Abordaje Psicológico Social COVID19 (Segunda Parte)

La palabra entropía deriva del griego, “entrope” que significa dar la vuelta o dar un giro hacia algo confuso y significa también ‘evolución’ o ‘transformación’. Por tanto podríamos afirmar que aquello que juzgamos como desorden, también puede considerarse de una manera más aséptica como una simple y necesaria “transformación”, siempre teniendo en cuenta que la trasformación es un proceso que se genera de dentro hacia fuera en un sistema. Lo contrario al “cambio” que se genera de fuera hacia adentro. La transformación, en realidad, es necesaria para que cualquier sistema logre re-equilibrarse a un nivel superior. Buscando una nueva armonía entre los distintos micro o macro-sistemas que lo componen y que varían caóticamente (célula, neurona, cerebro, sistema nervioso, psique, cuerpo orgánico, individuo, familia, sociedad, país, estados, continentes, biosistemas, ecosistemas, planeta).

Dice la segunda ley de la termodinámica que “la cantidad de entropía de un sistema tiende a incrementarse con el tiempo”. Podemos definir la entropía como la cantidad de desorden de un sistema. Es por eso que una de las consecuencias de ese incremento es el caos y entonces el sistema se tornará insostenible. No obstante, los organismos vivos son capaces de disminuir la entropía y aumentar el orden. Una característica excluyente de todos ellos es su complejidad. Con esta hipótesis Karl Ludwig von Bertalanffy (1968), un biólogo y filósofo austríaco, creo los principios de la ciencia de la complejidad y la teoría de sistemas.

En cambio, los sistemas complejos e indeterminados, están compuestos por varias partes interconectadas que son los individuos o partes entrelazadas que son las familias, sociedades o países, cuyos vínculos crean información adicional no visible antes por el observador. Como resultado de las interacciones entre estos elementos, surgen propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las características de los elementos aislados (es decir los individuos) y estas son las llamadas “propiedades emergentes”, un concepto estrechamente relacionado con el  concepto de auto organización (propiedad de los sistemas de generar orden a partir del caos) hipótesis que convirtió en teoría el informático Steven Johnson (2006) que nos explica en su libro, que tienen en común las hormigas, las neuronas y las ciudades.

Otros sistemas complejos tanto sociales como biológicos son: los ecosistemas en el planeta, los gobiernos, el cuerpo humano, los sistemas económicos y financieros humanos, el cerebro, la conciencia, el tiempo atmosférico, la liberación de neurotransmisores, incluso  la elección de un nuevo presidente son algunos ejemplos de sistemas complejos (y en España se ha podido ver, esto último. Me refiero a la elección de presidente). Micro o macro sistemas… interesante definición si esto lo aplicamos, en sociología, a elementos como las relaciones entre naciones, regiones, ayuntamientos, barrios, edificios, y familias que viven dentro de los mismos sistemas. Que realmente así es.

Los sistemas complejos forman parte del dominio de lo no-ordenado y la mayoría de los sistemas complejos son caóticos y estos conceptos están siendo utilizados en medicina desde hace muy poco tiempo. Si bien se utilizan más normalmente en epidemiología de las enfermedades infecciosas,  biomedicina de laboratorio, ciencias sociales o geopolítica en su relación con la salud. No obstante los conceptos de sistemas complejos y caos son vistos como lejanos para la mayoría de los profesionales de la salud y de la política de ahí la complejidad del abordaje del COVID19. Analizaremos como este virus ha dejado en evidencia a diferentes sistemas sembrando el caos y la entropía, taponando los recursos de las propiedades emergentes.

