Análisis transaccional

El análisis transaccional forma parte de las denominadas terapias integradoras. Tiene su origen en las terapias humanistas y normalmente se basa en la creencia de que existen diversas maneras de trabajar con un paciente/cliente, dependiendo de su personalidad y de sus problemas. Por tanto se suele diseñar una terapia a medida, en lugar de hacer ajustarse al cliente a ciertos patrones o protocolos de terapias ya existentes.

Este tipo de planteamiento integrador se fijan en el cliente de forma global, teniendo en cuenta tanto su sistema de creencias, como su sistema cognitivo conductual, fisiológico y emocional.

El análisis transaccional fue fundado por Eric Berne a mediados del siglo XX finales de los cincuenta principio de los sesenta. Cuya técnica se basa en los principios de las terapias humanistas desarrolladas fundamentalmente por Carl Rogers y Abraham Maslow entre otros.

El análisis transaccional considera que la personalidad humana consta de tres partes (roles): adulto, padre y niño. Nuestras interacciones con los demás se rigen fundamentalmente por estos tres roles que nosotros elegimos en función del papel que represente nuestro interlocutor.

Por ejemplo pueden existir problemas si una persona al dirigirse a una autoridad entra en modo “niño” en lugar de adulto. Es decir, se enfada, se enfurece, o se rebela. Su conducta por tanto afectará a su modo de interacción con su interlocutor.

En el análisis transaccional se ayuda al cliente a entender porque entre en ese modo “guión” por defecto y lo que puede hacer para cambiarlo y permanecer en el adulto.

Por ejemplo entramos en modo padre, cuando juzgamos a la gente o al mundo que nos rodea, nos podemos volver tanto insolentes como condescendientes y les decimos a los demás lo que deberían o no deberían hacer. Por el contrario el papel de adulto por lo general, nos permite ser más racionales y reflexivos en nuestra manera de ver el mundo.

Si nos comportamos en modo “niño” volviéndonos rebeldes, tozudos, enfurruñados o desobedientes, estamos de alguna manera accediendo a nuestro niño interior. A menudo entramos en estos roles de forma automática con gente diferente y eso puede causarnos infelicidad, conflictos o ansiedad. La terapia integradora nos ayuda a entender porque pensamos, sentimos y nos expresamos de esas maneras, por tanto el análisis transaccional ayuda a las personas a escapar del guion y a aprender a permanecer en el mundo adulto más a menudo, que no digo que sea mejor, pero si más conveniente.

 

 

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