Cuando el cerebro no puede digerir correctamente.

El cerebro a veces no está preparado para asimilar todas las experiencias que vivimos en el día a día. El cerebro trabaja con un sistema extraordinario que clasifica y ordena todas las vivencias diarias en redes integradas de memoria y a la vez se deshace de lo que no le sirve. Sin embargo, cuando se sufren experiencias muy fuertes o traumáticas que sobrepasan la capacidad del cerebro y éste no es capaz de digerirlas adecuadamente, es como si quedara una “pelota dura” dentro de la cabeza, que no está “digerida” ni procesada ni elaborada.

Lo que contiene esta ‘pelota’ son emociones, pensamientos, imágenes y sensaciones físicas guardadas en forma disfuncional. Y lo que ocurre, es que, en el presente, nos podemos topar con algunas situaciones o estímulos que se asemejan en algo a esa experiencia original. Y entonces se desencadenan los mismos síntomas, que muchas veces no tienen correlación con la experiencia actual que se está viviendo. Lo que hace el EMDR es ir a esa experiencia original, procesarla, desensibilizarla e integrarla al resto de las redes de memoria. Y una vez hecho esto, deja de ser una perturbación y la persona se va sanando.

Cuando una persona experimenta un trauma psicológico grave, se le desequilibra el sistema nervioso autónomo (SNA) o neurovegetativo que es independiente del sistema nervioso central (SNC).  El SNA compuesto por sistema simpático (SNS) y parasimpático (SNP) pierde la homeostasis corporal y se provocan cambios en los neurotransmisores del cerebro. Ya que se activa el sistema límbico de supervivencia (hipocampo y amígdala) pero sin procesamiento cognitivo. Existiendo por tanto una desconexión del cortex cerebral principalmente el prefrontal junto con el dorsolateral y el orbitofrontal (COF), además del neocortex; respecto del sistema límbico y tronco encefálico. Creándose la inmovilidad tónica o congelamiento.

También se colapsa la memoria explicita o declarativa anulándose los sistemas de procesamiento de emplazamiento espacio temporal del trauma (hipocampo) y su posible narración a través del lenguaje (área broca, hemisferio izquierdo) y se satura la memoria implícita somática vinculada a los procedimientos, conductas y sensaciones corporales (hemisferio derecho), creándose una activación crónica del SNA y el SNS

Esta activación híper o hipoarousal es la que lleva a la disociación de la personalidad, según el modelo de modulación de alternancia bifásica extrema del arousal de Siegel (1999). Ya que los recuerdos traumáticos se almacenan más fácilmente en esta memoria a causa de que las hormonas del estrés que se activan cuando ocurre el suceso no inhiben a la amígdala y suprimen la actividad hipocampal. Esto hace que los recuerdos del paciente vinculados al trauma del pasado estén alimentados y se mantenga la activación de los síntomas en el presente generando como consecuencia conductas invalidantes de disociación, amnesias disociativas flashbacks intrusivos, apegos disruptivos etc. que no le dejan actuar de una forma coherente en los procesos de la vida diaria.

Si este trauma es llevado a cabo por personas que son referentes para la víctima como en el caso del niño, ser abusado por alguno de sus cuidadores el apego también se desestructura a nivel cerebral. De ahí que los niños que hayan sufrido apegos elusivos o negadores con traumas infantiles al haber estructurado memorias sinápticas con hiperactivación del hemisferio derecho e hipo activación del izquierdo se sientan desconectados ya que viven sus experiencias solamente desde el hemisferio izquierdo que sería su PAN o parte aparentemente normal lo que llamaríamos mente descorporizada, ya que disocian sus experiencias y las viven desde sus PE partes emocionales, es decir lo que sería solamente un cuerpo sin mente,  solamente somático y emocional. Y para que el “yo” funcione correctamente tiene que existir la inseparabilidad mente / cuerpo e integrar todas sus dimensiones. Hablaremos próximamente del apego o de los apegos.

En el EMDR, el terapeuta presta atención a imágenes, creencias, emociones, o respuestas fisiológicas, del paciente. No existe un protocolo rígido. Si no que el terapeuta lo adapta al tipo de patología y de paciente. La técnica de bilateralizaciòn hemisférica a través de movimientos oculares EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing) se aplica y desarrolla por la escuela de Palo Alto a finales de los años ochenta.  Concretamente por la neuróloga y terapeuta cognitivo conductual Francine Saphiro, la cual, la utiliza con las víctimas del ejército americano que diagnostican TEPT (trastorno por estrés postraumático). Antiguos marines que habían combatido en la Guerra de Vietnam, en (Saphiro, 2014). Cosechando resultados sorprendentes y recibiendo por ello el premio Sigmund Freud por su contribución a la psicoterapia.

Bibliografía:

Shapiro, F. (2014). EMDR therapy humanitarian assistance programs: Treating the psychological, physical, and societal effects of adverse experiences worldwide. Journal of EMDR Practice and Research, 8(4), 181-186.

Siegel, D. (1999). “The developing mind. Toward a Neurobiology of Interpersonal Experience”; New York: Guilford Press.

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