Negar al padre…

Ir más allá del padre, de lo performativo, de la ley social. Esa sociedad patriarcal de Freud, donde el amor a la madre instaura el complejo edípico, y castra el goce que  genera un superyó inhibidor de pulsiones incontrolables, a través del odio al padre tiránico que impone normas y genera prohibiciones.

La metáfora paterna y patriarcal instaurada en el inconsciente colectivo a través de la cultura judeocristiana. Que sería de Moisés, sin sus tablas de la ley, o de Jesucristo abandonado por su Dios padre en el momento de su muerte y su sentimiento de culpa. Ese padre social, cultural y psíquico. Que sería de Hamlet en la obra Shakesperiana sin su Edipo y su duda existencial de matar a su padre para satisfacer los deseos “por su madre”, perdón por el lapsus freudiano… los deseos “de su madre”.

Que sería de Mozart sin su padre Leopoldo, presuntamente castigador e intransigente, aunque padre auténtico. O Hermann, el padre culpable de Frank Kafka que le acompañaba cuando iban de putas. Que sería de Kierkegaard sin su nostálgico padre que niega a Dios y luego se flagela con el celibato sexual e introyecta a su hijo, el no poder amar a una mujer.  O que sería de Nietzsche, que intento buscar padres sustitutivos en Wagner y Schopenhauer. Al saberse hijo ilegitimo de su padre Karl Ludwing, pastor protestante y amante de la música, en (Liberman, 1994).

Los vínculos sociales con nuestra historia e individuación se generan a través del padre. Igual que los vínculos nutrientes y de supervivencia se generan a través de la madre. Por tanto, el ser humano tiene la necesidad de reorganizar su psique a través de la relación con sus progenitores. Según Lacan, el sujeto es el portador de los deseos del “Otro”. Ese “Otro” que nos habita estructuralmente y que permite nuestra historicidad.

Lacan perpetuo el equivoco patriarcal con la ley del padre y la metáfora paterna. Esa metáfora paterna que en la psicología clínica se encamina hacia la neurosis, la psicosis o la perversión en función de que la relación con el padre sea transmitida, incorporada, desmentida o rechazada. Ese “en el nombre del padre”, ese ir más allá del padre freudiano.

El adolescente niega al padre en todas sus maneras, pero a la vez lo busca insistentemente. Necesita restructurar su ego saltándose limites y prohibiciones, pero a la vez lo busca, para que “el padre” le imponga normas y límites. Y así de esta manera, poder realizarse a nivel social e individual como persona. Realmente la muerte simbólica del padre es una necesidad psicológica en el adolescente para alcanzar la madurez en la edad adulta.

Lacan plantea que la tragedia de Hamlet es la tragedia del deseo. Ya que se desenvuelve en un duelo psicológico imposible de trascender. Lo que imposibilita la realización de este duelo es el sometimiento hacia los deseos DE su madre, no como decía anteriormente…. Los deseos POR su madre.

Pero ¿realmente existe la ley del padre? Los padres de hoy no son como los del siglo XIX en la sociedad patriarcal de Freud. Hoy en día muchos adolescentes se quejan en consulta de que su padre no ejerce como padre. Pero ¿qué es ejercer como padre? Realmente la ley crea lo que luego será prohibido, según (Deleuze y Guattarí, 1972), por tanto la ley del padre es performativa e inconsciente; el Edipo freudiano es inducido por la represión y los deseos prohibidos son adquiridos.

Matar al padre o negarlo en su totalidad genera desequilibrios psíquicos, ya que el padre es uno mismo. Y en la vida real, uno solamente se da cuenta de la verdadera labor de un padre, cuando este le falta. Es cuando se produce la ruptura histórica de la familia, cuando las edades se superponen y el orden natural deja de tener sentido. Es cuando el hijo/a se convierte en el padre o madre de su padre, y se entra en la entropía del caos.

Os dejo con un bello poema de Fabricio Carpinejar.

Cuando en algún momento pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, dame el tiempo necesario para recordar.

Cuando no pueda comer solo, no contenga mis esfínteres o no sea capaz de levantarme, ayúdame con paciencia.

No te desesperes porque esté mayor y tenga achaques. No sientas vergüenza de mí. Ayúdame a salir a la calle, a respirar aire fresco, a contemplar la luz del sol.

No te rompas de impaciencia porque camino lento, no te exasperes si grito, lloro o “te incordio” con batallas del pasado o del presente.

Recuerda el tiempo que yo he estado enseñándote a hacer lo mismo, con lo que necesito que me apoyes.

Yo tengo una misión nueva en la familia, por eso te pido que no desaproveches la oportunidad que se nos ha brindado.

Ámame cuando envejezca porque sigo siendo yo, aunque peine plata en mi pelo.

(Fabricio Carpinejar).

Bibliografia:

Liberman, A (1994) “La nostalgia del padre” Un ensayo sobre el derrumbe de la certeza paterna, Madrid Ed. Temas de Hoy, 1994, p.239-241

Deleuze, G; Guattarí, F. (1972) “El anti-edipo” Ed. Buenos Aires, Paidos, 2005.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *