándose permanentemente por ellos. Incluso en el caso de actos violentos por parte de los padres a los hijos, éstos últimos pueden (como mecanismo de defensa) no hacerse conscientes de ello y se echan la culpa a ellos mismos cuando sus padres están tristes o enfadados con ellos y los maltratan.

Para que todo esto no ocurra cuando un terapeuta sistémico tiene delante a una pareja que le comenta que tienen mucha ilusión de ser padres, habrá que investigar o analizar hasta que punto estos padres perciben cognitivamente la concepción desde sus posibles partes traumatizadas o partes supervivientes.

Una bebé puede ser engendrado por un hombre y una mujer en los que predominen sus partes supervivientes o incluso sus partes traumatizadas. También hay niños que son frutos de violaciones u otras situaciones forzadas que se dan dentro o fuera de una relación de una pareja estable pero traumatizada. En este tipo de parejas un bebé puede ser engendrado:

  • Como consecuencia de una violación (ya sea dentro o fuera de la relación conyugal) la futura madre no se alegrará de tener después un hijo, por tanto, inconscientemente lo rechazará de manera constante, incluso ya como feto dentro del útero.
  • Como consecuencia de sufrir la madre un accidente y perder a su hijo violentamente buscando posteriormente otro de sustitución.
  • Como consecuencia de la desesperación a causa de la pérdida de otro hijo anterior de forma abortiva natural o programada, (esto se denomina en el transgeneracional hijo de sustitución). El mismo caso que el anterior.
  • Como consecuencia de un encuentro fortuito apasionado o generado simplemente por un instinto sexual primario con un desconocido o por defecto con su pareja en estado de embriaguez o drogadicción, ambos o uno de ellos.
  • Como consecuencia de simbolizar cierto estatus: por ejemplo, las familias de reyes o nobles y su potencial descendencia. Sagas profesionales ya sean familias de abogados, médicos o empresarios de renombre a nivel social. Para que sus hijos hereden los posibles negocios o bufetes profesionales.
  • Como consecuencia de parejas separadas de antiguos matrimonios los cuales ninguno de ellos ha tenido descendencia con sus anteriores parejas.
  • Como consecuencia de garantizar la seguridad material de la madre. Matrimonios que se van a separar y la madre que a lo mejor tiene dependencia económica decide quedar embarazada para poder sobrevivir dentro del núcleo familiar y presionar a su cónyuge a no separarse.
  • Como consecuencia de intentar salvar una relación de pareja que va mal.

Todos los niños engendrados en circunstancias como las anteriores parten de un lugar muy diferente en la vida. Tanto en el momento de ser concebidos como en el embarazo existe una transmisión de sentimientos y estado de ánimo negativos, así como de ideas fantasiosas por parte de la madre del niño. Ya durante el embarazo, el niño puede sentir el útero como un lugar inhóspito. Las condiciones necesarias para que se produzca un vinculo amoroso entre los padres y el niño no están aseguradas desde el comienzo. En una situación así, lo que recibe a menudo el feto es desinterés o incluso una enorme frialdad.

Posteriormente hablaré del trauma en los procesos peri y postnatal.

Bibliografía:

Bode, S (2004) “Die vergessene Generation” Die Kriegskinder brechen ihr Schweigen Sttutgart, Klett-Cotta, 2004

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