Decisiones… o compromisos…

A lo largo de nuestra vida, es inevitable enfrentarnos a una gran cantidad de decisiones en numerosos ámbitos (trabajo, familia, estudios…) que implican algún grado de riesgo y por lo cual tenemos que comprometernos. Y es del compromiso de lo que quiero hablar…

Está claro que desde que nacemos, hay que luchar y el mundo te lo pone difícil, no suele cooperar contigo, si no al revés. Te suele poner muchas trabas.

Existe la sensación cada vez más extendida de que nuestra vida es una sucesión inacabable de decisiones clave en las que resulta muy fácil equivocarse y muy difícil acertar. Un paso en falso y no hay vuelta atrás. Puede ser el colegio del niño, elegir entre ciencias o letras cuando somos adolescentes, casarte con la pareja equivocada a los cuarenta o entrar a trabajar en la empresa que no deberíamos. Nuestro camino vital está minado.

Hace poco hablando con un amigo, me comentaba que a lo que le daba valor, es a lo que él denominaba decisiones correctas… Pero ¿cómo se puede definir si una decisión es correcta o incorrecta? Según Kahneman y Tversky (1979) las personas, en situaciones de ganancia, tienden a escoger una alternativa segura antes que una probable, lo cual se conoce como “efecto de certidumbre” o de certeza, a eso se le podría llamar una decisión correcta.

También Kahneman según su “teoría prospectiva” al tratarse de pérdidas, las personas tienden a escoger la opción probable, en lugar de la alternativa segura. Este fenómeno fue denominado por Kahneman y Tversky (1979) “efecto de reflexión”. Los humanos tendemos al riesgo cuando todas nuestras opciones son malas.

Pero aún así, en función de cómo nos presentemos un problema a nivel cognitivo, nuestra decisión racional estará también condicionada por el “efecto marco” donde dependiendo de la formulación del problema y de la presentación de las alternativas. Ante una misma situación se pueden hacer elecciones muy diferentes en función de la percepción del riesgo, (Kahneman y Tversky, 1981).

Por tanto tampoco podríamos hablar de decisiones correctas o incorrectas. Todas estas teorías se basan en la econometría psicológica, algo muy aburrido y donde abundan múltiples ejemplos matemáticos. Ver:Teoria prospectiva Kahneman

Pero realmente teorizar sobre las decisiones en la vida es absurdo. Si ya tienes una edad, es probable que tengas la sensación de que todo se truncó en un momento determinado. Ya sea a nivel global, como en una crisis económica, o privado e íntimo: ese momento en el que decidimos dedicarnos a algo que no nos iba a hacer felices (y luego a otra cosa, y tal vez a otra, y ninguna de ellas nos terminaría de satisfacer), Y luego nos comprometemos con algo que queríamos hacer desde adolescentes. El renunciar a tu casa y tus orígenes, amigos, familia, por correr aventuras y viajar, por trabajos etc.

Cuando abandonamos a aquella novia en la adolescencia, cuando no nos atrevimos a declararnos ante aquella compañera que nos hacía tilín, cuando en la crisis de los cuarenta nos dio por dejarlo todo y nos quedamos sin nada. Cuando ocurre algo de esto, cunde la sensación de que lo correcta habría sido la decisión totalmente opuesta: el mundo está lleno de casados añorando su soltería y de solteros suspirando por aquella pareja que dejaron escapar.

Hoy en día, y en estas sociedades neoliberales y progresistas, donde existen un montón de opciones, En nuestro fuero interno sospechamos que la mayoría de opciones son malas o peligrosas, como en uno de esos libros de “elige tu propia aventura” en los que seleccionabas una opción, morías, volvías atrás, volvías a morir y así hasta que te topabas con la única opción válida que te permitiese acabar el juego.

Ocurre en el amor, en el estudio y en el trabajo: nos da miedo que todo ese esfuerzo, que toda esa ilusión, que todos esos sacrificios y noches sin dormir se desperdicien en la persona equivocada, en la carrera equivocada, en el trabajo equivocado por lo que preferimos no sentir nada. Ni pasión ni vocación. Preferimos ser zombis.

Realmente en la toma de decisiones lo menos trascendente es hacer lo correcto o lo incorrecto, lo verdaderamente importante es el compromiso. Da igual que la decisión sea “equivocada o correcta”. Lo importante es el compromiso que adquieres con ella.

Existen decisiones continuistas como el tener que ir a orinar cuando tienes la vejiga llena, eso sería una decisión correcta. Hay decisiones instintivas, que solamente las puede ejecutar un experto en una materia concreta. Por ejemplo un médico cuando ve un desfallecimiento en la calle, podrá tomar una decisión posiblemente más correcta a nivel instintivo de socorro que cualquier común de los mortales que transite en esos momentos por la misma.

Por lo demás, si una decisión es fallida, el revés con el compromiso se puede superar, ya que no se ve como un error en la toma de decisión. Ya que te has comprometido con ello y esa es tu vida y ese es tu fin. No más zombis y si más vida. Son las decisiones en la vida las que “crean al individuo”. Sobre este tema recomiendo una película “127 horas” que se basa en la peripecia de Aron Ralston que quedo atrapado en los cañones rocosos de Utah en el 2003 y decidió para salvarse cortarse el brazo con una navaja.

Acabo este post con una cita de George Bernard Shaw:

“La vida no es una cuestión de encontrarse a uno mismo, es cuestión de crearse a uno mismo”

Bibliografía:

Kahneman, D., y Tversky, A. (1979). Prospect Theory: An analysis of decision under risk. Econometrica, 47, 263-292.

Kahneman, D., y Tversky. A. (1981). The framing of decisions and the psychology of choice. Science, 211, 453-458.

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