Microsistema cerebral complejo determinado, a nivel neurológico:

Estamos programados para conectar con otros, interpretar sus gestos faciales y su tono de voz y en función de eso percibimos si existe seguridad o amenaza en el entorno. Activamos nuestro sistema nervioso autónomo parasimpático ventral mielinizado cuando intentamos socializar y es el que utilizamos para charlar, ir de copas o compartir con nuestro amigos, hacer el amor con nuestras parejas, abrazar a nuestros padres, hijos, hermanos, comer, meditar etc. Este sistema nervioso demanda una interacción cara a cara y ahora nos encontramos con que es peligroso estar cerca incluso de aquellos a los que conocemos bien, porque no sabemos si son portadores del virus. La violación de esas expectativas de seguridad significa directamente una amenaza severa a nuestro sistema nervioso autónomo. A éste no le gusta “no saber”, así es que, parte del problema con el COVID19 es que estamos llenos de incertidumbres; no sabemos quién lo tiene, si los síntomas serán graves si lo cogemos, si sobreviviremos, cuánto va a durar la cuarentena… No podemos ni interactuar con otros ni tener certezas, dos necesidades básicas. Estamos en un estado neurofisiológico de caos muy extraño que a nuestro cuerpo no le gusta nada. La falta de seguridad genera miedo, el miedo genera ansiedad y la ansiedad genera cortisol. Poniendo en marcha el eje hipotalámico-hipofisario adrenal.

Y ante el miedo, la respuesta primera es movilizarse, actuar, seguir moviéndonos, lo que llamamos “lucha o huida” conducta generada por nuestro sistema nervioso simpático autónomo. Esta es nuestra principal estrategia defensiva. Pero, evidentemente, no podemos hacer nada ya que estamos confinados, no hay forma de arreglarlo. Así que toda esa energía alostática queda atascada. Surge entonces el trauma o más bien y mejor dicho, “el proceso de traumatización”. La siguiente respuesta, que hay que evitar, es rendirse, colapsarse o congelarse que es lo que genera el trauma. Pero resulta difícil ya que es posible que se active involuntariamente  nuestro sistema nervioso parasimpático dorsovagal no mielinizado. Hay gente que se queda congelada delante de una estantería de un supermercado por el miedo al contagio mientras realiza la compra. Otras que entran en agorafobias o miedo a salir de casa y se congelan en cuanto abren la puerta de la calle (síndrome de la cabaña).

Para deshacernos de esas angustias nos apagamos, concluimos que no hay nada que hacer, que no merece la pena y podemos entrar en depresión (o estados entrópicos). Por tanto mientras mantengamos esa activación, esa ansiedad, evitaremos paralizarnos, por tanto mantener la ansiedad es el menor de los males. Una estrategia para conseguir aunque sea una falsa seguridad y bajar la ansiedad es utilizar mascarillas, guantes y seguir manteniendo un cierto estado de alerta contenido sin renunciar a las salidas controladas de esta forma activaremos de nuevo el sistema parasimpático ventrovagal mielinizado, que nos hará negociar con el entorno y nos proveerá de una cierta seguridad. Y así, podremos destaponar las propiedades emergentes de nuestro sistema nervioso.

En la teoría polivagal Stephen W. Porges, (1945) explica muy bien el funcionamiento del sistema nervioso autónomo y su auto regulación. La co-regulación del mismo, tiene que ver con nuestra capacidad de relacionarnos y de regularnos a través de esa interacción social, en lugar de hacerlo solos. Ahora es muy difícil porque estamos confinados en casa. Aunque contamos con el teléfono y  las videoconferencias, que son mejor que nada pero que tienen sus limitaciones.

Microsistema cognitivo complejo indeterminado, a nivel psicológico:

También la entropía por el COVID19 entra en juego a través de la “psique” como sistema complejo indeterminado y su teoría de los opuestos “enantiodromia” comentada en otro post. Ya que la psique es la que debe descargar la energía alostática que queda atascada en el cuerpo a través del organismo y de la cognición. Aquí se vuelve a conjugar la segunda ley de la termodinámica y que se basa en tres principios. Primero: el principio de los opuestos (toda psique genera a la vez una idea y su opuesta), segundo: principio de equivalencia (diada energética, toda energía se equilibra en función de su polaridad) y tercero: principio de entropía (las energías de los opuestos generan caos pero a la vez se atraen y tienden a equilibrarse), Carl Gustav Jung (1921)

El ser humano es un ser social, necesita comunicarse con los otros. También es un ser como todo mamífero que necesita seguridad y confianza para poder regular su sistema nervioso. Y actualmente somos deficitarios de estos parámetros. El COVID19 genera un alto sentido de vulnerabilidad. Y cuando no nos sentimos seguros, no dejamos que los otros se acerquen por miedo al contagio tanto de enfermos como de asintomáticos. Estamos en entropía y en incertidumbre. Como comentaba anteriormente, realmente no sabemos a quién tenemos al lado ni en qué circunstancias de salud se encuentran respecto al virus. Por tanto, nos volvemos inaccesibles. Esto puede provocar que la gente ya no se sienta a salvo en compañía o conociendo a gente nueva y que la gente con mascarilla le produzca desconfianza. Otro de los efectos en el seno de la familia, probablemente el peor, se va a dar en entornos en los que había abusos infantiles o mala convivencia entre los padres antes de la cuarentena. Si fuerzas a un pequeño grupo de este tipo a permanecer confinado por un largo periodo de tiempo el resultado es nefasto. Y puede traer consecuencias muy dramáticas.

En el caso de las personas que realizan el confinamiento en solitario, permanecer aislado, puede en ciertos casos generar un trauma severo. Pensad que  a nivel penal, el peor castigo que se puede imponer a quienes han cometido un delito y están en la cárcel es el confinamiento en solitario. La historia ha demostrado lo poderoso que puede ser ese aislamiento social. Experimentos con animales prueban el enorme efecto fisiológico que tiene en su sistema nervioso autónomo. Las personas se vuelven mucho más defensivas y reactivas. Por eso debemos tener mucho cuidado con lo que esta crisis puede provocar. Mucha gente puede experimentar un reacondicionamiento y terminar en estados fisiológicos que les impidan confiar en otros. Y nuestra sociedad funciona básicamente gracias a la confianza. Cosa que ya he remarcado en otros post referente a este tema. Sin confianza no se pueden crear nuevas propiedades emergentes en los sistemas. En estos casos las personas que estén confinadas en solitario deben no tener ideas en bucle (pensamiento rumiante) se debe expandir el pensamiento, por ejemplo meditar, no para serenar sino para tomar contacto con uno mismo, estructurar el espacio tiempo en casa, reorganizarse e intentar trabajar más allá del miedo.

En caso de familias con hijos confinados. Lo más importante para un niño es que perciba la unidad familiar como un entorno seguro. Si no es así, se pueden provocar en ellos sentimientos de peligro e incertidumbre que son rápidamente integrados en la perspectiva que el pequeño tiene del mundo. En entornos sanos, en los que la cosa funciona, la mayor disponibilidad de los padres puede hacer que todos crezcan. Pero muchos padres tienen que tele trabajar y no disponen de ese tiempo, los niños están muy necesitados y esto favorece un entorno reactivo y de reprimendas continuas. También depende mucho del espacio en el que viva la familia.

Pero cuanto menos dure el confinamiento, mejor para todos. Ya que  sabemos que más de un sesenta por ciento de las familias de clase media baja viven en pisos de sesenta metros cuadrados no más, cuyos padres al menos al cincuenta por ciento han entrado en ERTE,s y la incertidumbre laboral agudiza el trauma, ya que en estos casos se activa la brecha tecnológica y familias que no tienen ni para comer, menos pueden tener wifi y por tanto no pueden acceder a actividades socializadoras on line tipo chats, videoconferencias wassap etc. Realmente lo que estamos viviendo en estos momentos es un proceso traumático a gran escala. Y las circunstancias sociales no ayudan.

Macro sistema complejo determinado, a nivel del Sistema Sanitario:

Un médico siempre quiere revertir la enfermedad por salud. Trabajar y equilibrar la homeostasis con la alostásis fisiológica (equilibrio del medio interno) VS homocinesis (equilibrio del medio externo, o ambiente,) Claud Bernard (1866). Lo que ocurre que la medicina al ser una ciencia se basa en sistemas lineales determinados. De ahí que nos hagan pruebas, análisis clínicos y demás para aislar las variables y que no nos podamos salir del patrón homeostático que nos reserva la salud. Pero cuando llego el caos a través del COVID19 y vieron que los ancianos si eran entubados para contrarrestar el virus en su sistema respiratorio, morían… se llego a la conclusión frustrante de que no había remedio de volver al “status quo” saludable y había que dejar morir. Es decir se producía un desajuste entre los equilibrios internos homeostáticos y externos homocinéticos del ser humano Y de ahí los dramáticos cribajes en las UCI,s en el pico del contagio. Donde se pone en entropía y contradicción la estructura ética y moral de los integrantes del sistema sanitario respecto de sus pacientes hecho que traerá a futuro que prácticamente más del ochenta por ciento del personal sanitaria padezca trastorno por estrés postraumático (TEPT).

De ahí se hacer ver, que los seres vivos funcionamos muy lejos del equilibrio termodinámico (segunda ley de termodinámica), consumimos oxígeno y quemamos nutrientes en un proceso que llamamos metabolismo.  También somos muy “ordenados. Si la vida significa estar lejos del equilibrio termodinámico, y la muerte se produce cuando nos acercamos demasiado a ese equilibrio, se puede considerar que estar sano quizás sea estar a una distancia adecuada del equilibrio termodinámico. De ahí que a través del caos biosocial (pandemia) se tienda al equilibrio a través de la muerte. Paradójico, pero cierto.  (De Vito, 2016).

 Macro sistema complejo indeterminado, a nivel social:

Imagine una familia donde los padres están en conflicto porque, para una o ambas partes, es más fácil perseguir sus intereses y placeres individuales, en lugar de invertir la energía necesaria para alimentar el amor y la convivencia de la misma.

Imagine a la vecina o vecino de esa familia u otra: un hombre o una mujer soltera, entre la treintena o cuarentena que no es capaz de mantener una relación duradera con otra persona porque es más cómodo vivir soltero/o quedar con quien se desee por app o redes sociales, según el momento o la conveniencia.

Imagine el edificio donde viven esas personas jóvenes: que haya más perros que niños viviendo en apartamentos, (con todo mi respeto hacia las mascotas) porque sus dueños encuentran más fácil comprar la compañía de un animal, que invertir en una persona con quien crear una familia y tener hijos o interactuar.

Imagine que ese edificio se encuentre en una ciudad donde una gran proporción de mayores y ancianos vive aparcada en residencias privadas de fondos buitre, donde sus hijos no pueden cuidarles debido al trabajo que desempeñan; o tal vez no les convenga tenerles en casa por el ritmo de vida independiente que prefieren tener. Y se están contagiando y muriendo masivamente por no haber test, porque las residencias no están reguladas dentro del sistema sanitario y son entornos socio sanitarios.

Imagine una ciudad, donde los niños pasan más tiempo con una niñera, o con un dispositivo móvil, que con sus padres. Donde los padres trabajan en empresas considerando que sus dueños, les explotan y se enriquecen a su costa, sin tener ellos la valentía de salir de ahí y montar su propio negocio. En un mercado laboral donde la gran mayoría aspira a ser funcionario/a  para tener su propia vida personal resuelta, en lugar de crear valor y beneficio social, generando empleo y progreso también para otros.

Imagine todo lo mencionado anteriormente, inmerso en una sociedad donde los políticos regionales alientan a las personas a considerarse diferentes respecto a otras regiones, creando separación en lugar de alianzas: señalando diferencias en lugar de semejanzas; buscando defectos para culpar a lo ajeno, en lugar de virtudes para aprender de ellos. Persiguiendo la autodeterminación en lugar de construir acuerdos para convivir y crecer juntos. Imagine esa sociedad inmersa en un debate ideológico que enfrenta a mujeres y hombres en lugar de fomentar su capacidad de amarse, comprenderse y complementarse en su diversidad.

Imagine ahora el todo (que no es el conjunto de las partes como dijo Spinoza) formando parte de un conjunto de sociedades que no confían entre ellas. Y que debido a esa desconfianza, crean un complejo sistema burocrático y administrativo, obsesionado por controlar y regular todo tipo de iniciativa, hasta convertir los mecanismos de gobierno en órganos tan inoperativos que impiden la toma de decisiones rápidas y ágiles.

Imagine ahora que una de esas sociedades de perfil nacionalista decida abandonar y marcharse porque considera que en solitario puede prosperar más que en conjunto con las otras: donde las partes son incapaces de renunciar a sus propias posiciones e intereses para lograr un acuerdo común. Y así volvemos al ejemplo inicial de esa persona individual, esa familia individual, de esa sociedad individual y cerramos el círculo…  partiendo de nuevo de la casilla de salida. ¿Complicado, no? Parece que estoy representando una sociedad distópica. Pues no, esta sociedad que describo es en la que por desgracia realmente ahora vivimos.

