Adolescentes y redes sociales…

¿Realmente las redes sociales hacen que nosotros distorsionemos nuestra imagen individual? ¿Cual es la percepción de nuestra identidad dentro del escaparate sociocultural en el que vivimos dentro de internet? ¿Tendemos al narcisismo? ¿Cuáles son los problemas de las redes sociales en los adolescentes?

De acuerdo con la teoría del “self” de George H. Mead, nosotros somos capaces de auto percibirnos y de tener una concepción del “sí mismo y reflexionar sobre el “sí mismo”, sin la necesidad de tener una emoción por medio. Es decir, cualquier ser humano al autoanalizarse es capaz de considerarse como un objeto respecto a los otros y viceversa. Pero para que eso ocurra debe estar inmerso en un contexto cultural y social determinado. De ahí… que el ser humano sea también un “constructo social” además de un “constructo” biológico y psíquico. Esto lleva a que en psicología la interacción de un individuo con los demás y viceversa se denomine relación “objétal”. Ver https://memoriaytrauma.com/la-individualidad-y-el-auto-concepto-la-teoria-del-self/

Es decir, la persona se crea una autoimagen y un auto concepto a partir de la  comparación entre la identificación (como creo que soy respecto de los demás), la observación (como me percibo a mi mismo) y la interpretación (como actúo ante los demás respecto a mi auto identificación y auto observación). Por lo tanto, esta mismidad o “selfhood” concepto de individualización se reajusta en función de los contextos. Estos contextos permiten la objetivización y  la capacidad de verse a sí mismo desde los diferentes puntos de vista de los miembros del grupo social al que se pertenece (la familia, los amigos, el trabajo, la escuela, etc.).

Sin embargo, ¿qué pasa cuando el contexto social promueve ideas falsas sobre lo que es el bienestar? Internet nos ha facilitado la vida, eso no se puede negar, pero a la vez nos ha vuelto más egocéntricos y narcisistas. Las redes sociales se basan en las relaciones cambiantes de la postmodernidad donde vale más el “envase” que el “contenido”. Las redes sociales manipulan y controlan. Juegan y cosifican al individuo. Bueno más que al individuo a su “self” y cuando se cansan de “jugar” buscan otra cosa.

A esto se le llama distorsión del self (o “sí mismo”) y es cuando la auto percepción y el auto concepto del individuo a nivel virtual, son diferentes a la verdadera esencia del mismo. Cuando las exigencias morales o de moda de una sociedad denigran las necesidades básicas de una persona. Un ejemplo de ello es el impacto negativo de las redes sociales sobre nuestra salud emocional, al compararnos constantemente con las comidas, viajes o relaciones amorosas perfectamente decoradas en diversas plataformas como Instagram y Facebook.

Además las redes sociales también trabajan la emoción no solo el auto concepto. Las redes sociales generan una falsa sensación de compañía que pretende sustituir a una “sana” o a veces “insana” relación personal presencial. Es entonces cuando el individuo como “self” empieza a interactuar en internet. Es decir, empieza a realizar su interpretación (máscara del personaje) en función de la identificación y observación propia como ente social pero “virtual”.

El amor 2.0 llena nuestras vidas con besos y corazones en forma de emoticonos más o menos atractivos en el “wassap”. Y nuestra autoestima en la actualidad está basada en la cantidad de “likes” recibidos en los comentarios del facebook o en las fotos del “insta” para evidenciar la felicidad y ocultar la realidad detrás del sofá. Somos como aquel pasajero en el andén de la estación esperando a coger ese tren, ese destino soñado, y quiero decir “destino soñado” a aquel que más incremente el número de “followers” en las redes. Parece que es imperdonable a nivel social no ser “influencer”.

En conclusión, parejas de escaparate con fondo vacio. Tenemos que publicar fotos de lo que comemos, de lo que sentimos, fotos con nuestras parejas con las mejores sonrisas “publica una foto conmigo, para que pueda ver todo el mundo lo felices que somos, de lo contrario pensarán que no me quieres”. Todos lo hemos hecho. Y reconozco que es un error, aunque la sociedad impulsa a ello.

No hay que creer lo que venden las redes sociales, solo es publicidad, si rascas un poco conocerás la otra cara de la moneda. Albert Einstein dijo “temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá entonces una generación de idiotas”. Observémonos por un momento.  Todos pegados a una pantalla de móvil mirando vidas de personas a las que ni conocemos  y a las que probablemente ni interesemos, mientras ignoramos a la gente que nos quiere. Es increíble pensar que hay gente que ha perdido la vida, simplemente por sacarse el mejor “selfie”.

¿Y qué ocurre con los adolescentes? Existe una tendencia últimamente en los adolescentes denominada “selfitis” u obsesión por los “selfies” que aunque no es patológica como algunos terapeutas americanos piensan, ya que se hizo viral un bulo en el que se suponía que esta tendencia estaba ya clasificada por la APA (Asociación Americana de Psiquiatría) como un trastorno mental y no lo está. No obstante, lo que nos indica claramente esta tendencia es que el acto de que un adolescente pase horas sacándose fotos para luego mostrarlas en las redes sociales evidencia cuanto menos un cierto perfil con pobre autoestima ya que necesita ser aceptado por los demás.

La “selfitis” no deja de ser la punta del iceberg de un problema que no es estrictamente patológico en la adolescencia. Pero si que está relacionado con los valores que imperan en nuestra sociedad actual. Una sociedad en la que la estética y las relaciones personales adquieren un rol central en la autoimagen del adolescente. Está claro que sacarse “selfies” no tiene porque indicar necesariamente que exista un problema psicológico detrás, pero en algunos casos puede ser síntoma inequívoco de que algo no anda bien.

Investigadores del Boston Medical Center han alertado de la aparición de otro fenómeno dismórfico referente a la autoimagen “la dismorfia snapchat”. El trastorno dismórfico corporal en psiquiatría (TDC) es una preocupación excesiva por un defecto físico normalmente subjetivo que tiende a la obsesión compulsiva. Por tanto está clasificado dentro del espectro de los trastornos obsesivos compulsivos o (TOC). Esta “dismorfia snapchat” consiste en que los adolescentes cada vez quieren parecerse más a sus fotos con filtros, subidas a las redes sociales. Por tanto la preocupación por su apariencia corporal llega a tal extremo que recurren a la cirugía estética y a dermatólogos de forma repetida para que les “borren” sus “posibles” imperfecciones físicas.

Es decir para un adolescente con este perfil un simple acné le puede llevar a un desajuste cognitivo de imagen muy importante. Incluso le puede llevar a querer aislarse socialmente simplemente por tener un grano en la cara. Ya que su imagen real no cumple con las expectativas de sus fotos colgadas en instagram. Esta cosificación de la imagen corporal en las redes sociales es todavía mucho mayor en el género femenino ya que en nuestra cultura patriarcal la imagen de la mujer todavía está muy sexualizada.

No es novedad que los científicos y psicólogos sociales hayan registrado altos niveles de depresión y autoimagen distorsionada en gente (sobre todo adolescentes) que pasan gran parte de sus días en estas redes sociales. Afortunadamente el “sí mismo”, a diferencia del cuerpo físico, es cambiante desde la raíz, es decir, nuestro auto concepto puede restablecerse mediante los cambios, la evolución y la trascendencia en función de nuestro desarrollo de vida personal. Es lo que Jung denominó en su día el proceso de individuación.

Conforme vivimos, y nos hacemos adultos, tenemos experiencias y estas nos provocan salir de nuestra zona de confort, desarrollando herramientas que facilitan el progreso hacia un mayor bienestar general, rechazando incluso premisas socialmente aceptadas. Pero esto ocurre generalmente con la edad. De ahí el peligro de las redes para la gente joven sobre todo adolescentes. Ya que estos están cerrando su estructura egoica y por tanto para ellos la aceptación y la pertenencia al grupo es esencial. Normalmente los jóvenes no demandan sensibilidad social sino popularidad. De ahí que sea necesario reeducarles para que consigan un fortalecimiento del “sí mismo “ o dicho de otro modo su “yo” egoico.

¿Pero como se fortalece el “self” en un adolescente?, enumeraré a continuación algunas técnicas que fortalecen el “yo” tanto en adolescentes como en personas adultas.

Educarles para que de vez en cuando deseen la soledad:

Evitar el contacto social ayuda a recuperarse de las exigencias culturales que pueden estar distorsionando al “yo”, y permiten analizar sus veracidades frente a las necesidades propias. Además, brinda una sensación de respiro para priorizar objetivos personales y desarrollar planes para poder alcanzarlos.  De esta manera se reajustan en el individuo las expectativas con los logros.

Por tanto que un adolescente de vez en cuando se cierre en su cuarto sin TV, sin móvil, sin ordenador y se ponga a escuchar música (en soporte antiguo… todavía existen vinilos y cd’s) o a leer un buen libro, (que pueda pasar sus páginas subrayar, escribir, oler el papel) es lo mejor que puede hacer. Por tanto es imprescindible promover en los adolescentes y potenciar el gusto por la música y la lectura en formato clásico. Parece un poco anacrónico pero surte efecto.

La importancia de los sueños y de  las artes plásticas en la imaginación de los adolescentes:

Al tener que cambiar a veces en el consciente nuestras premisas y patrones, genera necesariamente una proyección en nuestro mundo inconsciente y por lo tanto transforma el mundo de los sueños. La constancia de los sueños vívidos, buenos y malos, es un reflejo del trabajo interno que está en proceso de evolución para un cambio significativo del “yo”. Por tanto promover en el adolescente a que intente analizar sus sueños a través de un diario de sueños, que los apunte cuando se acuerde y que intente analizarlos, es fundamental. A veces se resistirán… dirán que eso son tonterías… pero hay que intentar insistir.

También importante para fortalecer el “yo” el que potencien su imaginación a través de las artes plásticas, interpretación, música etc. Cursos o talleres de teatro, dibujo o pintura. Aquí también se podría enlazar con los sueños y plasmarlos de manera gráfica. Todas estas dinámicas potencian el “yo” interior y se desmarcan de las exigencias sociales impuestas.

Este tipo de demanda no deja de ser  utilizada en técnicas proyectivas dentro de la psicología, por ejemplo la arte terapia. La única diferencia es que estas últimas se realizan con un coordinador o facilitador que suele ser un psicólogo que interpreta posteriormente los resultados. Pero lo beneficioso independientemente de los resultados es que se realicen de manera voluntaria. También viene bien el que a los jóvenes se les inculque desde pequeños en la práctica de las artes escénicas o en el aprendizaje de algún instrumento musical.

Enseñarles a que sus emociones deben de fluir, ya sean positivas o no.

Ante los cambios sociales, estudios, amigos, profesores etc., las emociones negativas se vuelven cada vez más recurrentes y fuertes; sin embargo, no es recomendable suprimirlas, evitarlas ni evadirlas, pues sólo aumentaría el sufrimiento por rechazo al dolor. La mejor manera de superar las oleadas de labilidad emocional es empezar a sentirlas realmente: sentir las emociones tanto negativas como positivas. Esto es un trabajo diario que sostenido en el tiempo ajusta la fortaleza psíquica del adolescente. Por tanto jamás decir a un adolescente que reprima sus emociones… dejarle fluir.

Después de enseñar a fluir, enseñar a regular y confiar en los instintos.

Hay ocasiones en que las cosas no salen como nos hubiera gustado, y si bien no somos capaces de controlar los factores externos (como las críticas poco fundamentadas de otras personas, padres, profesores, amigos etc.), podemos regular nuestras emociones, pensamientos y reacciones al respecto. Es más fácil escuchar los instintos propios acerca de lo que es más saludable, sin tener miedo de las opiniones de otras personas.

Distanciarse de las situaciones y personas tóxicas.

Amigos cercanos, familiares o compañeros de trabajo o de instituto, muchas situaciones nos llevan a personas consideradas como “vampiros energéticos”. Nos podemos topar en la vida sin darnos cuenta con personas narcisistas, manipuladoras y con falta de empatía hacia los demás. En estos casos hay que enseñar a nuestros hijos a que establezcan un límite entre sus conductas y las demandas y reacciones de los otros. De esta forma es más fácil separarse de la negatividad.

Dudar de los pensamientos y creencias auto denigrantes de terceros. Sobre todo pensamiento crítico.

Si se potencia en el adolescente su pensamiento crítico con el fin de que se replantee todo lo que le sucede, es algo muy positivo. Ya que al final se da cuenta de que lo que pudieron decirle terceras personas para herirle, eran simplemente profecías de auto cumplimiento. Esto sucedía muy habitualmente en los colegios. El profesor a los que consideraba “tontos” les ponía en las últimas filas, por tanto el alumno así considerado aunque tuviera un coeficiente intelectual de superdotado se comportaba como si fuera “tonto” para complacer al profesor que se lo llamaba. O sea profecía de auto cumplimiento.

Por lo que si el adolescente comienza a observar, analizar y valorar lo que realmente es, sin la intervención de las creencias de personas externas. Las opiniones negativas de otros dejan de lastimarle, y en consecuencia surge una mayor confianza en sí mismo. Fortaleciendo su “yo”. En este caso es beneficioso inculcar al adolescente la lectura de corrientes de pensamiento vinculadas a la historia de la filosofía. Y ver con cuál de ellas se identifica. También esta es una propuesta harto difícil para un educador o tutor pero, hay que intentarlo.

Regular el vivir con la sensación de estar perdido.

En muchas ocasiones, los adolescentes tienen la sensación de estar perdidos, esto se debe a que el lugar por el que se mueven es muy cambiante en función de su edad y a la vez les provoca desconcierto ya que lo perciben como  desconocido. Por tanto es bueno generar en ellos nuevos patrones (más saludables) que les hagan obtener confianza en sí mismos para reducir los síntomas de ansiedad, depresión y angustia que pudieran tener.

La sensación de desubicación es normal: hay que enseñarles a confiar en que están perdidos en el camino correcto. Y mostrarles como en la vida tendrán que lidiar con la incertidumbre y que el ensayo / error es totalmente necesario. Mostrarles que el vivir es simplemente el encontrar su lugar en el mundo y en la sociedad y que este será siempre un trabajo continuo. Pero que lo más importante en la vida no es encontrar un lugar en el contexto, sino conocerse a sí mismo en primer lugar para así poder ubicarse correctamente.

Los adolescentes en la actualidad se tienen que mover en una sociedad occidental que promueve el narcisismo. Fue el bello y vanidoso Narciso, personaje de la mitología griega incapaz de amar a otras personas que murió por enamorarse de su propia imagen, quien inspiró el término narcisista. El concepto fue luego reinterpretado por Freud, el primero que describió el narcisismo como una patología. Y en los años setenta, el sociólogo Christopher Lasch convirtió la enfermedad en norma cultural. Lasch determinó que la neurosis y la histeria que caracterizaban a las sociedades de principios del siglo XX habían cedido el paso al culto al individuo y su búsqueda fanática del éxito personal y el dinero. Un nuevo mal dominante.

El desorden narcisista de la personalidad, un patrón general de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía. Sigue siendo un diagnóstico bastante raro mientras  no sea asociado a otro tipo de trastorno de conducta como el trastorno limite (borderline) o el bipolar en algunos casos, donde el narcisismo suele ser un perfil por lo general más acentuado y tratado de una manera concreta por los psicólogos y psicoterapeutas. No obstante, los rasgos narcisistas no siempre son fáciles de reconocer y con moderación, no tienen por qué ser un problema. Son comportamientos egoístas, poco empáticos, a veces un tanto exhibicionistas, de personas que quieren ser el centro de atención, ser reconocidas socialmente y que suelen resistirse a admitir sus fallos o mentiras, creyéndose extraordinarias (aunque su autoestima, en algunos casos, sea en realidad baja o muy baja). El problema es cuando se utiliza la manipulación y la mentira para conseguir ciertos fines, respecto a la relación con los demás.

Pero las cualidades narcisistas están ciertamente en alza. Basta con observar el consumismo brutal, la autopromoción en las redes sociales, la búsqueda de fama a cualquier precio, el uso de la cirugía para frenar el envejecimiento, los jóvenes que acuden masivamente a castings para salir en “realitys” de televisión, léase “gran hermano”, “hombres mujeres y viceversa” etc.

Las redes sociales pueden modificar la personalidad. Hacerse “selfies”, cuando uno es narcisista, alimenta ese comportamiento. En las redes, podemos mostrarnos como queremos que nos vean. Esa imagen perfecta que creemos que los demás tienen de nosotros puede alterar la que tenemos nosotros de nosotros mismos. Tener impacto en las redes puede generar dependencia y también temor (el miedo a no ser el centro, al vacío de un “post” sin apenas “likes”). ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La intrépida carrera de logros personales que se exige a jóvenes y adultos explica parte del ansia narcisista. La sociedad es hiperdemandante e hi­perexigente. Ahora, por ejemplo, hay que tener muchos amigos y hay que vivir permanentemente hiperconectados a las redes sociales. Y eso ¿por qué?…

Y ya no digo los libros de “autoayuda” que promueven la autoestima. El problema de hoy en día es que la autoestima se confunde con el “narcisismo” Lo que hay que cultivar en el adolescente es la” autoestima”, que se consigue con cariño, apoyo, atención y marcando límites. ¿Esto quiere decir que no hay que pensar a lo grande? No exactamente. Se puede considerar positivo querer ser un líder o decir que eres decidido. Las personas que disfrutan diciendo lo que piensan o que quieren liderar son claramente diferentes de los narcisistas que suelen recurrir a la manipulación y la mentira.

Cultivar cierto ego es saludable y beneficioso. Es lo que defiende Craig Malkin (2016) doctor en psicología clínica de la Escuela de Medicina de Harvard. “Un poco de narcisismo en la adolescencia ayuda a los jóvenes a sobrellevar la tormenta y el ímpetu de la juventud. Solo la gente que nunca se siente especial o la que se siente siempre especial son las verdaderas amenazas para ellos mismos y el mundo. El deseo de sentirse especial no es un estado mental reservado a imbéciles o sociópatas”, en su libro “Rethinking Narcissism”

Por tanto todo en su justa medida. Volviendo a citar a Mead y su teoría del “self” el ser humano es la fusión de todo lo que conoce. Somos el producto de lo que son las personas que nos rodean. Las personalidades son potencialidades en función de las probabilidades. Y las probabilidades son las personas con las que nos cruzamos. Nuestra persona es el producto de nuestras amistades y enemistades, de nuestra familia, de las personas que se cruzan con nosotras/os por la calle, de nuestras/os profesoras y profesores, de las mujeres y hombres que admiramos, de aquéllas personas a quienes despreciamos. De hecho… en otro contexto seríamos la clase de persona que ama a aquéllas/os a quienes hoy odiamos… incluso siendo el mismo ser humano.

Con todo esto… ¿podemos escudarnos en nuestra persona para justificar nuestras actitudes y acciones? Quien -yo soy- es algo tan frágil y variable que puede cambiar en cuanto una persona nueva me pregunta la hora o en cuanto alguien me sonríe. De igual forma quien -yo soy- es algo tan potente que puede cambiar a otras personas simplemente estando en sus vidas de forma fugaz, o permanente. La persona que yo soy en este preciso momento está modificando la persona que tú eres, desde el momento en que estás leyendo lo que yo escribo.

Por tanto moderación con las redes sociales y la virtualidad de internet. Ya que pueden distorsionar nuestro “self” y más en la adolescencia si todavía no tenemos una personalidad formada y estructurada.

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