Macro sistema complejo indeterminado, a nivel financiero y político:

Según Slavoj Zizek (2009) uno de los mejores sociólogos del mundo y psicoanalista, afirma que el COVID19 opera en la política como el síntoma de un mecanismo de defensa, la renegación de Freud o también llamada desmentida. La renegación es la negación, no de una idea o de un afecto, sino de una percepción. Según Zizek: (…) “Las sociedades industriales, la globalización capitalista, los gobiernos más poderosos, las sociedades bajo estos regímenes de dominación del capital… reconocen la realidad de una percepción traumática, ven la inevitabilidad del caos y la barbarie cuando se “progresa” a costa de la devastación ecológica y de la explotación de millones de seres humanos… pero hacen como si no lo viesen. La renegación funciona así: “lo sé, pero no quiero saber lo que sé, así que no lo sé. Lo sé, pero rechazo asumir por completo las consecuencias de este conocimiento de modo que puedo continuar actuando como si no lo supiese” ()

Quizás la desmentida freudiana parezca complicada (Freud, 1895), en palabras de Zizek; pero es más fácil de comprender en palabras y actitudes de Trump en EEUU, Johnson en GB, aparte de otros muchos políticos en otros países, no así en China. O por poner un ejemplo cercano Fernando Simón (director del centro de coordinación de emergencias sanitarias) en España que comentaba que el COVID19 no iba a llegar a España cuando ya lo teníamos en Italia y había pasado China, Corea y demás países desde finales del 2019. Simón también comentaba  que no se pasaría de dos o tres contagios en nuestro país, que no hacían falta mascarillas y que el COVID19 sería como una gripe. Solo hay que tirar de hemeroteca para comprobarlo. Pues eso…  renegación o desmentida.

Puede que esta desmentida traiga a posteriori desde mi punto de vista, una fuerte irrupción de estructuras individualistas o nacionalistas de protección endogámica social, respecto del neoliberalismo, del estancamiento y la deflación económica como consecuencia del COVID19. A nivel social estas estructuras enfocadas a partidos que se pueden considerar tanto de “derechas” como de “izquierdas” intentarán generar una romantización histórica y de heroicidad respecto al evento. Ya iniciada y aplaudida desde los balcones. La imagen de una ciudadanía contemplativa y despolitizada  absorberá la desmentida psicológica no adhiriéndose a la realidad. Y cuya misión desde la narrativa y el lenguaje político será generar  estructuras ideológicas dictatoriales que escamotearan la visión estratégica de los sistemas públicos (de salud, de educación o de servicios sociales) en favor de la figura individualizada y psicologizada del héroe (altruismo, dedicación, sentimientos de amor), dando igual la tendencia política que dominará en función del poder que represente. Esta estructura de poder re-legitimará a determinadas instituciones económicas (grandes empresarios, banqueros, etc.) con el fin de mantener su “status quo”. Este tipo de pulsiones psicosociales se han dado siempre en los estancamientos económicos. Estas estrategias son también una forma de taponar las propiedades emergentes de un sistema.  Por poner un ejemplo ocurrió algo parecido en el crack de Wall Street en 1929 y la gran depresión que dio paso con el surgimiento del nazismo a la segunda guerra mundial. Pero subrayo este punto de vista es totalmente particular.

El COVID19 plantea la posibilidad de esa lectura sintomática: las supersticiones del capitalismo y sus dioses modernos arquetípicos: los políticos que nos mandan tanto de derecha como de izquierdas extremistas o moderados, nacionalistas centrípetos y centrífugos, todos la misma mierda. Que nos obligan en un contexto de supuesto (secuestro civil) es decir confinamiento, a comportarnos como una sociedad totalmente infantilizada e irresponsable, aplaudiendo en las ventanas a las ocho de la tarde a unos sanitarios que no tienen nada de héroes y si mucho de victimas.

Y a esto se suma una estrategia en nuestro país de desescalada totalmente nefasta ya que al no hacer test (no existe investigación cuantitativa fundamentada de la población respecto al contagio, y ya sabemos… a premisa errónea conclusión errónea). Desescalada aleatoria más bien política que mezcla fases basándose en la seguridad ficticia de mascarillas higiénicas, (no FFP2), guantes, y porcentajes de UCI, s vacías en hospitales, ante un oxímoron en toda regla que es la “nueva normalidad” como filosofía de “cambio”. Y mientras la gente entrando en trastornos somatomorfos epidémicos con la cuarentena, o en difusión emocional masiva (DEM) lo que antiguamente llamábamos “histerias colectivas” con la desescalada. Histerias que se dan en los dos extremos de la curva poblacional tanto quedándose confinados en casa (pudiendo salir), como saliendo en manada y de forma masiva (no pudiendo salir), sin mantener distancias de seguridad ni autoprotección poniendo así en peligro al entorno poblacional. Y manteniendo una cognición paranoica respecto a la seguridad a nivel biopsicosocial pudiendo entrar en desordenes sociales callejeros.  Entropía pura.

A nivel económico, la tecnología, los mercados financieros, el progreso neoliberal individual, o el emprendimiento espurio, son la lacra que arrasa con los sueños humanos. Y es así como exige la afección capitalista neoliberal descontrolada, la cual lleva a la entropía y al caos. Me he hartado de ver en redes sociales cursos para llevar mejor el confinamiento junto con ofertas de mascarillas y geles hidro alcohólicos a  precios desorbitados y negocios de todo tipo para poder afrontar el COVID19. Sin contar la basura de psicología positivista que inunda el planeta con su intrusismo profesional añadido (coaches y formadores de medio pelo, sin conocimientos ni garantía profesional). Y mientras miles de familias que han perdido a sus seres queridos no pueden ni enterrarlos ni pasar los procesos de duelo naturales.

A nivel financiero global o a nivel económico bursátil la entropía está en su apogeo y los bancos centrales de los países “tiran de la máquina de billetes” para inyectar liquidez a las empresas de capitales más potentes (léase petrolíferas, banca) con el fin de estabilizar el sistema. No obstante la bolsa no es una ciencia exacta, y desde mi punto de vista (que algo se de esto, ya que las finanzas y la banca antes de ser psicólogo me dieron de comer durante más de quince años) remontará en función de las investigaciones científicas virológicas a posteriori y el control del COVID19 por la industria farmacéutica; posibles vacunas, retrovirales y demás. Por tanto todo volverá a la “nueva normalidad” gracias a la oligarquía farmacéutica.  Eso sí, el diez por ciento de la población mundial será mucho más rica que es la que administra los recursos (léase: filántropos con perfil sociopático que todos conocemos) y el noventa por ciento de la población será más pobre económicamente. A nivel inversor “el pescado está vendido hace tiempo”. Los inversores privados pillados a la baja tendrán que tener paciencia y los pillados al alza, les costará deshacerse de sus activos, vamos ninguna novedad. Recuerdo personalmente en primero de carrera de empresariales como el profesor de mercados bursátiles, nos dijo en la primera clase “la bolsa tiene una costumbre muy buena: siempre sube por la escalera, pero baja en ascensor”.

De esta “guerra” solamente queda beneficiado el planeta descontaminándose a corto plazo. Que a la larga ya veremos con las inyecciones de capitales a las empresas del petróleo respecto a la competencia de los mercados asiáticos y Rusia. Y mientras, hundiéndose las renovables, no pinta bien para el planeta a largo plazo. Se necesitan cambios sistémicos y de base.

En efecto acabo de describirles un repetirse constante del mismo patrón a distintos niveles: neurológico, psicológico, sanitario, familiar, comunitario, económico, social, nacional,  continental y planetario. Un patrón en entropía. Un patrón que conduce irremediablemente hacia el caos por su insostenibilidad, tal como recita la segunda ley de la termodinámica. Y esa insostenibilidad, de repente es puesta en evidencia por un elemento tan microscópico como un virus extremadamente contagioso.

El caos no es azar, es un sistema determinista, pero difícil de prever. Es posible predecir el cambio climático del planeta para los próximos cuarenta mil años con notable exactitud porque conocemos las precisiones del pronóstico climático ya que tiene una dinámica lineal, en cambio, el tiempo atmosférico es un sistema caótico altamente complejo que no es predecible a más de una semana vista. Y si no que se lo digan a los meteorólogos que fallan más que una escopeta de feria.

¿Cómo es posible que sistemas más complejos indeterministas emerjan de sistemas menos complejos deterministas? Una explicación es que esas transiciones ocurren al borde del caos. La posibilidad de auto organización y emergencia de nuevos patrones adaptativos, es máxima justamente al borde del caos porque ahí existe un conjunto amplio de posibilidades hacia donde puede evolucionar un sistema.

De hecho en macro sistemas tanto determinados como indeterminados, la medicina, la sociedad, la política y las finanzas funcionan de la misma manera como he comentado anteriormente. Y de la misma manera ocurre en microsistemas tanto determinados como indeterminados léase, psique, cerebro, organismo. La homeostasis interna del ser humano es un sistema determinista fácil de prever por analíticas. Pero éste conjugado con el ambiente (y la introducción aleatoria de un virus) hace que su homocinesis se convierta en un sistema complejo indeterminado. De la misma manera ocurre con los macro sistemas sociales.

Gracias al miedo encarnado ahora en los cuerpos, la imposibilidad de pasear y de habitar el espacio social. Se genera un mundo distópico y de película con animales silvestres por los paseos y parques.  Esto hace que  se produzca un “breakdown” psicológico que se cierne sobre la cabeza del mundo induciendo  a una melancolía necesaria. Aquella ligada a saber que somos vulnerables en ausencia de estrategias colectivas. Que debemos recuperar conductas colaborativas y no darwinistas. Para de esta manera introducirnos en ese proceso de transformación individual que tanto necesitamos. La crisis del COVID19 nos tiene que hacer crecer a nivel individual y transformarnos a largo plazo. Y me refiero a la transformación (no cambio) a nivel individual porque realmente no tenemos ninguna estrategia colectiva, como comentaba anteriormente. La posibilidad de auto organización y emergencia de nuevos patrones adaptativos, es máxima justamente al borde del caos porque ahí existe un conjunto amplio de posibilidades hacia donde puede evolucionar un sistema. Por tanto la transformación individual se dará a más largo plazo que el cambio colectivo a corto plazo de resistencia a ir con mascarillas y guantes. Pero esta transformación individual se irá dando poco a poco.

Como humanista y psicólogo es mi obligación moral y así lo hago, el dejar una puerta abierta a la mismidad. Al abordaje individual de cada uno de nosotros con nuestros propios recursos respecto a la crisis del COVID19 porque gracias al libre albedrio, el ser humano hasta ahora se ha ido inmunizando de cualquier crisis y sobreviviendo. Y mientras, si hacen falta los psicólogos, pues ahí estamos.

Bibliografía:

Bernard, C. (1866). “Leçons sur les phénomènes de la vie communs aux animaux et aux végétau”. Ed. París, Librairie philosophique J. Vrin.

De Vito, L.E. (2016) “la medicina a borde del caos: vida entropía y complejidad” Ed: Revista de Medicina, Universidad de Buenos Aires (2018).

Freud, S. (1895). “Proyecto de psicología”. Ed. A.E., T. I, Buenos Aires, (1976)

Johnson, S. B. (2006) “Sistemas Emergentes”  Ed. Turner S.A – (2006)

Jung, C.G. (2010). “Prólogo de las editoras”. Obra completa de Carl Gustav Jung. Volumen 17 (1921): Sobre el desarrollo de la personalidad. En Editorial Trotta. p. 1.

Porges, S.W. (1945) “Orienting in a defensive world: mammalian modifications of our evolutionary heritage. A Polyvagal Theory Psychology”. (1995) Jul;32(4):301-18. Revisión: Research Support US.

Von Bertalanffy, K.L. (1968) “General System theory: Foundations, Development, Applications”, New York: George Braziller, revised edition (1976).

Zizek, S. (2009). “Sobre la violencia, Seis reflexiones marginales”. Buenos Aires. Ed.Paidós (2009)

Tu valoración:  ¿te ha gustado el artículo? 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 3,00 de 5)

Cargando…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *